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Domingo, 25 de Febrero 2018

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Durango, la Perla del Guadiana

La ciudad norteña ofrece una fabulosa combinación de cultura, arquitectura, aventura y sabores a los viajeros

Por: Francisco González

El comercio y la explotación del suelo son los motores económicos de una ciudad cuyo Centro Histórico es uno de los más bellos que tiene nuestro país. EL INFORMADOR/ J. Monroy

El comercio y la explotación del suelo son los motores económicos de una ciudad cuyo Centro Histórico es uno de los más bellos que tiene nuestro país. EL INFORMADOR/ J. Monroy

Infinito. Así les debió parecer a los primeros exploradores europeos el Norte de México. Una sucesión de sierras, cañadas, valles, ríos y bosques que iniciaban sin tener un punto final a la vista. Aquellos aventureros anduvieron meses aquí y allá, tratando de dimensionar el país que se abría antes sus ojos, y en algún punto de 1531, llegaron a lo que llamaron el Valle del Guadiana.

Rico en minerales y en recursos naturales, fue en 1563 que la pequeña urbe recibió el nombre de Villa de Durango, en honor a la provincia española donde había nacido quien fue el conquistador de la zona, Francisco de Ibarra.

Durango ganó fama en el Virreinato de la Nueva España por su producción de hierro, primero; y luego, por ser un punto de paso esencial para el “Camino Real de Tierra Adentro”, que enlazaba a la antigua Tenochtitlan con Santa Fe, en Nuevo México.

Volvamos al presente. El comercio y la explotación del suelo son los motores económicos de una ciudad cuyo Centro Histórico es uno de los más bellos que tiene nuestro país. En cantera y con edificaciones conservadas de forma espectacular, se extiende a lo largo de 145 manzanas, siendo sus principales sellos la catedral, el Palacio Municipal y el Museo Regional, también conocido como “El aguacate”, por el árbol de ese fruto que sigue de pie, del lado de la calle Aquiles Serdán.

La arquitectura no es la única razón por la que es buena idea darse una vuelta por Durango. La capital de ese Estado posee una vibrante vida cultural, como el Museo Túnel de Minería (su entrada es por la Plaza de Armas), el Museo Francisco Villa (dedicado al revolucionario) y claro, si quieres una vista general, vale la pena que subas al teleférico, ¡no olvides llevar tu cámara fotográfica!

El paseo y la cultura despiertan el apetito, y Durango es rico en sabores. Antes de entrar a los tradicionales antojitos, te recomendamos visitar la tienda Wallander (Independencia 128), donde venden delicias regionales, especialmente lácteos. Para comer puedes explorar ricas ensaladas, tortas, pan y otras delicias en su cafetería. Si por otro lado quieres un recuerdo, aquí se venden canastas de productos navideños y licores del Estado.

Lo más popular en la gastronomía duranguense son sus esplendidos cortes, carne al carbón y las salsas. ¿Recomendación? Visita el Restaurante La Fogata (Cuauhtémoc 200). Perfecto para ir en familia, pues las porciones son bastante generosas.

Para quedarte, un lugar tradicional es el Hotel Gobernador (Av. 20 de noviembre, no. 257). Solía ser una hacienda de tipo colonial, y ahora cuenta con alojamiento de lujo, solamente a ocho cuadras del Centro de la ciudad. Disfruta de su cafetería, Rincón de Analco, donde se sirven deliciosos desayunos.

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