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Viernes, 25 de Mayo 2018

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Música en (pre) campaña

Por: Eduardo Escoto

Música en (pre) campaña

Música en (pre) campaña

El actual periodo de pre-campañas electorales está dejando algunos hechos que pueden analizarse desde la semiótica musical. Desde del habitual esquema de política-espectáculo la música se está empleando con peculiar insistencia para buscar configurar la imagen de ciertos partidos y pre-candidatos.

El caso más popular es la canción “Movimiento Naranja” encargada por el partido Movimiento Ciudadano (MC). Su amplísima difusión se explica por su contenido exageradamente simple en elementos musicales y líricos, que se pueden recibir y reproducir sin ninguna dificultad. Resulta tan vacía que sólo toma sentido con auxilio de un video en el que un niño canta la tonada mientras baila, persiguiendo con ello una simpatía explícitamente emotiva, alejada de cualquier persuasión ideológica.

Este acto publicitario (ni siquiera de propaganda) equivale a pedir limosna cantando o bailando: se solicita una retribución a cambio de ejecutar un hecho expresivo básico o rudimentario que sólo aspira a demostrar voluntad, reconociendo que no se puede ofrecer nada más.

Por su parte Ricardo Anaya, pre-candidato presidencial por la coalición Por México al Frente se muestra insistentemente como aficionado a la música. Con la jarana o el teclado electrónico ejecuta lo mismo música tradicional mexicana que canciones infantiles, rock y blues. Esta versatilidad musical es más bien indefinición, que se refleja también en el planteamiento ideológico de su proyecto. Existe incluso un video en que el panista aparece tocando junto al perredista Juan Zepeda, quien sostiene su guitarra con una correa decorada con la efigie del “Che” Guevara.

En el fondo Anaya intenta configurarse una imagen que incluya los simbolismos e imaginarios ligados a la práctica musical: sensibilidad, introspección, habilidad, capacidad de concentración y juicio estético.

El último ejemplo a mencionar es el del aspirante a candidato a la alcaldía tapatía Ismael del Toro, también de MC, quien en un video expresa que su afición a la música –en particular al rock– le viene “desde chico”. Intenta comprobarlo mostrando varios discos de acetato que por cierto lucen prácticamente nuevos. Finalmente explica que aquella pasión la traslada ahora a su familia y a su ciudad.

El aficionado al rock está dotado de una carga sígnica, en la que destacan actitudes como la postura crítica ante lo establecido y la demanda autenticidad. El pre-candidato busca vincular estos valores a su identidad alegando haberse nutrido estética e ideológicamente de fuentes contraculturales, esperando alejarse del arquetipo convencional del político.

Estos montajes son parte de una simulación indispensable para un espectáculo cada vez más desesperado.

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