Martes, 14 de Octubre 2025
Jalisco | En lugar de construir más salones, la SEJ entrega artículos de limpieza

Maestros exigen a Educación abatir sobrepoblación en aulas

La saturación de alumnos en planteles de Tlajomulco, Zapopan y Tlaquepaque merma la calidad educativa

Por: EL INFORMADOR

Ante la saturación de alumnos, los maestros se las ingenian para colocar los mesabancos. A. HINOJOSA.  /

Ante la saturación de alumnos, los maestros se las ingenian para colocar los mesabancos. A. HINOJOSA. /

TLAJOMULCO DE ZÚÑIGA, JALISCO (13/SEP/2011).- El fenómeno de la migración intraurbana golpea a municipios como Tlajomulco de Zúñiga. El director de Educación en el Ayuntamiento, Felipe Rosas, reconoce que un gran porcentaje de los planteles están “abarrotados”.

“Tenemos zonas críticas en ese sentido, donde hay aulas de hasta 60 niños. Aulas donde no rinde el maestro ni mucho menos el alumno”.

Las zonas más afectadas, expone, se hallan en la Zona Valle (lugar donde se encuentran los más grandes complejos habitacionales de Tlajomulco: Santa Fe y Chulavista), aunque esta problemática se agravó en los últimos ciclos escolares alcanzando zonas como el corredor de la Carretera a Chapala, en las escuelas de los fraccionamientos Los Silos, Agaves y Rancho Alegre.

En el corredor de Prolongación López Mateos y zonas próximas a la Cabecera Municipal (como los complejos Eucaliptos y Tulipanes), también ha aumentado exponencialmente la cantidad de alumnos en escuelas de educación básica. A decir del funcionario, esto es algo que “tradicionalmente no ocurría”.

Las aulas en Tlajomulco de Zúñiga, detalla, están a 100% de su capacidad, aunque en algunos casos el porcentaje es mayor.

Pese a lo anterior, el municipio ha detectado que 5% de la población de infantes en edad de estudio no asiste a la escuela. El principal obstáculo es para los padres, que no pueden inscribir a su hijo en un plantel de otra colonia tras ser rechazados en las escuelas de sus comunidades.

Menciona que el alcalde Enrique Alfaro Ramírez ha buscado interlocución con el secretario de Educación, Antonio Gloria Morales, para habilitar una mayor cantidad de espacios educativos. Al respecto, la dependencia estatal informa que serán alrededor de 50, los nuevos espacios para el ciclo escolar en curso.

Felipe Rosas informa que se han instalado aulas provisionales, conocidas como “laminitas”, en diversas zonas de esa localidad para ofrecer al alumnado una solución provisional. Agrega que varias de las escuelas que antes estaban construidas de esta forma (entre 18 y 20) ya tuvieron intervención, por lo que hoy son planteles estructurados con una mayor capacidad.

“Eso ha permitido que no se genere un mayor problema social, pero la migración (a la periferia de Guadalajara) es algo que no han logrado burlar ni Educación ni el Ayuntamiento”.

Demanda constante

Porque los insumos básicos que la Secretaría de Educación Jalisco ( SEJ) entrega a las escuelas con mayor demanda y necesidad en Tlajomulco de Zúñiga no son sino un mínimo paliativo ante la problemática real que padecen, tanto directivos como maestros exigen que la dependencia estatal preste mayor atención, pues obviar sus peticiones sólo irá en detrimento de la educación de los alumnos.

Carlota Susana Gutiérrez Ibarra, directora de la Escuela Urbana 1202, “Guillermo González Camarena”, ubicada en el fraccionamiento Santa Fe, aclara que la “sobrepoblación” de esa primaria llega a un total de mil 150 niños en la matrícula, y que la dependencia estatal únicamente ha volteado a ver tal plantel para entregarle artículos de limpieza.

“De parte de la secretaría una vez nos dieron dos bidones de cloro, un costal de jabón y unas 10 escobas, pero eso no es nada para esta escuela, que es enorme”.

Dice que la dependencia estatal marca una media de 45 alumnos por aula como una cifra “óptima” para el desarrollo de las labores docentes, pero en la escuela que dirige el promedio es de 50.

“Una señora llegó hace días llorando pidiendo lugares para sus tres hijos”.

A la Urbana 1202 llega gente de todas partes. Ya sean niños de padres que abandonaron la Perla Tapatía u oriundos de Veracruz y Guerrero, o bien deportados de los Estados Unidos; sin embargo, es la población originaria del vecino Estado de Michoacán la que en mayor medida encabeza esta lista. El “éxodo” generado por la violencia que se registra en aquella Entidad ha sido la causa para que se tenga este registro, al menos en esta escuela enclavada en una de las “zonas rojas” de Tlajomulco.

Pero la situación es compleja, pues el grado de deserción y ausentismo también es grave; la condición migratoria de cientos de familias en la zona ha incidido en que, de esta matrícula de mil 150 estudiantes, sólo 86% finalice el ciclo escolar. “Así como vienen se van; los padres se los llevan”.

Contrario a un mensaje positivo hacia la SEJ, de la docente sólo hay palabras de agradecimiento para el presidente municipal, Enrique Alfaro Ramírez, cuya intervención con el programa de uniformes y útiles escolares gratuitos ha sido “un verdadero alivio” para los infantes y padres de familia en esa demarcación. Por el contrario, lamenta, Educación sólo exige gastos fuertes en papelería para la aplicación de pruebas de evaluación al alumnado.

La petición inmediata hacia esta dependencia estatal es el aporte de materiales didácticos, así como la sugerencia para que “vayan a vivir la problemática”, lo que “no sucede nunca”.

“Mi inspectora va y se queja ante la SEJ; mi jefe de sector también, pero de ahí no pasa”.

"Nos ha desamparado la Secretaría de Educación; sólo nos entrega cloro y escobas"
Carlota Susana Gutiérrez Ibarra, directora de la Urbana 1202.

Numeralia

Matrícula de la Urbana 1202


1,150 alumnos.

24 docentes.

1 auxiliar técnico pedagógico.

1 maestro de arte.

* Turno matutino.

Para saber

Zonas sin problemas


Las únicas zonas de Tlajomulco en donde el Ayuntamiento no ha detectado un alza importante en el número de alumnos en educación básica, es en los poblados lejanos a los nuevos fraccionamientos, como Cajititlán, Buenavista, San Lucas Evangelista y Cuexcomatitlán.

C R Ó N I C A

¿Enseño a los alumnos o me cuido de ellos?

Guillermo de la Torre es uno de los maestros de la Secundaria Técnica 4, con más de 30 años de servicio. Él tiene un refrán, a manera de burla, para entender la situación de la población estudiantil en las aulas: “Con menos de 50 alumnos por aula los enseño, con 50 los cuido, pero con más de 50 me cuido de ellos”.

En un recorrido en diferentes escuelas de nivel básico se pudo constatar cómo  hay planteles cuyos profesores tienen que atender hasta 800 alumnos por semana; planteles obligados a organizar dos recreos porque los alumnos no caben en los patios, directivos que desean tener menos alumnos, pero que su vocación de servidores públicos les niega cerrar las puertas a los adolescentes. Éste es el fenómeno de las escuelas sobrepobladas.

Claudia Susana Martínez Camacho tiene 25 años como docente y dice que todas las semanas, cuando llega el viernes, acaba rendida. Da clases en una primaria por la mañana y en una secundaria por la tarde. Después de ver su horario en un cuaderno que lleva como agenda, y de realizar algunas sumas y multiplicaciones, llega a la conclusión de que para este ciclo escolar atiende un aproximado de 850 estudiantes diferentes.

“Es bien cansado sobre todo cuando los salones están más saturados, tienes que crear estrategias para sentar a un niño burro con un aplicado; es abusar de los niños que más saben, pero si no le haces así, no avanzas”.

Claudia es maestra de matemáticas y arte en secundaria y primaria, en una escuela cerca a La Normal. Dice que los niños se ponen más inquietos en la primera materia, pero cuando le toca impartir la clase de arte “es muy diferente, los niños se relajan; yo lo que les pongo a hacer es un dibujo, les digo que los que puedan se traigan sus audífonos con su música favorita y con eso se calman un poco y trabajan más”.

Claudia es una mujer risueña, con uñas largas, postizas y adornadas; de piel morena y cabello oscuro, pero pintado con rayitos. “Sí, yo también siento que las generaciones de estos tiempos son más inquietas, pero me preocupa que a diferencia de cuando empecé a dar clases, ahora los niños piensan que ya lo tienen todo y no están haciendo su proyecto de vida, son una generación que sus padres ya consiguieron un poco de estabilidad económica, pero ellos se conforman con lo que les ofrece su familia”.

Guillermo de la Torre Córdoba es director de la Secundaria Técnica 4, un plantel con 1600 alumnos para 36 aulas. El salón que más tiene alumnos, que se tenga registro, es uno del turno matutino, con 50 estudiantes, el doble de lo que recomiendan los organismos internacionales.

“La intención es hacer que en los salones metamos menos niños, pero la vocación de un servidor público no es limitar, sino estirar los recursos”.

Él cuenta que los adolescentes tienen muchos problemas en casa, que desembocan en actitudes hostiles hacia los compañeros. “Precisamente hoy tuvimos una pelea donde cinco muchachos le pegaron a uno, lo dejaron sangrando. También hemos tenido niños que piden su cambio de turno o de escuela porque las bromas entre los compañeros son demasiado pesadas, los apodos, el cómo se llevan entre ellos”.

Martha Elena Castañeda es la directora de la Primaria Urbana 41 “Lázaro Cárdenas”, en el barrio de San Andrés. Por la mañana, la escuela tiene 996 alumnas, “más una que otra recomendada que aún estamos arreglando su situación”.

Por la tarde, atiende 800 niños en una escuela con más de 80 años de servicio. Castañeda es contundente cuando se le pregunta si no cree que es antipedagógico tener tantos infantes en las aulas: “Tenemos un promedio de 45 niñas, pero lo que hace que una escuela como esta tenga mucha demanda son sus profesores, el compromiso que tienen porque sus alumnos se preparen y se superen”.


Doble recreo

Con más de mil niñas por la mañana, la primaria Lázaro Cárdenas tiene que hacer dos recreos porque las niñas no caben en los patios. A las 10:30 salen las de primero, segundo y tercero; a las 11:05, el resto.

En el patio las carencias de la escuela se pisan, tienen un suelo lo suficientemente fracturado para que ocasione accidentes. En el patio de recreo están montando la primera de tres partes de un domo que busca cubrir la cancha de basquetbol. Lo que también es verdad es que el patio de juegos es casi del mismo tamaño que el estacionamiento donde los profesores colocan sus autos. “Por la situación (geográfica) donde se encuentra la escuela estamos divididos. De un lado tenemos mucho comercio y del otro una zona donde todavía habita mucha gente, pero la demanda principal es de personas que no son de las colonias cercanas”, dice la directora Martha Elena, quien presume que la política de “apretar” a los maestros funciona aun cuando las aulas estén saturadas.

“Tenemos buenos resultados en la prueba Enlace; hace un año una de nuestras estudiantes viajó (a la Ciudad de México) con el Presidente porque la reconocieron en las pruebas de ciencias; somos una buena escuela porque también contamos con el apoyo de los padres de familia”.

“Arranca el carnaval…”

La Primaria Enrique C. Rébsamen arrastra problema desde hace tres décadas


Ser maestro no iba a ser fácil. Eso es algo que el profesor Alejandro sabía de antemano cuando se preparaba para convertirse en docente hace 11 años. Pensó entonces que la materia de matemáticas tendría que ser con lo que más iba a batallar, pero jamás le cruzó por la mente que se las iba a ver con el hacinamiento escolar y el poco espacio no sólo para dar clases sino para moverse siquiera de la entrada a su escritorio en la Primaria Enrique C. Rébsamen, de Zapopan, plantel que sufre con problemas de sobrecupo desde hace tres décadas.

Todos los días desde hace cinco años, en punto de las 08:00 horas, comienza el reto para este profesor de cuarto grado. 57 alumnos de cuarto grado de primaria llegan al aula. Y ello se traduce en 57 exámenes, 57 necesidades de ser atendidos de forma distinta, 57 problemas y un solo docente para todos.

“Ahorita tengo dificultades porque es difícil circular por los pasillos, al espacio que ocupan los alumnos hay que agregar las mochilas; incluso, en algunos lugares donde debe de haber sólo dos niños tengo que sentar a tres. No cabemos”, afirma con voz seria, pero a la vez preocupada, al tiempo que no deja de mirar de reojo a sus alumnos, quienes aprovechan cualquier distracción de Alejandro para comenzar con el “relajo”.

“Es difícil para mí llegar con los niños. Se han tropezado cuando quieren salir al baño porque no falta la mochila que los obstaculiza. ¡Yo me he caído incluso!”, explica con una sonrisa, aunque sin ocultar la amargura que le causa tener a más de media centena de jóvenes en el turno matutino.

Mientras el maestro habla, un pequeño aprovecha para lanzarle una bola de papel a uno de sus compañeros. La mecha se enciende y, en segundos, los 57 estudiantes transformaron el estrecho salón en un carnaval. Alejandro interviene y como puede contiene la avalancha de ruidos.

“A veces es muy complicado imponer la disciplina. Son demasiados niños. Es difícil pedirles a todos que guarden silencio porque no falta el que haga un simple ruido y con eso ocasione una fiesta que se va extendiendo. Es muy complicado a veces dar la clase, aunque estoy consciente de que son sólo niños…”, remata, antes de intervenir nuevamente para pedirles a los jóvenes que resuelvan el problema matemático que tienen ante sí en silencio. Las risillas y el gesto despreocupado de sus alumnos permiten adivinar que ese silencio será breve.

“Es injusto para los estudiantes estar así”, explica el profesor apretando el puño contra la barbilla, y reconoce que las malas condiciones finalmente lo afectan incluso a él: “La salud de los profesores también se ve mermada. Lidiamos con el estrés cotidiano, el trabajo administrativo, las tareas y exámenes. Cada niño implica una calificación, una atención y por supuesto saber cómo podemos apoyarlo, pero teniendo esta cantidad de estudiantes… si podemos, y hacemos nuestro trabajo, eso redunda en la calidad. Podrían estar mejor las cosas”.

Pese a estas condiciones adversas, el amor por la docencia no ha disminuido jamás en Alejandro, quien al menos no se equivocó en una cosa: a sus alumnos no les gustan las matemáticas. “Prefieren la educación física porque eso les permite salir del salón y no andar todos apretados”. Apenas dice eso cuando un pequeño lo contradice: “No es cierto maestro, a mí sí me gustan las matemáticas”. Lo dicho, son solo niños.

"Es injusto para los estudiantes estar así. Es difícil pedirles a todos que guarden silencio, con un simple ruido, la fiesta se extiende en el salón"
Alejandro, docente de la Primaria Enrique C. Rébsamen.

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