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Domingo, 22 de Septiembre 2019
Entretenimiento | Compositora, arreglista y baterista tapatía formada en Berklee College Music

Inés Velasco Montiel: sueño cumplido a ritmo de jazz

La compositora, arreglista y baterista decidió dejar Guadalajara para formarse en Berklee College Music

Por: EL INFORMADOR

El camino de Inés Velasco Montiel apenas ha comenzado, pero suena prometedor. FACEBOOK / ines.v.montiel

El camino de Inés Velasco Montiel apenas ha comenzado, pero suena prometedor. FACEBOOK / ines.v.montiel

GUADALAJARA, JALISCO (21/OCT/2014).- Músico, compositora y arreglista, la tapatía Inés Velasco Montiel, egresada del Berklee College of Music, radica actualmente en Boston, Massachusetts (Estados Unidos), a donde fue a estudiar porque, como en no pocos casos, cuando descubrió lo que deseaba hacer con su futuro y eligió una profesión, las opciones formativas que la ciudad y el país le presentaban no eran las adecuadas o simplemente no existían.

En este sentido, la escuela donde estudió no es una institución cualquiera; fundada en 1945, se trata de la universidad privada de música más grande del mundo y cuenta con muchas facultades, personal, alumnos y artistas visitantes destacados; ahora, la jalisciense —que es una de las pocas bateristas femeninas de jazz en la escena internacional— es tutora dentro de sus programas y, asimismo, desarrolla proyectos personales de colaboración con destacados profesionales.

En agosto de 2009, gracias a una beca de Berklee, Inés salió del país para estudiar música: “Tenía muy claro desde mi adolescencia que quería ser músico y estuve buscando por un tiempo opciones en México (Fermatta, el Conservatorio Nacional), pero en un campamento de jazz que tomé en Jalapa en 2007, varios maestros de Berklee —Víctor Mendoza y Víctor Stagnaro— me platicaron y surgió una conexión gracias a la cual empecé a darle vueltas a mi idea de ir a esa escuela”.
Una vez aceptada su solicitud, se dirigió a Boston para llevar a cabo una entrevista en la escuela y medio año después llegó allá para convertirse en la primer miembro de su familia que estudiaba en el extranjero: “Mis padres fueron y siguen siendo un apoyo incondicional, supieron lo importante que era para mí estudiar acá; además, en los primeros años obtuve una beca que fue creciente y me apoyó también una organización”.

El amor por el jazz

Quizá la historia de Inés comienza con anterioridad; cuando tenía escasos 13 años y comenzaba a estudiar batería, Velasco comenta que “en Guadalajara el jazz no tenía la fuerza que hoy en el ámbito cultural; entonces escuché un disco que un amigo de mi padre (que fue a estudiar a Los Ángeles) le prestó para que lo escuchara, era de Bill Evans y, al oírlo, me abrió la cabeza tremendamente. Me enamoré del jazz y quise estudiarlo”.

Por aquellos días, insegura acerca de cómo “estudiar jazz”, contempló como opción el conservatorio; su formación previa era en el piano (desde los cuatro o cinco años de edad), pero lo abandonó a los ocho, sin que eso implicara dejar la música. Vendría luego la batería, con la que mantendrá su más estrecha relación instrumental.

Cuando estuvo en Boston, “la ciudad me encantó, a pesar del cambio que significó, me costó trabajo el trato con la gente —allá es distante y los latinos somos más abiertos— y el clima, que es muy frío; fuera de eso, todo marchó bien, porque estaba feliz con lo que estaba haciendo, tenía mucha energía y ganas”.

Con todo, a pesar de estar entregada a la batería, Velasco decide después entrar a la carrera de composición de jazz “porque me llamó la atención y comencé a notar las posibilidades que había y quise aprovechar, hacer algo distinto. Elegí composición aunque no había escrito nada y seguí estudiando. De hecho, ahora es casi lo único que hago”.

Una escena que crece

Consciente de la oportunidad que fue capaz de aprovechar y las vicisitudes que hubiera podido enfrentar en su país de origen para desarrollarse en ese campo, la compositora destaca que se enamoró del jazz “y allá (en Guadalajara) no había opciones; incluso en el DF habría sido complicado. Por fortuna, en los años que he estado acá he notado cómo ha crecido el jazz en México; ha sido rápido y me da mucho gusto, siento que hay más oportunidades de las que tuve yo, por lo menos de escucharlo”.

En la actualidad, detalla, en cuanto al desempeño profesional ayuda que “Boston es una ciudad vertida a las universidades; la gente está de paso, toma lo que necesita, perfecciona sus talentos y luego se va; hay suficientes lugares para tocar y colaborar con diferentes músicos (aunque no como Nueva York o Los Ángeles, desde luego”.

Graduada el pasado mes de diciembre, ahora solicitó su “visa de artista” para continuar trabajando en los Estados Unidos: “La idea es permanecer acá porque tengo en la mira una maestría, pero tengo ahora proyectos y doy clases, suficientes cosas para mantenerme ocupada los años siguientes”.

Entre estos planes, Velasco relata que se halla en puerta una colaboración con el músico Jerry López para hacer arreglos, además, “tengo la idea de hacer un disco propio y comenzaré a buscar los fondos para ello; será un material orquestal basado en los poemas del libro ‘Descripción de un brillo azul cobalto’, de Jorge Esquinca, un poemario que significa mucho para mí”.

La idea de aportar

México, en este contexto, dice la compositora, “me viene a la mente, pero para el futuro; ahora no me siento capaz de adelantar nada, pero me agradaría regresar para aportar, como lo hizo Gilberto Cervantes, que de Berklee fue allá para fundar el proyecto de Fundación Tónica. Hoy no me siento con las herramientas necesarias”.

Sin embargo, aclara Inés, “tuve la oportunidad y el apoyo, moral y económico, para poder venir a estudiar acá y sería importante regresar, para dar algo a la gente que no puede estudiar fuera del país; de hecho a eso me dedico en buena medida, me gusta la docencia (doy clases de armonía y arreglos)”.

En este momento, sabe la baterista, “tengo dos casas, la mía allá y en la que estoy acá. Estoy partida. Llevo cinco años acá, con todo el apoyo familiar, trabajando con todo el tesón para estar donde ahora. En este instante no valdría la pena regresar a México; tengo claro que este esfuerzo debe resultar en algo más. No es una opción ahora, debo seguir mi camino”.

Para Velasco Montiel, si hay algo importante para enfatizar es lo fundamental que fue “poder escribir música; a veces a los bateristas —como a los cantantes— se nos mira como personas que no entendemos más que lo que hacemos; para mí fue gratificante descubrir algo que no tenía en plan y que es lo que hago ahora, por lo que obtenido premios y distinciones. Me dedico hoy, casi de forma exclusiva, a componer; y jamás lo pensé”.

En mayo pasado, para dar una idea de su sitio en la escena contemporánea del jazz, la compositora fue invitada a Holanda a trabajar al lado de la Orquesta Metropol y el cantante Gregory Porter, bajo la dirección de Vince Mendoza —“mi héroe musical número uno”, recalca—, que desembocó en un magno concierto.

TOMA NOTA

Los “más”


• Extraña: a mi familia.
• Complicado: confiar sobre mi vocación, porque llegué a un sitio donde hay mucha gente con talento y me planteé si estaba bien lo que hacía.
• Positivo: encontrar a un maestro de batería –Ian Froman– que logró quitarme de dudas y recuperar el entusiasmo por la música…
• Diferente de un país a otro: el nivel de los maestros, que es acá impresionante y abrumador; es una enseñanza que incluye lo práctico, porque todos están fuera haciendo lo que enseñan…
• Triste: decidir a dónde quería ir y darme cuenta que no sé si regresar a México sea una opción viable…
• Disco más entrañable: “Epiphany”, de Vince Mendoza.

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