Lunes, 20 de Enero 2020
Jalisco | 'Nosotros no le hacemos daño a nadie, venimos en paz, buscando algo mejor para nuestras vidas': migrante de El Salvador

Las vías del ferrocarril, escala transitoria de migrantes

En México, el proceso migratorio se muestra con gran intensidad por ser un país de expulsión, tránsito y recepción de migrantes

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO.- Las vías del ferrocarril parecen abandonadas. Un espacio terregoso, con pocas casas a su alrededor. Un lugar casi desértico. Pero si se pone atención se les puede observar en el día o la noche. Atravesado por los rieles, en el sitio emergen los migrantes.

Seis hombres permanecen acostados en el lado derecho de las vías del ferrocarril, que cruzan la Avenida Mariano Otero, justo al lado de una casa que les proporciona sombra ante el sol que azota al mediodía.
Es un pequeño grupo que decidió salir de su país, El Salvador, en busca de una mejor calidad de vida, de un cambio ante la falta de apoyo de su gobierno. Tratando de ayudar a sus familias, en su viaje llegaron a la Zona Metropolitana de Guadalajara.

“Dice la Biblia que pedir no es pecado, y desde que salí de El Salvador he pedido, no me da pena decirlo. La verdad es que no me gusta hacerlo, pero: ¿Qué le hago?, es mejor que agarrar lo que no es tuyo”, dice Martín Ortiz González, quien tiene la meta de llegar a los Estados Unidos.

Con gestos que irradian inseguridad, confusión y miedo a lo desconocido, los seis migrantes se encuentran a la expectativa de lo que pueda pasar en los próximos días. Llegan sin ropa de cambio, hambrientos, sin dinero. Aseguran que fueron despojados en la frontera de México para poder pasar, o fueron asaltados por maleantes en el camino. Pero eso no los desalienta, siempre hay una esperanza, hay alguien que les proporciona ayuda: “Lo que sea, pero nos dan algo de apoyo”.

En su viaje, cada destino que tocaron fue diferente, todos tienen sus respectivos riesgos. En el camino que recorrieron han dormido sobre las vías, en otras partes se han quedado en albergues o en la casa del migrante. Guadalajara tendió su mano, pues hay una gran esperanza para los que pisan las vías del ferrocarril.

La señora Adela, propietaria de la casa que le da sombra a los migrantes, les ofrece comida y ropa para cubrirse. Ella es la intermediaria de una organización que trabaja en conjunto con personas que viven en los alrededores de las vías del tren, con instituciones educativas, centros de investigación y una red de donadores: FM4 Paso Libre.

Al otro lado de la vía se encuentran tres mexicanos en una caseta abandonada. Ellos también intentan tomar el tren para cruzar la frontera Norte, pero es una historia totalmente distinta a la de los salvadoreños. Son mexicanos alcohólicos, desempleados, abandonados por sus familias y deportados. Son hombres que se dedican a vagar por las vías buscando droga, robando, perseguidos por la Policía. Son seres humanos sin oficio ni beneficio.

“Es por ese tipo de gente que los migrantes tenemos mala fama”, comentó uno de los salvadoreños. “Nosotros no le hacemos daño a nadie, venimos en paz, buscando algo mejor para nuestras vidas. Es a nosotros a quienes nos han robado”, lamentó.

Los centroamericanos salieron de Guatemala hacia Chiapas. Después llegaron a Oaxaca, de ahí a Veracruz, luego al Distrito Federal y más tarde a Guadalajara. Ésta es sólo la mitad hacia su rumbo añorado. ¿Y al final a dónde llegarán? Ellos tienen fe de que tocarán el otro lado, su gran meta.

Con esperanzas, acompañándose uno a otro, se defienden y extrañan a su gente, a su país. Los migrantes esperan la noche para correr a gran velocidad y atrapar el tren. “No es fácil, a veces nos cortamos, nos rompemos huesos, se nos desgarra la ropa… lo único que importa es subir o bajar del tren sin que nos atrapen”.

Ellos han tenido suerte, están ilesos; fueron asaltados, pero están íntegros. Se les ha ofrecido morada, comida y ropa. Sólo Dios sabe el destino que les depara en las próximas vías.

En su paso hacia Estados Unidos, los migrantes andan por diversas rutas y medios de transporte; uno de los más comunes es el tren de carga. Guadalajara es parte de la ruta de Occidente del país en donde los vecinos que habitan en las proximidades de las vías, reafirman el paso de los migrantes desde hace más de cuarenta años. Cuando llegan a la ciudad, han viajado aproximadamente entre 15 y 25 días; vienen con hambre, frío, sed, sin ropa y nerviosos ante los peligros que involucran el viaje.

En México, el proceso migratorio se muestra con gran intensidad por ser un país de expulsión, tránsito y recepción de migrantes. Representa un paso natural para los que provienen de regiones con menor nivel de desarrollo, como lo son algunos países de Centro América, entre ellos, El Salvador, Nicaragua y Honduras.

EL INFORMADOR/ITESO/María Belén López Dávalos

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