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Lunes, 19 de Noviembre 2018
Deportes | La nuestra empieza con una tragedia

La historia de todos los pueblos se inicia con una epopeya

Francisco Avilán tardó más de 14 años en volver a sentarse en un banquillo de primera división

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO.- Manchado para siempre por el escándalo de los “cachirules”, sea cual fuere el tamaño de su responsabilidad, Francisco Avilán tardó más de 14 años en volver a sentarse en un banquillo de primera división (la última había sido el 12 de febrero de 1994), aunque sea para cumplir un interinato con el Jaguares de Chiapas.

El futbol le ha cobrado una factura cara, carísima, que cargará como cruz hasta el último de sus días.

Avilán tuvo, sin duda, responsabilidad en el caso, pero quizá su mayor pecado haya sido no revelar los nombres de los verdaderos culpables del caso que avergonzó al futbol mexicano a nivel internacional y nos costó una sanción severa de FIFA, que nos dejó fuera del Mundial de Italia 1990.

Cargó con la pérdida de su prestigio, de su patrimonio, de su honor, por no atreverse a descubrir toda la truculenta trama incubada en las oficinas del edificio de la Federación Mexicana de Futbol, entonces ubicado en la calle de Abraham González, donde varios de sus empleados se encargaban, por órdenes superiores, de acudir a falsificar actas a distintos registros civiles. Era una costumbre muy mexicana la de alterar edades para mandar a futbolistas mayores a torneos de menores.

Cuando acudió ante un juez de Monterrey a dar su declaración, requerido por un citatorio, Paco Avilán confesó (tras quitarse el crucifijo que llevaba colgado): “Ante la ley de Dios y de los hombres digo que no fueron cuatro, sino 15 los jugadores que tenían edades mayores a las que permitía el reglamento del torneo juvenil”.

Tampoco ha querido hacer pública la innoble exigencia que le hizo Rafael del Castillo, entonces presidente de la Federación Mexicana de Futbol, para que se echara toda la culpa, liberando a los directivos, a cambio de inmunidad y de seguir trabajando en algún equipo.

La historia, por supuesto, no absolverá a ninguno de los que participaron en aquel vergonzoso episodio, pero al menos Francisco Avilán, cuya familia ha cargado con él la pesada cruz del desprestigio social y deportivo, tuvo por fin otra alegría, al vencer Jaguares a Monterrey el sábado pasado.

Por esas paradojas de la vida, la sorpresiva victoria de Chiapas ocurrió en el mismísimo estadio Tecnológico, donde Paco Avilán vivió momentos de gloria como jugador y como entrenador de los Rayados. Y fue, más que tres puntos en la contabilidad del Jaguares, un bálsamo para el alma de la familia Avilán.
Al margen del error que haya cometido en aquel triste episodio, la gente de este medio sabe que Paco Avilán es un buen hombre, un abuelo de 61 años que recibió una pequeña dosis de miel, luego de los grandes tragos de hiel que ha tenido que beberse en los últimos 20 años. Aunque no hace olvidar nada del pasado, al menos parece ser una pequeña recompensa por el amor que siempre le ha profesado al futbol.

José Emilio Pacheco.

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