Jueves, 04 de Marzo 2021
Entretenimiento | Encuentro de emociones

Depeche Mode, gloria e infierno

Mientras algunos disfrutaron uno de los mejores conciertos del año, otros padecieron el poder llegar a escuchar a su grupo favorito

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO.- “Llévela, barata la camisa de Depech”. Esa fue la primera frase con la que se toparon los asistentes al concierto de Depeche Mode el pasado jueves. Llaveros, tazas, camisas, sudaderas, gorras, programas, fotos, afiches. Todo un mini-tianguis se formó alrededor de la Arena VFG para recibir a los fanáticos del legendario trío de música electrónica.

Como toreros de asfalto, los vendedores sorteaban los vehículos en movimiento para vender algún recuerdo, incluyendo boletos en reventa, que alcanzaban un precio de hasta tres mil pesos. Ya adentro, en el estacionamiento, una larga fila de acomodadores de carros recibían y hacían ademanes con su franela para tratar de acomodar a los automotores. Los más afortunados, por así decirles, lograban un espacio cerca de la Arena, los menos, se conformaban con una larga caminata hasta la entrada del recinto.

El ambiente vaticinaba un concierto de alto calibre. Dos horas antes del show las caravanas de fanáticos ya le daban vueltas a la VFG para “pasar” el rato. Algunos, muchos, optaron por convertir el estacionamiento en una cantina gigantesca donde degustaron de la llamada “precopa” antes del show. Otros curioseaban entre los puestos de vendedores y patrocinadores, en busca de algún recuerdito, que iba desde llaveros de acrílico de 60 pesos hasta sudaderas de 800. La cerveza, para combatir los rayos del Astro Rey o ponerse a tono, se vendía a 60 pesos por vaso, una fortuna o una ganga, dependiendo del nivel de sed.

Adentro...
A las 20:00 horas la temperatura bajaba, pero el ambiente crecía de manera proporcional. Las camisetas con las iniciales, nombre, caras o remembranzas a Depeche Mode en color negro eran el denominador común. Las filas se acceso se veían atestadas de fanáticos que contaban anécdotas sobre la banda, las penurias para llegar hasta allí o cuál era el plan al finalizar el concierto.

No todo era tan sencillo una vez dentro. Los accesos al baño lucieron repletos, por lo que se convirtió en una hazaña soportar la espera o de plano aguantarse, tanto para hombres como para mujeres. Quienes tenían lugar en el ruedo, de pie, lucharon contra los apretones que a la mayoría les impidió moverse, ya no con soltura, sino moverse y ya. Los que pagaron más por estar “hasta adelante” y con silla, vieron cómo su inversión se esfumaba: Todos permanecieron de pie, así que ni hablar, la silla se volvió un escalón o mesita para cervezas.

Pero a las 21:00 horas, cuando las luces se apagaron, cualquier complicación, tropiezo, coraje o hambre se olvidaron, la comunión por Depeche Mode comenzó y todo lo difícil se hizo pequeñito. Quizás al final alguno pensara que no era mala idea comprarle a un “torero” una de esas camisas de Depeche Mode.

Y afuera
Dicen que el camino a la gloría está lleno de obstáculos, y quienes fueron al concierto de Depeche Mode lo comprenderán casi a la perfección. Porque bienaventurados los que llegaron temprano, suyo fue un lugar en el estacionamiento. Y que pena por los que llegaron “patinando”, porque en muchos casos no encontraron otro lugar más que las no muy seguras orillas de la carretera a Chapala a modo de refugio.

El mar de automóviles dentro de la Arena VFG hacía previsible que la salida de regreso a la ciudad sería complicada, pero afuera del recinto, en la carretera, se formaba una tormenta de acero y hule que al final del concierto se convirtió en un tifón que paralizó la arteria y se convirtió en un festín de grúas, que alegremente se llevaron varios de los cientos de autos mal estacionados. Tras el éxtasis de Depeche, fue momento de volver a la cruda realidad del tráfico citadino.

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