Lunes, 15 de Abril 2024

¡Pionero! Un campo de golf ecológico en Burkina Faso resiste a los problemas de sequía

El Golf Club de Uagadugú, la capital, no tiene césped verde que necesite un riego cuidadoso y regular

Por: AFP .

Su campo es de color marrón, con tierra y piedras, preparado con una mezcla de arena y aceite usado. AFP / O. De Maismont

Su campo es de color marrón, con tierra y piedras, preparado con una mezcla de arena y aceite usado. AFP / O. De Maismont

Burkina Faso suele aparecer en la prensa por los ataques yihadistas, los golpes de Estado o su crisis económica. Pero con su campo de golf de tierra ecológico, este país africano con graves problemas de sequía se ha vuelto pionero.

El Golf Club de Uagadugú, la capital, no tiene césped verde que necesite un riego cuidadoso y regular. Su campo es de color marrón, con tierra y piedras, preparado con una mezcla de arena y aceite usado.

"Es un poco menos suave y el putt (golpe que trata de colocar la bola en un hoyo) es un poco más complicado", explica Salif Samaké, presidente del club.

Pero "es un modelo que puede ser exportado a otros países. La única dificultad es que hay que rascar para quitar las piedritas, porque cuando la bola cae sobre una piedra, va hacia todas las direcciones", dice con un aire divertido.

Un campo de golf de gama alta de 18 hoyos tiene un consumo medio de cinco mil metros cúbicos de agua al día, equivalente al consumo medio de una comunidad de 12 mil habitantes, según estimaciones oficiales.

Pero en Burkina Faso, "el agua es un bien muy escaso", recuerda Samaké. "No podemos permitirnos regar un terreno. Aquí practicamos el golf en estado natural", añade.

La sequía es "la primera catástrofe natural en todo Burkina Faso, país del Sahel sin salida al mar", recuerda el Ministerio de Medioambiente en un informe de 2015.

El documento subraya además que un 90% de la población activa trabaja en el sector agrícola, la principal actividad del país.

Una conferencia de Naciones Unidas abordará el miércoles la crisis mundial del agua. En el sitio web de la conferencia, ya se han registrado cientos de proyectos, como la mejora del riego agrícola en Australia o el acceso al agua potable en las islas Fiyi.

La sequía es "la primera catástrofe natural en todo Burkina Faso, país del Sahel sin salida al mar". AFP / O. De Maismont

Fuera de tiempo

En el club de golf, todos son bienvenidos, incluso los principiantes como Nathanaël Congo. Pasa una parte del tiempo recogiendo las bolas perdidas en la maleza que rodea el recinto.

"Es parte del juego. También es lo que hace que el campo de Uagadugú sea atípico", afirma sin darle mayor importancia.

"Al principio me resistía un poco. El burkinés medio piensa que es un deporte reservado a cierta categoría de personas", cuenta este contable residente en Uagadugú.

Burkina Faso está inmerso en una inédita crisis de seguridad, pero los habitantes de la capital siguen disfrutando de una relativa despreocupación.

Al contrario de muchos otros campos, el de Uagadugú también resiste el apetito de los promotores.

"Antes, esto era un pueblo, las personas se dedicaban a la agricultura y la ganadería. Ahora puede ver que el campo de golf está rodeado de parcelas por todas partes", explica Abdou Tapsoba, director deportivo del club.

Tapsoba es el hijo del fundador del campo, un jefe local de la zona que descubrió el deporte en Europa tras la Segunda Guerra Mundial, en la cual luchó para el ejército francés.

En 1972, este jefe pidió a los agricultores abandonar sus tierras para poder construir el campo de golf sus sueños.

Burkina Faso está inmerso en una inédita crisis de seguridad, pero los habitantes de la capital siguen disfrutando de una relativa despreocupación. AFP / O. De Maismont

Especulación inmobiliaria

Los descendientes de los agricultores trabajan ahora en el club. "Son los hijos de estas familias que tiran los carritos (...), aquí hay más de sesenta y viven únicamente del golf", explica Samaké.

Pero también hay una familia que no cambió su modo de vida. Son los Diallo, pastores de etnia fulani que viven en esa zona desde hace 70 años.

Sus tierras permanecieron casi inalteradas, salvo que regularmente llegan las pelotas de los jugadores más inexpertos.

Omar Diallo, uno de los pastores, no se queja de sus vecinos. Sus vacas siguen pastando como siempre lo han hecho. Es más bien la expansión de la capital, sometida a una intensa especulación inmobiliaria, la que amenaza su rebaño.

"Es difícil encontrar pastizales para las bestias, tenemos que llevarlos lejos", explica preocupado. "Mañana no sabemos si nos podremos quedar aquí".

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