Sábado, 18 de Octubre 2025
Cultura | Por: Enrique Navarro

Visiones de Atemajac

Un renovado ex Claustro de Santa María de Gracia (3)

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO.- Ahora bien, ¿cuáles eran las dimensiones y dependencias del convento original? Se trataba de un conjunto monumental inscrito en un polígono irregular que abarcaba desde las actualmente llamadas calles de Juan Manuel (al Norte), Hidalgo (al Sur), Belén (hacia el Poniente) y Calzada Independencia (por el Oriente), todas ubicadas en el Centro Histórico de Guadalajara.

El conjunto incluía un claustro principal y cuatro secundarios, el templo, el Colegio de San Juan, un área para las pequeñas casas de las religiosas, la huerta, el corral, una capilla para entierros y numerosas dependencias para los servicios y dormitorios de las sirvientas. Precisamente, en el claustro que actualmente ocupa la Escuela de Artes (hoy División de Artes y Humanidades), ubicado en el nor-poniente del polígono, se encontraba el almacén, la panadería, la enfermería y el dormitorio de la servidumbre.

Llega hasta nuestros días, gracias a los buenos oficios del profesor Ramón Mata Torres, una copia del plano del conjunto conventual levantado en 1871 con objeto de trazar la proyección de las nuevas calles decimonónicas (actuales Venustiano Carranza e Independencia) con la consecuente demolición de las áreas afectadas.
La Reforma trajo importantes beneficios a la frágil República, pero se valió, por desgracia, también hay que decirlo, de una picota particularmente destructora.

Es cierto que era imprescindible fortalecer la viabilidad de las leyes e instituciones republicanas separándolas del hermano incómodo e insaciable, es decir, el clero. Pero también lo era –insisto- que tales afanes no tenían que desaparecer buena parte del patrimonio edificado y artístico del país. ¿No hubiera sido lógico que la pléyade de intelectuales, políticos y escritores liberales fueran respetuosos del patrimonio edificado? Lamentablemente no. Fue una generación brillante e ilustrada, pero, límites de la condición humana, en asuntos relacionados con la memoria histórica del país, sus visiones se distorsionaban.

La revancha ideológica podía más. Sus visiones del pasado histórico no siempre eran compatibles con el nuevo proyecto de nación. Dicho pasado incluía, nada más natural, una cauda de aportes materiales y culturales. A muchos de ellos les costaba trabajo asimilar valores del México Prehispánico y el Virreinato: los negaban y, con ello, anulaban sus expresiones edificadas y artísticas. Hacían tábula rasa tanto con las fallas de dichas etapas (que las hubo y muy graves) como con los aportes y cualidades. Parecía que el mestizaje y natural fusión cultural en todos los órdenes de la vida nacional fueran producto de una generación espontánea.

 Al renegar de la vertiente indígena y la criolla-peninsular renegaban de su propia personalidad. Esto, sin duda, ha sido una de las paradojas de la historia nacional, díganlo si no las traumáticas sobreposiciones de estratos y etapas: destruir para crear. Negar para autoafirmarnos. Identidad irresuelta.

navatorr@hotmail.com 

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