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Miércoles, 12 de Diciembre 2018
Ideas |

Poder suave

Por: Salvador Páramo

Poder suave

Poder suave

La administración actual de Estados Unidos no puede sacudirse la polémica que ella misma ha generado, pero creo que algo que pasa desapercibido entre la marea de malas noticias que inundan los medios es la pérdida de poder diplomático de nuestros vecinos desde la elección de Donald Trump.

La campaña que al final le dio las llaves de la Casa Blanca a Trump fue fundada bajo el principio de “Estados Unidos primero” y fue esa narrativa la que conquistó a la mitad de los habitantes del país, pero una campaña es muy diferente a un Gobierno, Estados Unidos, aunque presume su grandeza militar necesita poder sobre sus aliados que no dependan de la fuerza.

Los comentarios de Trump al describir países de África, El Salvador o Haití como pocilgas, perjudican la posición de los Estados Unidos frente amenazas como los grupos terroristas Al-Shabab y Boko Haram que atormentan el continente y crecen día a día.

Cualquier nación desarrollada cuida las formas de comunicación con el resto del mundo para ganar influencia en las decisiones y regulaciones que tengan impacto en el mundo; sin embargo, el discurso de Trump confirmando que siempre será su nación su prioridad abre el espacio a otros líderes a ocupar el asiento de liderazgo que abandonó esta administración.

Fue evidente el fracaso de Donald para dialogar en las conferencias de OTAN y la cumbre G-7, donde no lograron los miembros convencer al presidente a permanecer en el Acuerdo de París respecto al cambio climático. China es probablemente la que más se puede beneficiar del vacío generado; sin embargo, las políticas del Gobierno asiático no necesariamente fomentan los derechos humanos y democracia.

En Europa, después del polémico voto por parte del Reino Unido donde decidieron abandonar la Unión Europea, su liderazgo ha perdido peso y la única nación que puede tomar la batuta en el continente es Alemania, pero el mundo no ha olvidado lo peligroso que puede ser una Alemania dominante.

Este poder que no depende de armas o ejércitos no debe ignorarse, en una sociedad tan conectada como en la que vivimos necesitamos de diálogo para evitar conflictos que puedan costar vidas o destruyan naciones. Sólo podemos juzgar un año de administración y probablemente el barco se pueda enderezar, pero cambios en la narrativa tienen que ejecutarse.

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