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Jueves, 20 de Junio 2019

Tlaquepaque, magia intacta

Descubre un rincón de artesanías de alfarería, textiles, vidrio soplado, casonas del siglo pasado y sobre todo, mucha vida
 

Por: Francisco González

Tlaquepaque, magia intacta

Tlaquepaque, magia intacta

Escribir sobre viajes puede que me haya alejado varias de veces del terruño, pero en ningún momento olvidé de dónde vengo. ¿Quién podría? Los caminos de la infancia y la juventud están allí, presentes de forma constante en el corazón. Los caminos donde aprendimos a explorar están en nosotros, a pesar de la distancia, y siempre listos para ser recorridos una vez más y mostrar que lo conocido tiene siempre un nuevo sendero por regalarnos. Lo creo y lo sé, porque en mi mente siempre está uno de esos lugares. En mi corazón está Tlaquepaque.

O mejor dicho, para orgullo de sus habitantes, San Pedro Tlaquepaque, ciudad y municipio que está a un ladito de la Perla Tapatía. Un vecino que se convirtió en hermano. Que es tradicional, pero al crecer y modernizarse, no renunció a su esencia. Es todavía cuna de artesanías de barro, de plástica y de pintura. De sabores exquisitos y de miles de aromas que nos acompañan en todo momento.

Un camino por el corazón de Tlaquepaque incluye forzosamente transitar por la Parroquia de San Pedro Apóstol. Su fachada en blanco impoluto, cantera y solitaria torre son estampas tradicionales del corazón de este también Pueblo Mágico.

Para quienes gusten conocer un poquito de historia, la parroquia comenzó a construirse por los franciscanos en 1670 y terminada en 1813, justo en los años en los que la presencia española comenzaba a derrumbarse en nuestro país. En su interior, encontramos un altar dedicado a Nuestra Señora de Guadalupe, así como un cuadro dedicado al santo que da nombre a la parroquia, la ciudad y el municipio: Pedro.

La parroquia forma parte de un conjunto más amplio: El jardín Hidalgo. ¡Ah!, son miles las historias que se han escrito entre sus jardineras, palmeras y vendedores de fritangas. Romances consolidados y flirteos fallidos, paseos familiares y solitarios en busca de una respuesta han marcado por décadas el movimiento que aquí se observa.

Pocas experiencias son tan intensas como caminar un domingo por la mañana por las calles de “San Pedrito”. Es transitar una ciudad con espíritu de pueblito. Es caminar por senderos empedrados y negocios trasnacionales. Entre llaveros de plástico y camisas de tejido moderno con artesanías de vidrio soplado y barro cocido. Es el Tlaquepaque que fue y el que es. El recuerdo y la novedad.

Es imposible no sentirse un poco poeta al caminar por esas calles. Confieso que hay lugares donde me gusta detenerme un momento para admirar su belleza, y si se puede de una vez, entrar para disfrutar de espacios donde parece que el tiempo decidió detenerse.

Me pasa, por ejemplo, con el Centro Cultural Refugio (Donato Guerra 160), hogar de la cultura y siempre con una exposición nueva o un taller para presumir a sus visitantes (antes fue hospital y casa de retiros espirituales).

También me gusta andar, a paso lento (porque para ser honesto es imposible correr entre tanta gente en fin de semana), por el Andador Independencia, siempre bullicioso y lleno de vida, con sus tiendas y galerías. Con arte que no encontrarás en ningún otro lugar y que parece haber escapado del sueño de algún genio. Y así con el Museo Pantaleón Panduro y con el Santuario de la Soledad. Pedacitos de historia viva que esperan tu visita.

SABORES

Uno de los lugares más tradicionales de Jalisco se encuentra en el corazón de Tlaquepaque. ¿Qué comer? La birria de chivo es un clásico que debes probar, acompañada de tacos dorados (ya sea de papa, carne o frijol). ¡Atento!, aquí la torta ahogada se suele servir bien picante, suele ser un punto de encuentro para aquellos que quieren curarse la malvada cruda o nada más romper la dieta.

El Parián está enclavado en plena zona de mariachis y conjuntos tradicionales, así que es probable que acompañes tus alimentos con alguna melodía vernácula.

Está en el Centro Histórico de Tlaquepaque.

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