Jueves, 22 de Febrero 2024
México | LIBRE DIRECTO POR JAIME GARCÍA ELÍAS

— “Enchílame otra...”

Primero, que no: que el Tren Eléctrico Urbano es más oneroso y menos versátil que otros sistemas de transporte colectivo

Por: EL INFORMADOR

Primero, que no: que el Tren Eléctrico Urbano es más oneroso y menos versátil que otros sistemas de transporte colectivo, y que, por tanto, aquí no hay más cera que la que arde ni más fórmula que el Macrobús; después, que “siempre sí”: que no sólo se puede pensar en una nueva línea (la 3, para ser exactos) del trenecito que fue machetito de palo y bandera de campaña de los candidatos de oposición —los ganadores, por cierto, de las elecciones municipales de hace cinco meses en Guadalajara y anexas—, sino que la den por hecha. Es más: que a principios de 2011 comenzará la construcción, y que los pasajeros de Santa Fe, El Molino, Fertimex, Las Juntas, Polanquito y puntos intermedios, algunos en Tlajomulco, los restantes en Guadalajara, pueden contar con que sus recorridos cotidianos serán más rápidos y, sobre todo, más amables.

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Del anuncio en ese sentido, en el marco de un “Seminario Internacional (sic) de Movilidad”, se desprendió la inevitable declaración triunfalista. Un prominente funcionario público —“de cuyo nombre...”, etc.— le echó números al asunto: tantos viajes al día que ya se hacen en el Macrobús y el Tren Eléctrico, más tantos adicionales que aportará la línea en proyecto, suma “casi un millón” (de hecho, 750 mil) de pasajeros al día; conclusión: este sistema “reducirá significativamente el uso de automóvil particular”... Hizo falta apoyar esa declaración triunfalista en otras cifras: en función de estudios de origen y destino —que deben ser secretos de Estado... en el remoto caso de que existan—, cuántos potenciales usuarios tendría el sistema, y, sobre todo, cuántos de quienes utilizan actualmente el automóvil particular, estarían dispuestos a renunciar al confort, en aras de un medio de transporte que seguramente se verá saturado —como sucedió ya con las línea 1 y 2 del Tren—, desde el primer viaje para ciudadanos de a pie, en cuanto a demanda de pasajeros.

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Como diría el ex alcalde bogotano Enrique Peñalosa (la gran “vaca sagrada” en esa materia, desde la perspectiva tapatía), “hacen falta números”. Revertir la cultura del uso del automóvil —algo que en Guadalajara nació como una necesidad absoluta, a causa de la imprevisión o la desidia de las autoridades, que sistemáticamente heredaban el problema “al que sigue”— no es cuestión de “enchílame otra”; es algo que no llevará días, ni semanas, ni meses siquiera. Llevará generaciones.

Por lo pronto, la profecía triunfalista de que la nueva línea del Tren reducirá “significativamente” los viajes en automóvil, se parece a las cuentas de aquél que sumaba guajolotes con palos de escoba, y daba el resultado en plumeros.

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