Jalisco | Operativo. Ambulantaje en el Centro Comerciantes del Santuario piden que no los reubiquen Las obras por la construcción de la Línea 3 del Tren Ligero causó un desplome de sus ventas Por: EL INFORMADOR 29 de noviembre de 2015 - 03:59 hs Tradición. Algunos ambulantes tienen más de 40 año en la plazoleta. EL INFORMADOR / P. Franco GUADALAJARA, JALISCO (29/NOV/2015).- El Jardín del Santuario ya no existe. Las obras para la construcción de la Línea 3 del Tren Ligero prevalecen en el sitio ya que en el lugar se contempla una estación del nuevo transporte. Los comerciantes de buñuelos, cañas y cocos apelan a la “tradición” para no ser desalojados por el Gobierno municipal de Guadalajara que busca aplicar los reglamentos de banquetas y calles libres como lo ha hecho en el Centro Histórico y la calle Obregón. Aunque el Ayuntamiento de Guadalajara no quiso adelantar las acciones a seguir, El Santuario entra en la segunda etapa para limpiar de ambulantes el polígono del Centro Histórico, según su propio programa. Sin embargo, los comerciantes de El Santuario no se consideran ambulantes. La tradición de este lugar son las nieves raspadas, los buñuelos y el juego de caña. Una veintena de puestos se instalan sobre la calle Pedro Loza, entre Juan Álvarez y Manuel Acuña. Desde que empezaron las obras en la zona las ventas cayeron 80%, las licencias mostradas están en regla y la dirección de Padrón y Licencias les ha suspendido el pago hasta junio de 2016, como una forma de ayudarlos ante la situación económica del lugar. “Esto es una tradición, comer buñuelos y jugo de caña en la calle de Pedro Loza. Esto es una tradición, mi familia tiene 75 años vendiendo buñuelos aquí”, dice Jorge Sonora. El hombre de piel curtida y con una infinidad de oficios a lo largo de casi 70 años de vida, afirma que su mamá la señora María del Refugio es una “leyenda”, por lo que no pueden irse de la zona. El comerciante muestra sus documentos y afirma que no pertenece a ningún sindicato, que no está agremiado porque los “líderes se venden”. El Ayuntamiento de Guadalajara calla. No da una postura con respecto al futuro de los comerciantes del Santuario. María de la Luz Contreras dice tener 47 años vendiendo buñuelos en la zona. Pide a la autoridad vender por lo menos lo que resta del año, ya que en su caso particular, ya es una persona de la tercera edad, con una cirugía de columna, la cual muestra la cicatriz y se pregunta “¿quién me va a dar trabajo si dejo este oficio?”. LA FRASE "Estoy de acuerdo en que nos modernicemos, que no se vean fachosos los puestos. Como comerciantes necesitamos modernizamos, pero solicitamos que no se nos reubique". Jorge Sonora, comerciante. CRÓNICA Dispuesto a defenderse Su caminar es pausado y su semblante alegre. A primera vista David Domínguez Flores, de 45 años, líder de la asociación civil Paz y Bien Común Tao, que aglutina a más de 100 ambulantes de la zona conocida como El Banquetón frente al mercado de San Juan de Dios a un costado de la Avenida Javier Mina, se confunde con un comprador más o un peatón. Él vende lonas en su puesto, pero apenas puede atenderlo. “Mi hija me ayuda a atender mi puesto. Casi no estoy ahí porque hay que ver que todo marche bien, que los puestos estén limpios, con sus números, que los que atienden vayan presentables. También tengo obligaciones con la asociación y tenemos un comedor gratuito en el atrio del templo de San Juan, aquí en la esquina de la Calzada Independencia y Javier Mina de lunes a viernes”, justifica al agregar que los puestos que controla, además del banquetón, se extienden por la Calzada Independencia hasta Gigantes. “Soy hijo de un aseador de calzado. Nací en San Juan de Dios, aquí empecé mi vida, aquí crecí, aquí sigo y aquí seguiré. Uno lo lleva en la sangre. Mi papá lideraba a los aseadores de calzado. Él me enseñó a ser atento, educado y a pensar en los demás”, dice orgulloso. Para él, el comercio ambulante no es un oficio cómodo, y en el barrio de San Juan de Dios es más complicado. “Cuando entré a la escuela, en las tardes, después de clases le ayudaba a mi papá. Trabajaba de ayudante con los payasos, los merolicos. Aprendí las estrategias de los merolicos, de los comerciantes. En las mañanas llevaba bolsas de menudo, cajas de mercancía, era cargador”, recuerda sus inicios hace más de 35 años. Su historia la cuenta durante un recorrido entre los puestos. Esa tarde había decenas de personas en la zona, comparando precios y comprando. “Ya poco a poco empiezan las ventas de temporada”, apuntó. “Mi intención era estudiar al terminar la secundaria, no pude. La labor del comerciante es muy triste, en esa etapa, yo lo viví, fue muy duro. Era adolescente. Te prestas a riesgos morales, riesgos sociales, uno es vulnerable porque uno no tiene educación, la educación la vas adquiriendo a base de golpes. Luego me fui a la iglesia Virgen de Guadalupe Reina del Tepeyac, ahí empiezo a crecer espiritualmente con la instrucción de franciscanos. Regresaba ya en las noches y me sentaba en algún lugar y veía el panorama de San Juan y me ponía a llorar por la impotencia. Decía, ¡como quisiera yo ser rico, millonario empresario o lo que sea para poder hacer algo!. Luego conocí a un párroco que me pagó un curso de relaciones humanas”, retoma su relato y agrega que las oportunidades que él no tuvo se las dará a sus hijos: “Mi hija que me ayuda, por ejemplo, va a estudiar para abogada”. Ya adulto, intentó crear dos asociaciones civiles, hasta que comprendió que quienes lo necesitan son los comerciantes. “Conocí personas relacionadas con derechos humanos, me guiaron, regresé a la parroquia y formé primero dos asociaciones civiles. Estuve en alcohólicos anónimos y me enseñaron mucho. Luego me encuentro con que los comerciantes tenemos la necesidad de que alguien nos respalde. Hemos sufrido con administraciones panistas y priistas, nos han ninguneado, nos han querido humillar, y aquí seguimos. Tenemos siete años con esta organización y aquí estamos”. David Domínguez se define como un hombre sencillo, con fe y amor a Dios, pero dispuesto a defender su causa y a su familia. “Yo creo que a estas alturas no podemos regresar atrás, debemos mejorar. El comercio ambulante es una actividad típica. Muchos de los que están acá en el banquetón llegaron jóvenes y ahora están viviendo su tercera edad. Es la vida que nos enseñaron y es honesta. No estamos asustados a lo que la autoridad diga o pueda actuar, nosotros estamos asustados de que falte el sustento en nuestras casas, porque un pueblo con hambre, siempre lo he dicho, es peligroso, y aquí no es una amenaza, ni un reto, todo lo contrario, nosotros estamos dispuestos a que no se termine el comercio, que se mejore”, concluye y se retira a ayudar a su madre, Natalia Flores, quien a unos metros empieza a desinstalar su puesto en el que vende agujetas y plantillas para calzado. Temas Ayuntamiento de Guadalajara Comercio ambulante Lee También Con "Raymond" cerca, Guadalajara espera lluvias a esta hora del viernes Fiestas de Octubre 2025: cartelera por fecha en el Auditorio Benito Juárez Clima en Guadalajara hoy: el pronóstico para el viernes 10 de octubre de 2025 Cine al aire libre en Guadalajara: Cartelera del 9 al 12 de octubre Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones