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Viernes, 25 de Mayo 2018

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Suplementos | Por: Ma. Cristina Santana de Silva

Guadalajara en un llano

Historias de Panteones en la Guadalajara de ayer

Por: El Informador

En 1960. El cardenal Garibi Rivera en la primera piedra del Colegio de Guadalajara, antiguo Colegio de las Damas del Sagrado Corazón, lo observa el Arq. Julio de la Peña.

En 1960. El cardenal Garibi Rivera en la primera piedra del Colegio de Guadalajara, antiguo Colegio de las Damas del Sagrado Corazón, lo observa el Arq. Julio de la Peña.

“Reviviendo el pasado pero manteniéndonos en el presente que es donde la vida acontece”  

**  En la Guadalajara antigua, cuando existía el sereno que era el encargado nocturno de vigilar las calles, de regular el alumbrado público y de anunciar las horas, era también el encargado de usar el silbato como señal de alarma… las familias se resguardaban y eran los momentos propicios para los cuentos y leyendas de miedo.  

El más interesante era sobre el origen del lugar donde reposaban nuestros ancestros: los camposantos o cementerios que forman una parte importante en nuestra historia y en nuestra cultura.  

En el caso de México, los cementerios se iniciaron durante el virreinato del Rey Carlos IV, quien decretó establecer los camposantos en las afueras de la ciudad, terminando con esto los cementerios dentro de las iglesias.  

Estos adoptaron tumbas de carácter monumental, entre ellos el Panteón de Dolores cerca del Bosque de Chapultepec y el Panteón de Belén en el corazón de Guadalajara, que hoy nos ocupa.  

No hace mucho asistí a una exposición al Panteón de Belén y al ver tantos curiosos alrededor de la tumba de Ignacio Torres Altamirano -NACHITO- recordé su historia que me atemorizaba de niña.  

Nachito murió en 1882 a los cinco años, y toda su corta vida le tuvo miedo a la oscuridad y a los lugares cerrados, por lo que siempre dormía con las luces encendidas.

Pocas noches después de que fue enterrado en el Panteón de Belén, el velador encontró el ataúd fuera de la tumba, pensó que le estaban jugando una broma de mal gusto y lo volvió a poner en su lugar. Como el fenómeno siguió repitiéndose, el velador contactó a los padres de Nachito, quienes entendiendo el mensaje de miedo de su hijo, adaptaron la tumba para que el ataúd quedara por fuera, agregándole veladoras para que el niño pudiera descansar en las noches.

Leyenda o no, es tradición dejar alrededor de la tumba de Nachito dulces y juguetes, que según dicen parecen moverse solos por las noches.  

El Panteón de Belén, cuyo nombre desde el Siglo XIX era el de Panteón de Santa Clara, representa parte de la historia de Guadalajara, ya que alberga 900 nichos de cantera rosa y una capilla central donde estaban los restos de hombres ilustres, hoy reposan en la Rotonda de Jaliscienses Ilustres.  

Vale la pena visitarlo, esperando que las autoridades competentes mantengan impecable este icónico panteón/museo.
Hoy mi columna se engalana con fotos de quienes han tenido las alas del espíritu de la fortaleza y grandes hazañas en la Guadalajara de ayer.  

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