Jueves, 23 de Enero 2020
Cultura | Entre la creación y el salón de clases

Víctor Ortiz Partida, de la docencia a la poesía

El escritor es profesor en la Universidad Pedagógica Nacional y en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO.- Aunque para el escritor Víctor Ortiz Partida (Veracruz, 1970) la docencia nunca estuvo contemplada como una opción de trabajo, los azares del destino lo han llevado a desempeñarse, entre otras cosas, como profesor.

No cree que ésta sea una ocupación que requiera de un talento innato, sino que más bien, como reza el dicho popular, la práctica hace al maestro. Pero considera que uno de los requisitos fundamentales es que "te tiene que gustar la gente" y asegura que "a mí eso me encanta".

Ortiz Partida ha estado familiarizado con el hecho de pararse ante un grupo de personas desde hace más de 20 años. Estudió la carrera de Letras en la Universidad de Guadalajara -formó parte de la generación 89-94- y, apenas terminada la licenciatura, fue invitado a integrarse a la planilla de maestros de la Universidad Pedagógica Nacional.

Obtuvo la plaza en esta casa de estudios a mediados de la década de los 90 y sigue ahí desde entonces. Dice que ése fue su primer empleo como maestro, aunque antes de esa experiencia ya se había probado como docente en el Centro de Estudios para Extranjeros impartiendo clases de lengua española.

Las fechas coincidieron. Esa época fue también en la que Ortiz Partida tuvo la oportunidad de publicar su primer libro de poesía, Escrúpulo del minutero (Secretaría de Cultura de Jalisco, 1994). El escritor manifiesta que la docencia y la creación literaria, las facetas que constituyen su labor como profesional, se formaron paralelamente. Más tarde llegaría una tercera ocupación: el periodismo.

El origen de su experiencia en los medios de comunicación data de 1993. Fue asiduo colaborador del suplemento cultural Nostromo -dirigido por Jorge Esquinca y editado por Mauricio Montiel-, pero hasta 1997 que ingresó al diario Siglo 21 fue cuando entró de lleno a la rutina periodística.

Ese mismo año publicó su segundo título: La sal de los lucientes (Fondo Editorial Tierra Adentro). Su producción literaria dentro del género poético se complementa con Contraventura (Conaculta, 2003) y Arrayán (Bonobos, 2009), la publicación más reciente.

Durante su estancia en Siglo 21 ocupó el puesto de reportero. Las "tres cosas se mezclaron" entonces: dar clases, trabajar como periodista y la creación literaria.

Posteriormente pasó a los diarios tapatíos Mural y Público -de este último fue editor de la sección cultural hasta 2005-. Actualmente es coeditor de Luvina, revista literaria de la Universidad de Guadalajara.

Por ahora, el escritor se desempeña como profesor de la materia optativa de Literatura Mexicana Actual en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), continúa como docente en la Universidad Pedagógica Nacional, imparte un taller de poesía en el Fondo de Cultura Económica de manera semanal y además cursa la maestría de Filosofía Social.

Pero a pesar del tiempo que implica cada una de estas tareas docentes, administra sus horas para seguir escribiendo. Los textos -o las ideas- se la pasan "revoloteando" en su cabeza hasta que encuentran su lugar en un papel. Puede ser la hoja de un cuaderno o una simple servilleta. Eso es lo de menos.

Para entender lo que la docencia ha significado para Víctor Ortiz Partida es necesario regresar a sus tiempos de estudiante. "Esa época fue muy importante para mí porque estudié lo que me gustaba y ahí fue donde empecé a escribir. Siempre me gustó escuchar a los maestros. Mis primeros poemas los hice escuchando a mis profesores. Ese constante flujo de lenguaje oral, la transmisión de conocimiento en el aula, influyó en mi vocación".

La forma en que un creador afronta una clase

"Algunas clases pueden ser muy rígidas, pero en la materia del ITESO, por ejemplo, tengo la ventaja de que yo creé el programa. Hice investigación, consulté con otros expertos, fijé ciertas lecturas, pero siempre trato de crear algo nuevo cada día. Para mí cada clase es una creación. Así es como trato de verla. Me ayuda el hecho de que la materia es una especie de seminario; todos los alumnos participan, es un proceso muy enriquecedor. No es lo mismo en la Universidad Pedagógica, porque todos mis alumnos son maestros. Ahí es diferente. Pero, de manera distinta, disfruto las dos clases".

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