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Miércoles, 20 de Noviembre 2019
Jalisco | El fraccionamiento sufre un deterioro habitacional

“El Cuadro”, en Miravalle: lugar impenetrable para la autoridad

Operativos con decenas de elementos de seguridad han fracasado en el intento de “rescate” de esta zona con alta incidencia de drogadicción y delincuencia

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO.- Caía la noche de un martes, “sí, fue un martes, cuatro o cinco años atrás”, recuerda la señora Juana Morales, cuando de la obscuridad, oculto por las cornisas de los edificios, emergía un estruendo que minutos después, encandilados por la luz de su lámpara, identificarían “asombrados” los vecinos como un helicóptero de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Jalisco.

“Fueron más de 150 elementos de la Policía Estatal” los que, a decir de los avecindados en el lugar del operativo, se habían desplegado para “liberar sin éxito” de la delincuencia, a uno de los guetos habitacionales con mayores índices de peligrosidad, venta y consumo de droga en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG).

“Sólo vi cortinas de humo y policías corriendo por todos lados; los niños estaban emocionados, pero nos metimos rápido a las casas porque empezaron los disparos, creo que hubo heridos”. Meses atrás, rememora Braulio Soto, “ya se habían dado como seis muertes”. Y es que, aunque en los nueve años que esta persona lleva trabajando por las noches como taquero, en la esquina de Artes Plásticas Norte y Bellas Artes Poniente, en la colonia Miravalle, nunca ha sufrido un robo, tampoco, “ni por curiosidad”, ha penetrado en aquel lugar en donde la policía “falló” para sacar a los delincuentes y que los vecinos nombran como si se tratase de un tótem revestido de respeto: “El Cuadro”.

Desde el operativo de aquel “martes de hace cuatro años”, las cosas no han cambiado nada. “El Cuadro” resulta  impenetrable incluso para los habitantes de las calles aledañas; “los trabajadores de electricidad, o del agua, no quieren entrar, han sido asaltados… Ni los policías se meten, eso sí, pasan afuera por su mochada”, denuncia Luz García Enríquez, con una mueca de coraje en el rostro.

Y es que la actitud territorialista de “Los Reyes del Cuadro”, como son nombrados, no obedece, para los vecinos, a una práctica común de varias tribus urbanas localizadas en la ZMG, y que usan “el barrio” como asidero emocional a las carencias que padecieron, por el desinterés familiar o la falta de políticas gubernamentales que los atiendan. La señora Juana Morales explica que “por las noches, vienen personas que no viven en la zona, y ellos sí tienen permitido entrar (a “El Cuadro”); mientras, la policía se hace de la vista gorda, ahí adentro… les venden droga”.

“El Cuadro” es en realidad un rectángulo que sirvió originalmente como estacionamiento, y que está prácticamente inutilizado. Para llegar hasta ahí, hay que transitar por un angosto camino bordeado por ocho edificios departamentales; el rectángulo es aprovechado por los niños para jugar fútbol, o realizar otro tipo de actividades lúdicas. Tan sólo en sus alrededores existen 497 departamentos; y como si se tratase de una norma demográfica, los que asoman a “El Cuadro” están desocupados. Algunos ni siquiera tienen puertas o ventanas, sino que han sido provistos con segmentos de metal, y son utilizados por algunos jóvenes como “picaderos”, espacios para drogarse.

Localizar a “Los Reyes del Cuadro” sin ser el blanco de un ataque, por lo menos para fotógrafo y reportero, fue inútil. La búsqueda de una versión que disipara de la imaginación del lector la continua criminalización que de algunos jóvenes se hace por parte de discursos gubernamentales simplistas, no tuvo éxito, lo cual no significa un respaldo tácito a la idea de que estos  individuos, varios de los cuales no sobrepasan los 22 años de edad, sean la causa y no la consecuencia de un sistema preñado por la corrupción y la violencia, desde las cúpulas del poder político, hasta los guetos habitacionales carentes de atención institucional.

Al margen de las cifras oficiales, en los últimos siete años, los vecinos de “El Cuadro” contabilizan más de doce defunciones vinculadas con la venta de droga y violencia emanada del pandillerismo. Bonifacio Almada Aguilar, con un semblante más conservador, cuantifica siete muertos en los últimos siete años. Abarrotero de oficio, pese al “operativo del helicóptero” que todos los vecinos recuerdan, su comercio ha sido asaltado en dos ocasiones, con lujo de violencia, en los últimos tres años.
“Hasta los minibuses que pasan por la zona son asaltados, no hay seguridad para los niños que salen de la escuela”, lamenta Bonifacio, con la mirada arrojada sobre la oscuridad que recubre el acceso a “El Cuadro”.

“Hasta la virgen tiene miedo”

Desde la construcción de la cultura chicana, las vírgenes han representado un lazo colectivo para los guetos asentados en espacios desposeídos de arraigo. En “El Cuadro” también hay una. Ésta, sin embargo, como se da comúnmente  en los barrios de la ciudad, no fue puesta por “la clica”, sino por las madres de varios de ellos, que al amparo de la imagen, oran para proteger “a los suyos y sus familias”.

La virgen de “El Cuadro” es celosa. En una ocasión, comentan Luz García Enríquez y Lucía Ramírez Ramírez, “un sacerdote vino a dar misa, y los jóvenes salieron y lo sacaron a balazos”.

Sin representante eclesiástico, a raíz de la comentada anécdota, 47 familias se organizan para celebrar una misa cada noche, a las 20:00 horas, dedicada a uno de sus integrantes, para librarlos de la violencia padecida en las calles de ese lugar. Varios de ellos han sido atacados por los jóvenes  involucrados en la  presunta red de delincuencia de “El Cuadro”; otros forman parte de ella.
 
Tierra de nadie…

La presunta soberanía de “El Cuadro”, no sólo es un lastre para las personas de este lugar en lo referente a la posibilidad de padecer un asalto, o que sus hijos crezcan en un ambiente social deteriorado, teñido de violencia y tamizado por el común aroma a mariguana. Existe una evidente falta de cuidado sobre los edificios, y patrimonio de la zona. “Desde hace 25 años en que se fundó esta colonia habitacional”, relata el secretario del Comité de Vecinos, Guadalupe Rodríguez, “no hay resguardo por parte de las autoridades del municipio, o el Infonavit (organismo de interés social que hizo el fraccionamiento); lo único con lo que contamos es luz y agua potable, con un sistema en muy mal estado”.
El representante del comité vecinal no exagera. Al caminar por las zonas aledañas a “El Cuadro”, son parte del paisaje urbano las alcantarillas con tapas hechizas, y edificios fracturados que padecen el escurrimiento de agua por un sistema de drenaje deficiente, y que ya ocasionó el declive parcial de varios inmuebles, arriesgando a familias compuestas por hasta siete personas que viven hacinadas en departamentos de edificios con capacidad para ocho condominios.
Las razones parecen sencillas: además de la falta de recursos por parte de los vecinos, la calle que divide esta zona, de un extremo se llama Artes Plásticas Norte; del otro se convierte en Bellas Artes Poniente, ésta, o ambas, separan al Municipio de Guadalajara, del de Tlaquepaque, “por lo que los ayuntamientos se echan la bolita en todos los ámbitos, seguridad pública y mantenimiento de la colonia”.

Sobre advertencia no hay engaño

Tan sólo para poner un ejemplo, Ana Patricia Díaz, habitante del departamento número 12 en el edificio 4015, muestra las grietas derivadas de la falta de mantenimiento sobre los sistemas de drenaje y el propio inmueble.
Ante el temor de los vecinos por lo que se avizora como un inminente colapso, “hace dos años vinieron los bomberos y explicaron que el edificio se caería”,  sugiriendo que solicitaran una reubicación al Ayuntamiento de Guadalajara, y éste, a través de la Dirección de Obras Públicas, el 17 de octubre del 2007 emitió un dictamen técnico que establece lo siguiente:
“El edificio de 4 niveles donde se encuentran (en cada departamento) dos recámaras, sala, comedor, cocina, baño y patio, presentan fracturas en muros a 45 grados en recámaras, baño, sala y cocina, en varios de los departamentos en mal estado con escurrimientos sobre la plataforma del edificio provocando un asentamiento de muros transversales”. Ante esto, y pese a la falta de recursos de los vecinos, se les exigió “un estudio de mecánica de suelo”.
En el rostro de Ana Patricia Díaz esto sembró  más el temor, pues hasta el momento, los vecinos no han podido pagar por dicho estudio, y aseguran que su edificio --que claramente se percibe inclinado-- pueda colapsarse.  Como si se tratase de un mal presagio, en las letras pequeñas del dictamen, localizadas en la parte inferior, dice textual: “Nota importante: los propietarios de la construcción serán responsables de cualquier riesgo o accidente que se provoque tanto en su propiedad como daños a terceros”.

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