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Martes, 12 de Noviembre 2019
Deportes | Por Jaime García Elías

* Lozano

A propósito por Jaime García Elías

Por: EL INFORMADOR

La decisión de la Comisión Disciplinaria de la Federación Mexicana de Futbol, de suspender a Jaime Lozano, por un partido, “por haber engañado al cuerpo arbitral”, y, con ello, obtener una ventaja ilícita para su equipo, el Cruz Azul, en el encuentro del sábado pasado ante el Puebla, era perfectamente previsible. Y no tanto porque la Comisión de marras se signifique por el rigor con que aplica el cacareado “fair play”, sino porque el ruido mediático que rodeó al episodio no le dejaba alternativa.
Era, en efecto, la clásica “carambola hecha”.

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Para sancionar a Lozano, los ilustres solones del futbol mexicano “estudiaron” el video del partido en cuestión. Repasaron el lance ocurrido en el minuto 50: una barrida de Jared Borgetti, en acción defensiva, sobre Jaime; la caída de este último... y la precipitada sentencia del silbante Erim Ramírez: penalty. Penalty que el mismo Lozano remitió, de una coz, al 4-4 con que se escribió ese capítulo de la historia.
Los jueces de los jueces --es decir, los críticos-- procedieron, como suelen hacerlo, a desgarrarse las vestiduras. Removieron archivos. Se refugiaron en las estadísticas (“la inteligencia de los mentecatos”, las llamó alguien). Resolvieron, en fin, que si en un pasado reciente, por acciones similares hubo sanciones para Christian Giménez, del Pachuca, y Vicente Matías Vuoso, del Santos Pachuca, con Lozano procedía hacer otro tanto.

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La pieza falsa en este rompecabezas, aparentemente armado a la perfección, estriba en que, vistas las cosas objetivamente, Lozano --quien jura que Borgetti sí lo tocó-- se limitó a caer. Punto. Nunca se sabrá qué hubiera sucedido si el silbante no hubiese marcado nada (la falta que, según los “expertos”, no existió) y hubiera dejado continuar el juego. Porque nadie tiene acceso a la caja negra de su cerebro, nunca se sabrá si Jaime hubiera reclamado un supuesto penalty.
La pifia mayor, en el caso de que pudiera demostrarse, sin lugar a dudas, que no hubo contacto físico en la jugada y que Lozano tuvo la intención deliberada de engañar al silbante para conseguir un beneficio ilícito, tramposo, antideportivo para su equipo, habría sido, pues, del árbitro.
Porque falta decir eso: que así como no todo lo que cae de los árboles se come, no todo lo que cae en el área, en un partido de futbol, se sanciona con penalty. (Y eso lo saben muy bien los buenos árbitros...).

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