Viernes, 14 de Mayo 2021

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Victoria Isabel

Por: Eugenio Ruiz Orozco

Victoria Isabel

Victoria Isabel

Tenía nombres de reina. En vida, se llamó Victoria Isabel Sánchez Torres. No la conocí. Su vocación fue ser policía y murió asesinada en cumplimiento de su deber. Era joven, en plenitud de vida, madre soltera y, como muchísimas mujeres, proveedora y formadora. Al final, su hija de 12 añitos quedó en la orfandad. Frente a una noticia como ésta, nos conmovemos, nos irrita la impunidad con que se conducen los delincuentes y la ineficiencia en su combate. Las autoridades desgarran sus vestiduras, a los caídos se les rinde homenaje, uno de ellos, de cuerpo presente: se aflojan los parches de los tambores, se pronuncian discursos exaltando sus virtudes, reconociendo su valor y su valía, se hace el pase de lista, los clarines tocan “Silencio”, los fusiles disparan salvas al aire en su honor, se promete hacer justicia... Muy bien, así debe de ser, pero ¿quién se va a hacer cargo de la menor pre-adolescente en una de las etapas críticas de su vida? ¿Quién velará por ella?

Seguramente, ni usted ni yo. Tal vez algunos familiares o la abuelita, si la tiene, que “hacía casa” mientras Victoria cumplía con sus obligaciones laborales. No lo sé. Probablemente entregarán a sus deudos algunos recursos que alivien la situación económica en el corto plazo. Pero ¿qué destino tendrá la nueva huérfana por la violencia?

Hoy, en medio de las campañas políticas para la renovación de las alcaldías y los Congresos de la Unión y del Estado, cuando escuchamos a los candidatos -de ambos géneros-, nos sorprende la ligereza con que abordan temas tan complejos como los de seguridad, corrupción o pobreza; la banalidad de una oferta soportada en decir al ciudadano lo que quiere oír, en lugar de plantear con toda seriedad, políticas y estrategias de fondo para garantizar su combate, raya en la irresponsabilidad. La mentira y el engaño son lenguaje común en la búsqueda del voto. Con absoluta desfachatez, los candidatos señalan la paja en el ojo de sus competidores, sin ver la viga en el propio. La falta de castigo a los apóstatas, falsarios y engañadores nos está dañando. Hoy se presentan impolutos quienes apenas ayer militaban en un partido y, cínicamente, ofrecen lo que no tienen, confiando en la frágil memoria de los electores.

Es muy grave lo que pasa, la sociedad se está volviendo insensible. Las nuevas generaciones están habituándose a vivir en medio de la violencia. La cantidad de crímenes de los que cotidianamente dan cuenta los medios informativos ha dejado de ser noticia. Las tumbas clandestinas que un día aparecen y otro también, revelan el creciente número de asesinatos llamados eufemísticamente “ejecuciones”, perpetrados por autores que jamás serán identificados y juzgados. Hemos dejado de creer en el sistema judicial y en las autoridades políticas, no tenemos respeto por la policía y el ejército lo está perdiendo. Vivimos en medio de la ley de la selva. No es sano vivir así, nos estamos enfermando de indiferencia.

eugeruo@hotmail.com

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