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Lunes, 23 de Septiembre 2019

El día que el 'Sol' se apagó en Los Agaves

Falta un trabajo interdisciplinario entre las autoridades para que las mujeres vulnerables no encuentren puertas cerradas cuando buscan una solución a sus problemas

Por: Isaack de Loza

Georgina mostró señales de su intención por morir, pero nadie las notó. EL INFORMADOR /

Georgina mostró señales de su intención por morir, pero nadie las notó. EL INFORMADOR /

GUADALAJARA, JALISCO (08/SEP/2017).- Un fuerte olor a gas y muerte impregnó el coto. Los policías llegaron, forzaron la puerta y entraron. En el cuarto del fondo de aquella vivienda, Georgina y sus dos hijos yacían en la recámara. Cuatro días antes, la señora abrió las llaves del gas para acabar con un tormento que inició cuando su pareja sentimental la abandonó.

Con claridad y letras grandes, Georgina escribió su última carta el 26 de agosto de 2016 después de servir la cena y arropar a sus hijos: Juan y Alberto, de siete y 13 años.

“Yo, Georgina, les pido perdón a mis hijos… no les puedo dar un techo dónde vivir. Hoy vinieron dos abogados a decirme que ya tengo que desocupar la casa y no tengo donde meterlos”.

Colocó el cuaderno sobre una mesa y lo dejó abierto en la primera de las 11 hojas que redactó, con un deliberado interés de que sus palabras tuvieran eco. Mandó unos mensajes finales por WhatsApp y se fue a dormir.

El 30 de agosto, intoxicados por el hedor, los vecinos del coto Capella, en el fraccionamiento Los Agaves en Tlajomulco, se convencieron de tomar el teléfono y llamar a la Policía. Los oficiales José Juan y Florentino atendieron el reporte 9449 y llegaron a las 18:59 horas. Junto con ellos iba una unidad de la Cruz Roja de Toluquilla.

Ese martes, María Fernanda, una niña que vive en Capella, se acercó al domicilio 55 a regañar a un grupo de adolescentes, quienes subían al árbol que está afuera para cortar unas frutas (carambolas). Así notó un “mosquerío” que la alteró. La niña avisó a Tania, su madre, y ésta a su vez le llamó a Rufina, la abuela. Las tres descubrieron que las moscas circundaban un fuerte tufo a descomposición.

Aunque dudaban de obtener respuesta, gritaron el nombre de Georgina. Días atrás ella les había comentado que se iría “a buscar una nueva vida” y que emprendería “un viaje muy largo”. Pese a las señales, nunca detectaron la verdadera intención de su vecina.

A las siete de la noche, la pequeña casa de 45 metros cuadrados ya estaba resguardada por policías y envuelta en cintas amarillas. El paramédico Jesús Velasco confirmó las tres muertes y anticipó intoxicación de gas como la causa.

“Dos menores y una femenina occisa”, escribieron los oficiales del Sector 5 en la carpeta informativa DG/215/16, que dirigieron al comisario de Seguridad, César Navarro. La agente del Ministerio Público, Edith González, se hizo cargo del resto.

El personal del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses analizó la escena hasta descartar cualquier indicio de un multihomicidio, pero todo en las habitaciones estaba en orden. Armina Padilla, perito responsable de levantar los cuerpos, llevó a su mente la imagen de sus hijos y nietos mientras escudriñaba la habitación. Una hora y media después, la señora Georgina y sus pequeños salieron del hogar cubiertos en bolsas.

El caso Agaves fue el tercero registrado por la Fiscalía del Estado en 2016 en el que existieron víctimas colaterales. En Zapopan y Puerto Vallarta se replicó la escena. Tres historias que merecen un análisis a fondo de los problemas estructurales y las necesidades de familias azotadas por la pobreza, el abandono o la marginación.

UNA MUJER RESERVADA

A Georgina le gustaba un sobrenombre. Tanto, que continuó usándolo aun cuando ella y su pareja, el autor de ese apodo, se habían separado.

Era una mujer reservada. Según Tania, su vecina, muy pocas personas sabían cuando ella se sentía mal. “A veces le estaba atacando la migraña (sobre todo en el último año) y se encerraba… y era mi mamá quien iba a hablarle: Sol, levántate. Sol”.

Sol. Ése era su apodo. Su pareja decía que eso era para él cuando ambos estaban juntos: su “Solecito”.

Georgina mostró señales de su intención por morir, pero nadie las notó. A todos en su círculo inmediato los despidió, y en sus redes sociales también dio muestras. “Pensamos que se fue a Salamanca, porque ella es de Guanajuato. Le marqué mil veces. Yo fui, me acerqué a su casa. Cuando mi hija me dijo que había unas moscotas afuera, me asomé. Y como si ella misma nos pidiera: ‘Ya descúbrannos’”, recuerda Tanía.

Según los vecinos, Georgina cedió a la presión económica. Ganaba sólo 820 pesos por semana y no podía pagar la renta. Por eso sería desalojada. Nunca logró que su pareja le entregara una pensión para los niños. “El miércoles la iban a embargar; la sacarían de su casa”.

LAS LLAMADAS DE AUXILIO…

El 17 de septiembre de 2014, dos años antes de su muerte, Sol acudió al Instituto Jalisciense de las Mujeres. Buscaba asesoría para obtener la pensión alimenticia de sus pequeños ante el abandono de su pareja; sin embargo, las trabajadoras sociales la derivaron a la Procuraduría Social del Estado. No logró entrar a la estadística de las 61 mil 531 atenciones proporcionadas por el Instituto a mujeres en situación de violencia psicológica, física,  económica, patrimonial o sexual entre los años 2010 y 2016.

“En el caso de Sol no hubo un indicio, de acuerdo con lo que dice el registro administrativo, que en esa primera puerta con la trabajadora social detectara que había un riesgo de cualquier tipo... o de violencia… incluso un riesgo suicida. Y, por tanto, se derivó a una asesoría jurídica. Tal y como ella lo había solicitado”, explica Érika Loyo, titular del Instituto.

Al final, nadie se aseguró que realmente fuera orientada en la Procuraduría Social. Y dos años después, la misma Georgina recordaría esa visita en su carta póstuma: “Fui a pedir ayuda al Instituto de la Mujer, el que está por Avenida 16 de Septiembre, y me la negaron”.

Tras los hechos, Érika Loyo acentúa: “El Estado sí tiene una deficiencia muy seria con relación al seguimiento que le pueden dar a las usuarias. Nosotros hacemos la canalización o la derivación, pero no hay un sistema operativo y administrativo interno que nos permita verificar cuál fue el camino de la usuaria, en dónde está, si llegó o no llegó… y si terminó bien su proceso”.

LAS CIFRAS

Según la Organización Mundial de la Salud, más de 800 mil personas en el planeta se suicidan al año, lo que significa una muerte por cada 40 segundos. En 2016, Sol fue parte de esa estadística.

El 75% de los decesos por esta causa se registran en países con ingresos bajos y medianos. Además, es la segunda causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años.

Las señales de alerta

• Aunque sólo los profesionales de la salud mental están preparados para detectar cuadros de depresión y el seguimiento que darán a cada caso, también las personas que forman parte del círculo inmediato pueden reconocer ciertos patrones y conductas que, al ser tratados con tiempo, evitarán una tragedia.

• Gerardo Vallín Garibaldi,  presidente de la Asociación Mexicana de Salud Psíquica, advierte que si un conocido comienza a regalar cosas que siempre fueron muy preciadas, busca solventar adeudos o incluso insiste en despedirse, está mostrando señales que deben ser atendidas. “Hay que preguntar qué está pasando y estar alerta. Llamar a los familiares y decirles lo que está pasando con estas personas es lo adecuado para que los familiares se involucren. Lo más pronto posible que vaya a un tipo de ayuda profesional. Todo suicidio es causa de una depresión”.

GUÍA

Pida ayuda

Tanto el Estado como los Ayuntamientos pueden ayudarla en caso de desprotección. Solicite apoyo o asesoría de las instituciones si cree que es víctima de algún tipo de violencia.

Guadalajara

Teléfono: 3638-5287.
El DIF tapatío cuenta con Unidades de Atención a la Violencia Intrafamiliar (UAVIS) y ofrece apoyo en las áreas de trabajo social, psicología, jurídico, brindándoles herramientas necesarias para que las mujeres violentadas salgan del problema y tengan acceso a una vida libre de violencia.

Zapopan

Teléfono: 3836-3444.
Ofrece asesoría y atención jurídica respecto a procesos de divorcio, custodia, convivencia y pensión alimenticia.

Tlaquepaque

Teléfono: 3680-2559, 3680-3199 y 3680-5324 extensión 201.
Se les otorga atención integral, de psicología, trabajo social y jurídico.

Tonalá

Teléfono: 3586-6200 y 3792-6626.
Brindan asesoría y representación jurídica. Si la persona expresa un temor de sufrir agresiones, se ofrece un refugio temporal hasta por tres meses.

Tlajomulco

Teléfono: 3283-4400 extensiones 4465, 4466 y 4467. Y 3798-5141 3798-5142 y 3798-0244    
Entregan apoyos asistenciales, que son variables de acuerdo con la condición y vulnerabilidad de la persona, entre los que pueden ser medicamentos, estudios médicos, insumos para cirugías, implementos para rehabilitación, sillas de ruedas, andaderas, bastones y ropa, entre otros.

Instituto Jalisciense de las Mujeres

Teléfono: 3658-3170.

Dan asesoría en trabajo social, psicología y jurídico, y en caso de violencia física, derivación inmediata al Centro de Justicia para las Mujeres (3030-5450), que ofrece, además, atención médica, denuncias penales y juicios orales.

Señor gobernador…

Según Gerardo Vallín, presidente de la Asociación Mexicana de Salud Psíquica, Sol trató de encontrar una “figura paterna” a la cual sujetarse en el aparato gubernamental, después de terminada la relación con su pareja.

Y cuando sintió que éste también le falló, decidió acabar con sus problemas y los que, supuso, heredaría a sus hijos al dejarlos en manos de instituciones que no le funcionaron. “Usando su lógica, que no es la mejor, se llevó a los hijos para que no sufrieran. No es una justificación, pero sí una explicación (…) No deja de ser un crimen”.

Con las puertas cerradas, Sol debilitó su “Yo” consciente, refiere el experto. Porque no sólo acudió al Gobierno del Estado, también los Ayuntamientos de Tlajomulco y Tlaquepaque están citados en su texto de 11 hojas: “Fui a la delegación de Tlajomulco con la licenciada Susana y no me atendió. Fui al DIF de Tlajomulco y también me negaron la ayuda. En Tlaquepaque también me negaron la ayuda…”.

En 2016, 800 mujeres acudieron a solicitar apoyo asistencial al DIF Tlajomulco; en Tlaquepaque fueron apenas 58. Sol tampoco entró a esas estadísticas. Ninguna de esas dependencias reporta haber entregado apoyos económicos, únicamente “apoyo integral del equipo multidisciplinario”.

Tras la noticia de su muerte, y del mensaje póstumo que escribió, el Ayuntamiento de Tlajomulco investigó en sus registros para verificar si hubo alguna omisión en el actuar de los trabajadores. “Aquí nunca llegó al DIF”, asegura el alcalde Alberto Uribe. “Eso yo lo investigué”. Pero acepta que la zona de Los Agaves, como otras en las proximidades de la carretera a Chapala, tiene una serie de omisiones que repercuten en la calidad de vida de sus habitantes.

—¿Entonces no hay omisión del Estado? — se le pregunta a Uribe.

—Ella es parte de una realidad de violencia intrafamiliar, donde seguramente tuvo violencia en su infancia también.

El alcalde añade: “Creo que es una consecuencia de la realidad de nuestro país y de la falta de atención de todo un modelo, de un Gobierno que, lo que debería hacer, es obsesionarse con la protección de la infancia y obsesionarse con la protección de las mujeres en estado de vulnerabilidad”.

Sol advirtió vacíos en su familia, en su círculo de amistades y en el Estado. A todos ellos los mencionó en su mensaje.

En sus momentos finales, Sol pensó en el Gobierno del Estado, y le pidió en su texto que ajustara su estrategia para ayudar a sectores vulnerables: “Señor gobernador, ponga instituciones que en verdad ayuden a la mujer. Y lo más importante: que ayuden a los niños”.

“Todos pudimos hacer más”

La muerte de Sol fue silenciosa. Tanto, que nadie notó que ésta comenzó dos años atrás.

Cada señal de auxilio fue ignorada. Los mensajes de alerta en WhatsApp, sus pasos lentos por el fraccionamiento con el semblante bajo y la mirada perdida, incluso sus publicaciones en redes sociales, como aquel video que subió a Facebook en el que Juan, su hijo, entraba al fraccionamiento sonriendo con su mochila y útiles nuevos. “En ese video se escucha un suspiro y nosotros no lo escuchamos (…) Cuando pasó todo esto, vimos bien el video y… suspira”, cuenta su amiga Tania.

Cuatro días transcurrieron desde que cegó su futuro y el de sus hijos, hasta que sus restos fueron localizados. Aún con el intenso olor a gas, ni siquiera los vecinos de al lado notaron su ausencia.

“Es un tema que todavía me duele, me cala, porque podíamos ayudar. Tú podías ayudar, los vecinos podían ayudar, las autoridades podíamos ayudar. Porque nosotros manejamos un recurso que no es nuestro. Es un recurso que debe regresar en servicios a la gente, y éste era un servicio que se les podía regresar y no pudimos”, lamenta, a la distancia, el ex titular de Policía, César Navarro, quien describió el caso de Sol frente a reporteros y camarógrafos.

La casa 55 del coto aún mantiene atisbos del acordonamiento y un sello de clausura. A un año de lo ocurrido, una rosa muere sobre el pasto de la cochera y un par de veladoras permanecen en el ingreso. Fue hasta que la tragedia ocurrió cuando las razones de Sol trataron de ser explicadas. Su acto final caló tan hondo que los oficiales de Policía emitieron juicios personales. “Algunas personas de ahí opinaron que esa mujer se iba a ir directo al infierno y los niños al cielo, porque ella decidió por ellos”.

“¿Vieras cómo la atacaron? Nadie más que nosotros sabe lo que Sol sufrió. Es muy feo porque dices: ¿Por qué no nos dimos cuenta?”, remata su vecina y amiga.

Falta prevención

El estudio “Prevención del suicidio, un imperativo global”, de la Organización Mundial de la Salud, explica que se requiere de una estrategia nacional multisectorial. Los servicios de salud deben incorporar la prevención como una estrategia central. “La identificación temprana y el manejo eficaz son fundamentales (…) Las comunidades desempeñan una función crucial en la prevención; luchar contra la estigmatización y apoyar a quienes han perdido a sus seres queridos que se han suicidado”.

Datos del Secretariado General de las Naciones Unidas revelan que siete de cada 10 mujeres experimenta algún tipo de violencia durante su vida. La forma más común a escala global es infligida por la pareja. Y si bien la violencia física es predominante, la psicológica, como la que vivió Sol, es “también muy extensa”.

No podemos permitir que nadie se pase  de vivo con las mujeres: Osorio Chong

Ante los casos de violencia, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, lanzó un llamado a las mujeres para denunciar cualquier maltrato físico, verbal, económico o emocional. “No podemos permitir que nadie se pase de vivo”.

En el marco del evento Ciudades Seguras para las Mujeres, Acciones contra la Violencia de Género, acentuó que la mitad de las mujeres violentadas no lo comenta por miedo, por vergüenza o porque pueden perder su hogar. El problema mayor es que siete de cada 10 no denuncian.

“Que no les digan que van a terminar en la calle; ellos van a terminar en la cárcel”, advirtió ante unas cinco mil personas, en su mayoría mujeres de las distintas regiones de la Entidad.

Remarcó que. con acciones sólidas, como los Centros de Justicia que se están construyendo, se les protege y se les da el amparo de la ley.

Durante el evento, en el que se entregaron Cuartos Adicionales, Escrituras Papelito Habla y Certificados Hagamos Hogar, afirmó que es fundamental trabajar de forma conjunta sociedad y Gobierno para resolver este flagelo que lastima a México. “Vamos para adelante todas y todos juntos, para erradicar ese problema que lastima a lo más importante, lo que ayuda al desarrollo de este país, que son las grandes mujeres de México”.

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