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Viernes, 19 de Octubre 2018

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Tráfico: diez minutos antes

Por: Juan Palomar

Tráfico: diez minutos antes

Tráfico: diez minutos antes

Bajo los actuales esquemas, todos estamos sujetos, sin importar el medio de transporte, a las crispaciones y variaciones del tráfico metropolitano. La presión de esos factores incide en dos elementos vitales para toda la comunidad, para cada individuo: su tiempo y su seguridad. Con el deterioro de las condiciones de la circulación cotidiana aumentan los incidentes de tráfico, muchos de ellos con gravísimas consecuencias en vidas humanas, en lesiones, en pérdidas materiales. Es una situación a la que hemos llegado fatalmente, víctimas de un grave desarreglo en la movilidad de la ciudad.

Así, los cálculos de los tiempos de desplazamiento deben ser hechos con el mayor cuidado. Es necesario asumir que existe una responsabilidad compartida en el estado que guardan las consecuencias de un transporte ineficiente, saturado, cada vez más dificultoso y complicado. Esto repercute irremediablemente en los tiempos necesarios para los millones de trayectos que cada día son necesarios para el funcionamiento colectivo.

La crispación, las premuras y las prisas, tan usuales en el transporte individual y comunitario generan un permanente estado de conflicto, de nerviosismo y mal humor. Todo mundo hace lo que cree necesario para llegar primero, para sacarle alguna ventaja a los demás. De allí la agresividad con la que es percibido el movimiento en las vialidades, la falta de consideración por los otros, la cada vez más rara cortesía que debiera ser la norma para una convivencia civilizada, amable, sobre todo eficaz.

Los esfuerzos por mejorar la movilidad metropolitana tienen una finalidad de fondo: mejorar la calidad de vida de todos los usuarios. Ésta resulta de una ecuación en la que la efectividad de los medios de locomoción resulta fundamental. Es bien sabido que la actual tendencia de privilegiar el transporte en auto particular resulta un callejón sin salida. Es más que evidente la cada vez más ubicua saturación de calles y avenidas, la insuficiencia de los estacionamientos, el incremento en la contaminación y en la pérdida de tiempo.

Existe la certeza, y el gradual convencimiento, de que una aglomeración humana que ahora supera los cinco millones de habitantes requiere de efectivos y oportunos modos de transporte colectivos e individuales (el sistema de bicicletas públicas va ganando adeptos). Contra múltiples factores, se avanza trabajosamente en esa dirección. La circunstancia particular de cada usuario del transporte privado hace visible, y urgente, la opción colectiva, siempre bajo los principios de que la movilidad pública sea apropiada.

Por mientras, es necesario volver al asunto de los tiempos. Lo que sí está en las posibilidades individuales, para los desplazamientos de cada persona, es adecuar los tiempos calculados para cada trayecto. Las circunstancias obligan a tomar medidas: calcular en cada desplazamiento un margen extra de 10 minutos: esto reduciría radicalmente el nerviosismo y la crispación vial que tantos perjuicios provoca actualmente.

jpalomar@informador.com.mx

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