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Sábado, 15 de Diciembre 2018

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Nuevo tiempo, año nuevo

Con ojos llenos de ilusión y confiados en el Niño que está en los brazos de María, se ha de continuar en el tiempo, en ruta hacia la eternidad

Por: El Informador

En la página del calendario numerada con 365 quedó el punto final de un año ido y que ciertamente no volverá. ESPECIAL

En la página del calendario numerada con 365 quedó el punto final de un año ido y que ciertamente no volverá. ESPECIAL

• Fiesta de la Sagrada Familia
• Dinámica pastoral UNIVA

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA
Génesis 15, 1-6; 21, 1-3

“Abraham creyó lo que el Señor le decía, y por esa fe, el Señor lo tuvo por justo”.

SEGUNDA LECTURA
Carta a los hebreos 11, 8. 11-12. 17-19

“De un solo hombre, ya anciano, nació una descendencia, numerosa como las estrellas del cielo e incontables como las arenas del mar”.

EVANGELIO
San Lucas 2, 22. 39-40

“El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con Él”.

Con las 12 campanadas lentas, melancólicas, al filo de la medianoche, en la página del calendario numerada con 365 quedó el punto final de un año ido y que ciertamente no volverá.

Y ya a nadie le pertenece. Quienes dicen tener en su haber años más años, no son precisos en su decir, porque aunque los tuvieron en raciones de segundos, minutos, horas y días, ellos fueron un perpetuo ir, un ir sin alto y sin retorno; porque el regalo divino llamado vida, aquí, en este globo de colores, va al ritmo del planeta y del sol y del cosmos; y esto se llama tiempo, que siempre es corto porque es tiempo, y pasa porque es tiempo, y es tiempo porque no es eternidad.

Mas el tiempo, corto y fugaz, es el espacio para ir a la eternidad; para ir, para llegar, para gozar a Dios así: “En la casa del Padre hay muchas habitaciones... porque voy para prepararles un lugar; volveré y los llevaré conmigo, para que donde esté, estén también ustedes” (Juan 14, 2-3).

En alto la mirada, hacia el futuro; libres, no encadenados con rencores, con recuerdos negativos de un ayer que ya no es.
Con ojos llenos de ilusión y confiados en el Niño que está en los brazos de María, se ha de continuar en el tiempo, en ruta hacia la eternidad.

Santa María, Madre de Dios “Nacido de una mujer, nacido bajo la ley”. Así anuncia San Pablo el misterio a los creyentes de la galaxia.

Cristo es el regalo de Dios a los hombres, y llegó por María. Maternidad admirable, plena, integral, consciente.

La más responsable maternidad de todos los tiempos, vinculada con pleno conocimiento a la misión personal del Verbo de Dios, quien al hacerse hombre, empezó su existencia en el tiempo en el seno de María; y siempre en íntima unión de Madre e Hijo, hasta la consumación del sacrificio en el árbol de la cruz.

Los pastores fueron presurosos a Belén y encontraron a María, a José y al Niño.

Incontables, los “nacimientos” –o “Belenes”, como los llaman en España-, con mucho o poco ingenio, con figuras preciosas de arte y valor, o sencillas piezas de artesanía, alegran muchos hogares.

Y en todos “el misterio”, y el Niño nunca solo. Los magos ya cercanos, después de largas caminatas en caballo, dromedario y elefante; los pastores, casi hasta no perderlos de vista en torno al pesebre... y cerca, muy cerca, María y José.

Sólo Dios ha podido escogerla, adornarla de gracias y preservarla de toda mancha. “Toda hermosa eres, María, y mancha de pecado no hay en ti”. Así ha cantado el pueblo cristiano, y ha visto en ella a la Virgen pura, a la aurora bella, anuncio alegre del Sol de Justicia, el que asomó en la plenitud de los tiempos para disipar las sombras, para guiar con su luz a los hombres que vagan en tinieblas.

LLENA DE GRACIA

Zagala divina,
bella labradora,
boca de rubíes,
ojos de paloma;
Santísima Virgen,
soberana aurora,
arco de los cielos
y del sol corona;
tantas cosas cuentan
sagradas historias
de vuestra hermosura,
que el alma me roban;
que tenéis del cielo,
Morena graciosa,
la puerta en el pecho,
la llave en la boca.

LOPE DE VEGA

José Rosario Ramírez M.

Necesidades de la familia

Cada ser humano que es concebido, es una realidad sagrada que no debe profanarse. Es un gran misterio que debe ser respetado y cuidado.

El niño no es para uso de los padres. No puede servir banalmente para alimentar ambiciones o vanidades de nadie. No son los padres quienes tienen derecho a un hijo, son los hijos quienes tienen derecho a unos padres.

Uno de los espectáculos más deprimentes de nuestros días, en este avanzado siglo veintiuno, es el que ofrecen los adultos que tratan a los pequeños como muñecos. El hijo no está a disposición de la familia. Está a disposición de una vocación sagrada, insustituible. Y todos deben ayudarle a descubrir, progresivamente, tal vocación, que luego es la tarea seria que ha de desarrollarse en la vida.

Un hijo crece y se hace fuerte no sólo alimentándose y haciendo actividad física. Un hijo crece de verdad si es alimentado y robustecido con un cuidado a base de valores, ideales, ejemplos. Todo niño, debe recibir, en familia, lecciones de vida. Debe aprender la sabiduría que está obligada la familia a garantizarle, no sólo se trata del aspecto de la carrera, del éxito, de los negocios, de los estudios. Un hijo crece a medida que alguien logra despertar en él la conciencia.

La verdadera educación debe llevar al joven a madurar, o sea, a salir del capullo individualista y protegido, para abrirse a los demás. No aquello que tengo derecho a tener, sino aquello que tengo el deber de dar a los demás. No acostumbrarlos a unas manos acaparadoras, sino las manos capaces de dar.

Es necesario hacer entender a los hijos que crecer no significa acumular. Y que no basta correr, que resulta indispensable saber el porqué. No son obreros del hoy, sino forjadores del mañana.

No olvidemos que el valor fundamental que debe orquestar toda la vida de la familia, el que está por encima de todo, es el amor, que es el ceñidor de la unidad de esta la institución más importante de toda sociedad.

El amor es lo que vincula, une, da sentido, garantiza solidez a toda la construcción.

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