Viernes, 10 de Octubre 2025
Jalisco | Desde hace casi un cuarto de siglo se instala el mercado callejero de Avenida Inglaterra

Al que madruga, el tianguis lo ayuda

Hay para todos. Pero eso sí, el que llega primero es al que mejor le va. Sea vendedor o comprador, mientras más temprano, mejor mercancía y mayor clientela.

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO.- El sol comienza a salir. Todavía se alcanzan a escuchar los sonidos de la noche, y Humberto Villanueva se estaciona justo a lado de las vías del tren y comienza a bajar su mercancía. Es gracias a su amor por la música mexicana, que realiza con agrado la venta de discos en el tianguis que se instala todos los martes, desde hace 24 años, en la Avenida Inglaterra.

Como él, vendedores arriban a partir de las seis de la mañana para preparar el puesto y comercializar sus productos. El vendedor de lácteos, como quesos y cremas, se preocupa porque éstos se mantengan frescos, colocándolos en lugares estratégicos y cuidándolos de cualquier insecto.

Los dueños de los puestos de tacos, sopes, pozoles y otros antojitos mexicanos preparan los alimentos para que puedan cocinarse en el momento en que empiece a llegar la gente. Cortan la verdura, limpian los asientos y las mesas de los clientes y esperan con ansias empezar la jornada.

Los mercaderes de ropa y de productos de belleza son los que más se entretienen en acomodar la mercancía: “Vestidos de moda, pantalones de mezclilla, blusas de temporada, camisetas de imitación y originales de marcas estadounidenses, zapatos para la playa, entre otros artículos, son los más elegidos por los compradores, en su mayoría mujeres”, comenta Iselda, encargada de un puesto.

Relojes, aparatos eléctricos y discos compactos “pirata” son los favoritos de los “marchantes”, indica Ramón Corona, quien lleva 15 años rentándole al Ayuntamiento de Zapopan su puesto en el tianguis. “Es muy fácil, sólo se les paga 27 pesos por semana para utilizar el espacio un día por semana, y las bases corren por nuestra cuenta”, dice.

Dan las 7:45 y el mercado abierto se empieza a ver poblado. Amas de casa, sirvientas y señores de la tercera edad son los que más sobresalen. Consumen jugos naturales, ordenan desayuno, y compran fruta y pan dulce para llevar a casa.

A las nueve en punto, los puestos de comida se abarrotan. Las sillas ya no alcanzan y los clientes prefieren comer parados; los cocineros trabajan con rapidez para atender a todo aquel que quiera consumir sus delicias.

“Señora, ¿no le hace falta la cuchara salsera?, ¿quiere cuchara?”, pregunta una vendedora, a las señoras que caminan por los pasillos.

Vienen de practicar ejercicio, recién salidas de la cama, todavía mojadas del pelo por la ducha, pero prefieren llegar temprano para escoger la mejor fruta, verdura, pollo o pescado, y preparar una rica comida para la familia.

Los “comerciantes”, como se hacen llamar entre ellos, sienten empatía unos con otros. “Siempre hay alguien que trae cambio, que ayuda a sacar adelante el changarro, lo que sea para el cliente. No hay lucha de egos, es lo bueno de que haya variedad de productos, por eso no nos peleamos entre nosotros”, señala Humberto, vendedor de discos de música.



EL INFORMADOR/ITESO/María Belén López Dávalos

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