Viernes, 05 de Junio 2020

Frida, con o sin voz

La revelación de un audio con supuestas palabras de la pintora mexicana causó revuelo en el mundo; esta semana se cumplió un año más de su natalicio, pero también recordamos su muerte

Por: Jorge Pérez Gómez

Exposición. A propósito de esta semana especial, se presenta “Los colores de Frida” en la Ciudad de México. ESPECIAL / AFP

Exposición. A propósito de esta semana especial, se presenta “Los colores de Frida” en la Ciudad de México. ESPECIAL / AFP

La promesa de conocer la voz de Frida Kahlo ilusionó a más de alguno este 2019. Tan solo hace unas semanas Frida volvió a ser noticia internacional por el supuesto descubrimiento de un audio en el que se le escuchaba leyendo un fragmento de “Retrato de Diego”. La Fonoteca Nacional publicó el breve archivo, que días después empezó a ser cuestionado por su autenticidad (la actriz Amparo Garrido levantó la mano como la lectora que se escucha). Frida Kahlo partió de este mundo un 13 de julio (1954), pocos días después de haber cumplido 47 años de edad. A 65 años de su partida su legado sigue vigente, al igual que su imagen que continúa atrayendo alrededor del mundo como un icono de México.

Nacida en Coyoacán en 1907, Frida forma parte de esa pléyade de pintoras que ejercieron en México hacia la mitad del siglo XX (la española Remedios Varo, Leonora Carrington de Gran Bretaña o la jalisciense María Izquierdo). Hay datos biográficos que se ligan directamente con su vocación con el pincel. El primero es la poliomielitis que tuvo de niña; el segundo el accidente que tuvo en la adolescencia. Si bien el ejercicio la mantenía activa y en rehabilitación después de sobrevivir a la poliomielitis, Frida tuvo la mala fortuna de ir en un vehículo que fue impactado por un tranvía en la Ciudad de México. El saldo fue de múltiples rupturas (columna, costillas, clavícula, hombro, pelvis, toda la pierna y pie derecho) que la llevaron confinada a la cama. Fue allí donde el gusto por la pintura afloró.

Tras los años de formación artística, la pintora entró en sus años veinte, época en la que empezó a convivir en los círculos sociales del arte y la política, en ebullición en el México de aquellos años. Muy pronto contrajo nupcias con Diego Rivera. El clima político llevó a la pareja a vivir fuera del país, en Estados Unidos, una época en la que la pintora siguió produciendo obras, en vísperas de sus las exposiciones que tendría años después.

Además del arte, Frida fue referente en el feminismo y en la política. Pese a su debilidad física, la artista fue una mujer fuerte que buscó con su vida y obra resaltar su papel como mujer libre. En muchos de sus lienzos (la gran mayoría de corte biográfico) se diluyen las fronteras del género, con guiños a lo andrógino y lejos de los estereotipos, siempre con ese toque surrealista y un ambiente distintivo de sus lienzos. Kahlo negó el surrealismo cuando Breton la catalogó como tal: argumentó que ella solo pintaba su realidad.

Al representarse a sí misma, Kahlo no tuvo restricciones de mostrarse tan cual, como en el óleo titulado La columna rota, un desnudo de la cintura para arriba, con los pechos expuestos y la piel abierta de manera surreal (aunque lo negara), para mostrar una columna arquitectónica al borde del colapso (en referencia al accidente por el cual estuvo postrada buena parte de su vida). En su cuerpo se aprecian decenas de clavos, un gesto adusto y un llanto que cae casi hasta el bigote, que rehusó depilarse para no apegarse a los cánones estéticos.

Rompiendo esquemas

Su vida sexual fue abierta, una actitud de vanguardia en una sociedad cerrada incluso en la capital del país. Bisexual declarada, Frida y su esposo mantuvieron un matrimonio con una relativa libertad para tener amantes. Hubo desavenencias, como algunas relaciones heterosexuales de Frida o el amorío de Rivera con Carolina Kahlo (la hermana). Son muchos los nombres de hombres y mujeres que se mencionan como posibles amantes de Frida, muchas veces solo rumores sin confirmar. Frida y Diego se casaron en 1929: tras un decenio vino el divorcio, pero volverían a unirse poco después, para seguir juntos hasta enviudar.

Frida es un fenómeno, cultural y comercial. Comunista militante, a la pintora mexicana seguro le hubiera dado un infarto en uno de sus dos corazones (expuestos a flor de piel en el cuadro “Las dos Fridas”) al saber que su rostro y una selección de sus pinturas se comercializan y se han convertido en objeto de consumo masivo sin que sus ideas se repliquen con la misma popularidad.

Para conocer el hábitat de la artista, en su natal Coyoacán está La Casa Azul, al sur de la Ciudad de México: el hogar fue construido por su familia, allí nació y vivió la gran parte de su vida. El inmueble fue donado por Diego Rivera, entonces viudo de Frida. Casi desde la donación se instauró el museo dedicado a la pintora, donde se aprecia su biblioteca, sus enseres personales y algunas piezas.

Sobre Frida han corrido ríos de tinta: análisis, biografías, su vida novelada. Incluso en la pantalla grande hemos visto su historia. La recomendación siempre será ir a la fuente, y con Kahlo tenemos varios libros documentales que recogen sus impresiones: diarios y cartas, principalmente. “El diario de Frida Kahlo. Un íntimo autorretrato” (editado por RM), “Tu hija Frida. Cartas a mamá” (Editorial Siglo XXI) y “Escrituras” (editado por Raquel Tibol, publicado por la UNAM) son los títulos imprescindibles para conocer a Frida, más allá de su voz, que tal vez nunca conoceremos con certeza.

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