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Martes, 21 de Agosto 2018

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Llegó la hora de los forenses

Por: Ivabelle Arroyo

Llegó la hora de los forenses

Llegó la hora de los forenses

Los jóvenes están furiosos, y tienen razón. No quieren aceptar que los criminales pueden salirse con la suya, que pueden desaparecer los rastros de sus asesinatos, que pueden matar a los buenos o a los malos y, con unos tambos, lavarse las manos.

Los jóvenes piden a gritos -al Gobierno- que el Gobierno se responsabilice, que la inseguridad se acabe y que alguien llegue ya de una buena vez a arreglar el negro hoy para componer el futuro.

Pero ni Aristóteles Sandoval ni Enrique Peña Nieto ni Andrés Manuel López Obrador ni Enrique Alfaro, ni el Ejército norteamericano acabarán en un santiamén con el jugoso negocio del narcotráfico, con los delincuentes internacionales que trasiegan la droga, ni con los crímenes que trae consigo.

No es a ellos a quienes hay que pedir el futuro. Pero a ellos, sí, a los gobiernos, se les puede exigir el castigo (el buen uso del derecho) y se les puede exigir la verdad (el uso de la ciencia). En el terreno inmediato, llegó la hora de los forenses.

En Jalisco hay buena tradición de investigadores forenses, con certificaciones internacionales que permiten que sus dictámenes sean válidos en Zapotlán o en Islandia. Pues bien, es momento de que muestren lo que valen, ahora bajo presión social, y es hora de exigir a los gobiernos que inviertan más en esa ciencia que en el inútil garrote.

Los expertos coinciden en que la disolución de cuerpos en ácido presenta un reto difícil de superar, pero no imposible. El ácido no sólo disuelve tejidos, sino también huesos, pero no es un proceso rápido y muchas veces quedan restos (dioses, no puedo creer que hablé a especialistas para que me explicaran esto, fue doloroso escuchar sus descripciones). El problema es que el ácido derrite también el ADN, la clave para conocer la identidad de los cuerpos. Los tratantes de órganos trituran los cuerpos para aumentar en miles de veces la superficie ósea en contacto con el ácido y facilitar la disolución. En conflictos entre bandas rivales, sin embargo, este no es el modus operandi y puede haber restos.

No sólo eso (ofrezco disculpas, hay mucho dolor, pero creo que el camino tiene que ser el forense), siempre hay evidencias tangenciales en el borde de los botes: cabello, fibra de ropa o sangre seca.

En esta ocasión, la Fiscalía enfrentó a la sociedad al horror al hablar del método utilizado para desaparecer a los tres jóvenes estudiantes desaparecidos. Y parece sólo el umbral del infierno que hay detrás de algunas puertas, un diabólico camino para burlarse de la ley. Sin cuerpo no se les puede acusar de homicidio.  He sabido que los federales se cansan de golpear a quienes sospechan son este tipo de asesinos, sólo para aplicar su propia concepción de justicia (los madrazos), pues saben que no hay forma de acusarlos.

En los forenses jaliscienses está hoy la responsabilidad. Que demuestren que se puede, que no dejen que los criminales se salgan con la suya. Que no se salgan con la suya.

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