Miércoles, 03 de Junio 2020
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Proyecto de los ojalás: para después de la peste (II)

Por: Juan Palomar

Proyecto de los ojalás: para después de la peste (II)

Proyecto de los ojalás: para después de la peste (II)

Ojalá -quiera Dios- que aprendamos, en el tiempo de la peste, y después de todos sus quebrantos, a hacer casas, vivienda razonable. Es ampliamente factible. Veamos primero por qué ahora no lo es. Entre otras cosas por la inepcia, la codicia y la miopía de muchos “desarrolladores” y de muchas autoridades. Ha existido hasta ahora un clima mental en estas instancias -con sus honrosas excepciones- que impide drásticamente hacer 60 metros cuadrados de manera eficaz e imaginativa.

Además, existe hasta ahora una ausencia radical en las instancias mencionadas de una idea lúcida y generosa de lo que es, lo que debe ser, una ciudad. Hasta ahora la ciudad existente no ha sido más que la herramienta para hacer cuantiosas fortunas a costa de los más pobres, a costa de la ciudadanía en general. Ha sido un asunto de buitres, o de hienas. Un asunto de prostitución y ataque a la dignidad humana. Ante este panorama: ¿Qué podría ser la ciudad?

Puede haber 60 m2 de 2.4 metros de altura, lo que da 144 m3. O puede haber -haciendo lo necesario en cuanto a reglamentaciones- 60 m2 de 4.8 metros de altura, lo que da 288m3 de espacio, no de planta construida. ¿Qué quiere decir esto? Que es factible utilizar un entrepiso ligero -madera de preferencia- en ciertas áreas para contar con más espacios habitables y mayor amplitud. Está fácil.

Otra medida deseable es las adiciones a viviendas insuficientes y con diversos problemas de habitabilidad como fealdad o precariedad. Por ejemplo las decenas de miles de “viviendas” unifamiliares construidas en Tlajomulco y otros municipios durante los últimos trienios. ¿Qué se puede hacer? Prescindir del coche que ocupa un ridículo porcentaje de la propiedad, edificar allí, de manera liviana y amigable un espacio extra que contará con una muy funcional escalera de caracol. De este modo se podrá aprovechar la azotea como recámara principal, estudio y cuarto extra, etcétera. Lo mismo se puede hacer en edificios completos. Para mejor ilustración de este método valdría la pena ver en internet lo que han hecho en Francia los arquitectos Lacaton y Vassal.

El sexenio pasado tuvo en el Infonavit a un funcionario de excepción: el arquitecto Carlos Zedillo Velasco, quien inventó y condujo el Centro de Investigación para el Desarrollo Sostenible en el seno de esa institución. Convocó a una amplia serie de arquitectos de diversas regiones de México con el objetivo de realizar una profunda reflexión, mediante proyectos destinados a la realidad, de la esencia de una vivienda apropiada para cada contexto. El resultado fue espectacularmente exitoso y algunos prototipos fueron ya edificados. Se pueden consultar en internet.

Es más que hora de que la arquitectura recupere su dignísimo papel como transformador, para bien, de la realidad vital de todos los mexicanos. Ojalá haya quien recoja esta botella al mar, este reto, este saludo respetuoso.

jpalomar@informador.com.mx

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