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Miércoles, 16 de Enero 2019
Jalisco | Inauguran el G Rey Nova lugar que vende productos realizados por internos

Pulseras para matar el tiempo

Inauguran el G Rey Noya establecimiento que vende productos realizados por internos del Reclusorio Preventivo de Guadalajara

Por: EL INFORMADOR

También se venden collares, exhibidores y fajos piteados. EL INFORMADOR A. HERNÁNDEZ  /

También se venden collares, exhibidores y fajos piteados. EL INFORMADOR A. HERNÁNDEZ /

GUADALAJARA, JALISCO (09/SEP/2014).- Gerardo Reynoso dice que hace cuatro años comenzó a hacer pulseras para matar el tiempo. Dice que ganaba de 50 a 70 pesos al día y con eso le bastaba. Dice que no pagaba renta, ni tenía prestaciones, porque en el Reclusorio Preventivo de Guadalajara los internos sólo necesitan paciencia para pagar lo que el tiempo y la soledad cobran.

Gerardo repite con voz pausada e impersonal que comenzó a hacer pulseras para perder el tiempo, para que corriera, para que volara como las aves que cruzan los océanos, para olvidarse de él, para matarlo como se mata a los zancudos que zumban en la oreja e interrumpen el sueño.

Y adentro del penal no encontró una mejor forma para matar el tiempo que haciendo pulseras.

Porque si no lo hacía, si se negaba a matar el tiempo, sus propias historias, las que se lo comían a diario, regresarían y lo matarían poco a poco.

Hace dos meses que Gerardo Reynoso salió de la cárcel y hoy inauguró G Rey Noya, un pequeño establecimiento que está ubicado en el interior del Magno Centro Joyero San Juan de Dios. Antes de la inauguración se le veía sonriente detrás del escaparate marcado con el número 3038, tomando pulseras con las dos manos como si fueran granos de maíz.

Gerardo dice que en el Reclusorio Preventivo de Guadalajara hay personas que se equivocaron y lo están pagando. Pero también hay personas que no tienen que estar ahí y de todos modos están. Dice que estando en el penal un preso puede hacerse psicólogo, darse cuenta de que algunos procesos no fueron justos.

Recuerda que en su celda había una persona que un día vio que en la calle un hombre agredía a otro de muletas. Entonces decidió ayudar al agraviado y le quitó los zapatos al agresor.

"Para que sientas lo que él siente", le dijo. Luego amarró las cintas de los zapatos y los aventó hacia los cables de luz. Allí quedaron los zapatos, balanceándose.

La persona descalza se alejó y en la esquina paró a una patrulla. "¡Me robó! ¡Me robó mis tenis! ¡Me robó un celular!", les gritó a los policías. Los policías sometieron al justiciero y se lo llevaron.
Su proceso duró cuatro años.

En G Rey Noya  se venden pulseras, collares, exhibidores de madera, fajos piteados con hilo de plata y bolsas tejidas a mano. Gerardo tiene 13 empleados que hacen los productos desde la cárcel. Por cada bolsa que hacen, Gerardo les paga 40 pesos. Y en un día cada uno puede hacer tres.

Él podría vender cada bolsa en 200 pesos, pero hacerlo sería abusar de los compradores. El objetivo de Gerardo es generar más empleos. Dice que hay muchos empresarios que prefieren no emplear a los internos. Pero si lo hicieran sería muy bueno. Por eso decidió hacerse empresario.  Porque con trabajo los internos pueden mantenerse ocupados y ocupados y ocupados y, en vez de estar pensando en las historias que se los comen a diario, ayudan a sus familias.

"La mente es muy traicionera. Si no la controlas te lleva a hacer barbaridades. Muchas de las personas tienen mucha capacidad, pero no tienen oportunidades. Yo lo que quiero es brindar oportunidades a todas esas personas", dice Gerardo. 

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