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Viernes, 27 de Abril 2018

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Música en las bibliotecas

Por: Eduardo Escoto

Música en las bibliotecas

Música en las bibliotecas

El Departamento de Arte, Música y Recreación de la Biblioteca Pública de la ciudad de Los Ángeles, California, acaba de implementar una medida en esencia sencilla pero por demás atinada: la colocación de un piano digital en el espacio destinado a su vasta colección musical, para que sus usuarios puedan utilizarlo.

Con ello esperan estimular la consulta de un acervo que la biblioteca comenzó a reunir en 1889 y que hoy cuenta con más de 77 mil 500 partituras de diversos tipos, que el año pasado fueron consultadas en 22 mil ocasiones.

La idea tiene raíces que pueden ser equiparadas con eventos ya lejanos. Cabe recordar cómo en el Renacimiento, las primeras bibliotecas modernas incorporaban en sus salas instrumentos de medición, observación y navegación, que permitían comprobar y emplear los datos –astronómicos, geográficos o matemáticos, por ejemplo- que se encontraban en los tratados ahí reunidos. Es decir, podía llevarse al terreno de la práctica el contenido que determinaba precisamente el valor de aquellos libros. Bajo esa idea es que globos terráqueos, relojes, telescopios, compases y astrolabios se volvieron parte de aquellos repositorios.

La aplicación de estos conceptos tiene profundas implicaciones si se piensa en los retos actuales de las bibliotecas. Para el caso de la música, acercar un instrumento musical al espacio del archivo permite una vinculación práctica que diluye la falsa percepción de aquellos documentos como algo lejano y casi abstracto.

Si bien para los especialistas la existencia de un piano en la sala no es asunto indispensable, el público general –aficionados, músicos o investigadores en formación- si tendrá un verdadero aprovechamiento de esta disposición que hace posible llevar en el momento las inscripciones musicales al plano sonoro. Experimentar, indagar y adentrarse en su contenido puede llevar a gratas e inesperadas revelaciones, desmitificando el concepto del acervo como algo poco accesible e incluso, tal experiencia haría entender mejor el valioso trabajo de las bibliotecas para la conservación y organización de tales materiales.

La inversión de recursos, espacio y mantenimiento para aplicar esta idea más bien mínima. Podría replicarse fácilmente en Guadalajara, pensando en la Biblioteca Pública del Estado, por ejemplo. Aunque en ese caso habría también que conformar un acervo musical de acceso al público, orientado a la divulgación. Sería interesante ver los resultados.

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