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Domingo, 22 de Abril 2018

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Presagios funestos

Por: Carlos Enrigue

Presagios funestos

Presagios funestos

Prepárese, mi solitario lector, si la muerte no lo impide tendremos que preocuparnos porque lo que viene durante los próximos meses será sufrir una andanada de publicidad, por parte de una pléyade de ciudadanos impelidos por una turgente necesidad de amar al pueblo (que en este caso somos usted y yo). Ante esa desesperanzadora realidad y la incuestionable maraña de mentiras o, si usted prefiere, de verdades amañadas, sólo puedo recordar aquello de que “tanto amó el diablo a su hijo, que le sacó los ojos” y es que de tanta publicidad es muy difícil que salga algo bueno.

No debemos generalizar porque hacerlo es engañarnos, no todos los políticos son malos, hay peores y me obliga a referirme a la definición que hiciera Ambrose Bierce en su Diccionario del diablo bajo la voz “político, s. Anguila que mora en el lodo sobre el que se erige la superestructura de la sociedad organizada. Cuando se remueve confunde la agitación de su cola con el temblor del edificio. Si se le compara con el gran estadista tiene la desventaja de estar todavía vivo”. Ahora que, con el temor de ser malinterpretado, debo decir que debe haber gentes buenas, que por regla general casi nunca logran llegar a los grandes huesos. Digo que puede malinterpretarse porque todos los candidatos se van a autocalificar como de esta clase, pero no se engañe, son los menos.

Debo reconocer además que creo que prácticamente todo lo que hace el gobierno está mal hecho y cuando no es así, con seguridad que es muy caro; también creo que el mayor gasto que nuestro amado gobierno hace es en publicidad y si no me cree, pues simplemente encienda el radio o la tele y luego, si su masoquismo es tanto, pues compárelo con la situación que usted observa. Ello también será más visible cuando los millones de candidatos que pretenden representarnos hablen de lo que, según ellos, sus rivales han hecho; desde luego, ellos como son bien buenos, harán siempre el bien y lo harán cuando tengan suficiente presupuesto y tiempo suficiente, y si no, pues esperemos para la siguiente elección, total que a cada mexicano tener gobierno nos cuesta nada más cuarenta mil pesos anuales.

Como pueden observar, el panorama no es muy esperanzador, por más que queramos ser optimistas o si se quiere no muy pesimistas. Esto no tiene muchos visos de mejorar, si tenemos suerte, resultará que alguno de los candidatos cumple alguna de sus promesas, pues será un poco menos malo. Por lo tanto y no habiendo otra realidad, podemos hacernos tarugos y pretender que con Bierce lo entendamos como un “Cronos moderno que devora a sus propios hijos” y cuyos ministros se ocupan de prepararnos para ser devorados.

Lo peor del caso es que en este tema no hay salvación y, nos guste o no, elecciones va a haber y algunos, sea como sea, van a resultar ganadores.

@carlosmorsa

DR

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