Jueves, 16 de Julio 2020

Zozobra y miedo, secuelas de visitar el autoservicio de pruebas del CUCS

Quienes acuden a realizarse un test de coronavirus deben esperar entre 24 y 72 horas para saber el resultado

Por: Yunuen Mora

Decenas de personas acuden a diario a realizarse una prueba en el CUCS. AFP

Decenas de personas acuden a diario a realizarse una prueba en el CUCS. AFP

Un cotonete largo entró por su garganta y casi la hizo vomitar, mientras un abatelengua le oprimía la suya hacia abajo para que el palito blanco lograra llegar hasta atrás. Salió una lágrima. “Listo”, escuchó.

Enseguida, otro hisopo entró por una de sus fosas nasales y otra lágrima rodó mientras una persona envuelta en un traje blanco, quien además parecía astronauta, le daba la vuelta al algodón para obtener la muestra. Repitió el proceso en la otra fosa.

“Le llamarán para darle sus resultados entre 24 y 72 horas”, comentó una especialista que acompañaba al “astronauta”, y quien llevaba lentes transparentes, botas azules y guantes de látex del mismo color.

Dos días antes de que le hicieran esa inspección, Vanessa llamó a la línea de coronavirus de la Universidad de Guadalajara (UdeG) que fue habilitada el pasado 14 de abril. Tenía algunos síntomas de gripa, pero debido a su trabajo también estuvo en la calle y la paranoia que inunda las redes sociales la contagió, así que quería descartar que estuviera contagiada de COVID-19.

“Por los síntomas que tiene (escurrimiento nasal, tos y ardor de ojos) y su trabajo, se considera en riesgo. Le sugiero hacerse la prueba. Si me dice que sí, se la agendamos”, le explicó una mujer al otro lado del teléfono. “Está bien, ¿cuándo sería?”, respondió Vanessa.

La fecha y horario se pactaron. Las instrucciones también. Vanessa debía ir en auto, preferentemente sola y, si no maneja, sólo con el piloto como acompañante. También debía llevar una hoja blanca con el número de folio, la identificación en la mano y, esto era lo más importante, no bajar la ventanilla.

Fueron 48 horas de ansiedad y miedo, pero el día de la cita llegó. Diez minutos antes de la hora pactada, ella ya estaba en el Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS).

Había cinco autos adelante del suyo. Esperó. Todos aguardaban su turno en el drive thru de pruebas que comenzó a operar en la tercera semana de abril por la calle Sierra Nevada.

Contó tres minutos al volante. Al llegar a la entrada, un guardia de seguridad le mostró un cartel escrito en mayúsculas: “ALTO”. Se detuvo de nuevo mientras otro trabajador, con una lista en la mano, buscó su nombre y su folio. Los encontró y la hizo pasar. “Lugar uno”.

Como esa mesa estaba ocupada, le pidieron aguardar un poco más. Se pensó a sí misma en un restaurante de comida rápida, así que esperó otros 10 minutos y al fin avanzó por su “orden”.

En cada una de las 10 mesas que observó había al menos tres “astronautas”. Todos cubiertos de pies a cabeza; todos desinfectándose entre una prueba y otra.

Vanessa se detuvo frente a una mesa llena de tubos para muestra, de cotonetes largos (los mismos que la hicieron llorar) y hieleras.

“Te daré un folleto con recomendaciones, para que lo leas. Serán dos muestras: una por la boca y una por la nariz”, le explicó una pasante de Medicina.

Lo que siguió fue incómodo pero breve. Cuando el palito blanco salió de su garganta y los hisopos de su nariz, respiró tranquila mientras se limpiaba las lágrimas de la cara.

En menos de media hora, su “pedido” estuvo listo. “Ojalá sea negativa”, pensó Vanessa. Pero tendrían qué pasar cuatro días para que le confirmaran. Una llamada del Hospital Civil encendió el celular. Sus manos se hicieron agua y la panza se le revolvió. 

“¿Usted asistió a hacerse una prueba de COVID-19?”, preguntó una chica en el teléfono. “Sí, pero no me han dado resultados”, respondió Vanessa. “Fue negativa”, le dijeron en seco.

En esos 43 segundos, el aislamiento en su recámara y la zozobra por pensar que había contagiado a su familia terminaron. 

Coronavirus

Temas

Lee También