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Jueves, 21 de Noviembre 2019
Deportes | Por: Francisco Baruqui

De los toros con verdad... por Francisco Baruqui

¡Atención con Aldo Orozco..!

Por: EL INFORMADOR

Decepcionantes los esperados Encinos

En el remate de mi crónica anterior señalaba: —Si se han propuesto hacer las cosas tan mal, no, no les sale tan bien…, y así…

Así, con puente vacacional y no obstante la tarde azul y espléndida, la entrada disminuyó registrándose si acaso un quinto de aforo.  Tarde a tarde de nueva cuenta se va echando a la gente fuera cuando el ganado que se está trayendo dista con mucho de lo que el público quiere por cuanto a presentación y casta, lo que indudablemente desencanta a la ya de por sí escasa concurrencia que no encuentra en el espectáculo que se ofrece la motivación para asistir, y...

Y este domingo no iba a ser la excepción…

Cuando se esperaba que la ganadería de Los Encinos de Martínez Urquidi viniera como deber tuviera, no, ha enviado una corrida carente de presencia y de importancia, conjuntando seis astados terciados con juegos de descastamiento manifiesto en los tres tercios de la lidia; mansurrones, claros los más, sí, alguno como el tercero muy fijo y con nobleza, pero faltos de la transmisión que da la emotividad, derivando en intrascendente sosería, justos de fuerza rodando varios por sobre la arena, pegados al piso y cortos en el embestir, yendo muy obligados a las puyas, con el primero que empujando al penco mal parado y peor montado por el varilarguero, cayó éste dentro del callejón.

Floja y aparentemente “joven” -aunque astifinos, que hay que decirlo también-, por el tipo anovillado que tuvieron, propiciaron gritos en contra del ganadero y el juez con coros casi unísonos de recordatorios familiares del más puro estilo becqueriano que inundaron la plaza a lo largo del festejo.

Oscar San Román, vistiendo un terno verde con corte, bordados, hombreras, delanteros y machos con pañuelo a guisa de corbatín a la usanza del siglo XIX, tuvo una actuación muy decorosa, tanto de capa como de muleta, con empeño, voluntad y tesón destacando buenos momentos en el toreo por abajo por los dos lados, denotando su cualidad de temple que se le aplaudió ante bureles sosotes a los que se impuso matando con gran efectividad de dos estocadas, sobre todo la del cuarto, que le valió saludar en el tercio.

Cuando Alfredo Sahagún, quien al frente está de la administración de la plaza me comentó de Juan José Padilla, le dije que el jerezano, valiente cabal como el que más, espectacular y bullidor, le dije que para lucir necesitaba del toro cuajado, encastado y serio a fin de llegarle a los tendidos, ya que se trata de un torero que pone todo de sí para justificarse y está acostumbrado a ganado con sobrada imponencia y bravura…

Pero con lo vino de Los Encinos, y más llevándose en su lote el absolutamente impresentable segundo, que cuando mucho para festival de señoritas toreras serviría, más que difícil sería que el alegre como mal vestido torero hispano -por demás toreado terno naranja con plata con dibujo cuadriculado y remates en pasamanería en negro y el chaleco con delanteros del mismo color que define el estrafalario gusto del valientísimo matador-, pudiera proyectarse en la tarde de su presentación ante el escaso, muy escaso, escasísimo público tapatío.

Por ello, sin toro, Juan José, todo voluntad y empeño, destacó con largas cambiadas de rodillas y lances a pies juntos con la capa, cubriendo en sus dos el tercio segundo dejando constar que encuentra burel en cualquier parte del ruedo y clava igualando espectacularmente en la cara en cuarteos y al sesgo como un violín -par de bisutería pura que impacta en el espectador sensiblero-, y con la muleta…
Con la muleta, dejando a un lado el intrascendente novillejo primero suyo, con el quinto, una res fea de hechuras, badanudo -la piel sobrada y colgante de sus pechos-, verdaderamente corniausente de cabeza que hiciera proferir a un aficionado: “¡Aguas que te muerde, guey…!”, dentro del más puro costumbrismo lingual de la presente época, Padilla se dio a una larga, muy larga, larguísima labor con ayudados por abajo con la diestra y al natural con la zurda ajustándose y transmitiendo por un oficio sobrado y las excelentes condiciones de que goza.  Planteó bien la faena dándole dimensión lo que le valió que al cobrar entera en sitio se le otorgara una oreja de la res, saliendo de la plaza apenas dar la consabida vuelta al anillo.

Y de verdad que alienta ver los avances de un espada joven con una actitud decidida y un valor entero serio, sin efectos y sí con fondo, como es Aldo Orozco, cuando el torero de la tierra, luego de ganarse a ley su inclusión dadas las actuaciones triunfales que ha tenido en cosos del interior, ha brindado una actuación halagueña que por fallar con los aceros no consiguió tocar pelo con los apéndices, pero sí dejando constancia de que hay en él una carta fuerte que se va a proyectar.

Bien vestido de caña y oro, con el cardenito tercero lució a pies juntos y hasta tres remates como revoleras con la punta del percal, para impactar en ceñidas gaoneras provocando la ovación, para con la flámula plantear la faena iniciando con dos péndulos de gran aguante, continuando con la vitolina en las series con la mano diestra mandando y templando con sitio encajando los riñones, muy reunido acompañando echando mano de la elasticidad de sus muñecas y clavando las zapatillas en la arena.  Vino el natural con la izquierda, volviendo con la derecha en dosantinas y cerrando con antiguas giraldillas, hoy mejor conocidas merecidamente como bernadinas, toda vez que mi torero amigo, el esteta catalán Joaquín Bernadó, las pusiera en boga para, ¡ayy..!  pinchar en dos viajes metiendo entera al tercero saliendo rebotado para dar muy merecida vuelta entre el batir de palmas de la afición.

Con el que cerró función, un ejemplar más serio que medía mucho al torero y se quedaba corto, me vale decir que ha estado en todo un matador de toros, pensando en la cara, dándose de verdad, buscando a toda costa lucir ante una res  que no valía.  Supo Aldo, a base de consentir e insistir poniéndose en el sitio, inventarse una faena muy prolongada, importante por donde quiera que se le mirara, que le valió recibir un aviso del palco para terminar de estocada entera tendenciosa y descabello al segundo golpe.

Ahí hay un torero con mucha proyección que conecta rápido con los tendidos al que hay que apoyar, sobre todo en este tiempo en el que urge que salgan coletas mexicanos que vengan a renovar la tan ya gastada baraja nacional que obliga a carteles de piedra que poco o casi nada interesan con veteranos que han dado lo que dar pudieron.  Merecida repetición se ha ganado el guadalajarense, pero con un cartel por cuanto a toros y alternantes de mayor categoría, que sí…

Y hablando de veteranía, bien que una carrera exitosa con matices que le valieron llegar a figura del toreo llegue a su fin.  El pequeño diestro de Monterrey, el inteligente, simpático y gran conocedor de masas que es Eloy Cavazos se despide en su natal tierra regiomontana.  Que tenga un retiro justo cuando frisa la sesentena de agostos, dejando un palmarés en el que figuran sendas campañas españolas que le valieron el sitio prominente al que llegó.  No olvidaré un San Isidro madrileño ante un torazo de Mercedes Pérez Tabernero, castaño de pelo y con 605 kgs. de romana ante el que casi no se veía el paisano que estuvo enorme, que le valió merecidamente, allá a principios de los setentas, una puerta grande de Madrid.

Suerte grande y de la buena, amigo Eloy, y a disfrutar lo que con tanto esfuerzo en los ruedos del mundo supiste ganar…

francisco@baruqui.com

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