Lunes, 28 de Noviembre 2022

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Las marchas me ponen triste

Por: Pablo Latapí

Las marchas me ponen triste

Las marchas me ponen triste

Soy mexicano y me da mucha tristeza mi Presidente. No él, sino lo que está haciendo con la gente de este país.

Entendiendo que en este asunto de las marchas y las contramarchas hay una enorme desinformación y manipulación de ambas partes, pero López Obrador no ha querido leer el mensaje que cientos de miles de personas de la clase media mexicana le hicieron llegar al marchar del Ángel de la Independencia al Monumento a la Revolución en la Ciudad de México.

La desaparición del Instituto Nacional Electoral fue el pretexto, pero la razón de fondo es que hay una clase media que está harta de ser ignorada, ninguneada e insultada por el Primer Mandatario con el argumento de que él está con los pobres, y la convivencia entre ambos es imposible.

Es triste que cuando se enfila al último tramo de su sexenio, después del cual habrán de desaparecer irremediablemente él y toda su influencia en un México dolido por la pobreza, López Obrador no se haya dado la oportunidad de escuchar a esa clase media y regalarse a sí mismo un ejercicio de reconciliación y bajar de su soberbia autista para acercarse a ella en lugar de patearla cada vez que puede.

Hubiese sido tan franciscano el gesto.

Pero además es muy peligroso enemistarse así con la clase media.

Ya lo decía Lenin, y lo demuestra la historia, que los grandes movimientos revolucionarios nacen entre las alas más liberales del sector conservador y de ahí son tomados por los sectores más populares que terminan atropellando a las propias clases medias.

El propio López Obrador es un hijo consentido de la clase media y por más que haga jamás sería arropado por un movimiento popular; lo utilizarían por su popularidad y su investidura, pero después lo desecharían como a una botarga que dejó de ser útil.

Un país como México necesita a todos, y nos necesita lo más integrados posible.

Con los enormes problemas estructurales que cargamos y las herencias corruptas y tramposas que siguen enquistadas aún en la 4T tendría que darse un ejercicio de sanación colectiva que nos ayude a empezar a hacer las cosas ordenada y honradamente.

Pero el de Macuspana no ayuda.

Insiste en patear y golpear a quienes no están con él.

¿Se imagina usted una auténtica y real marcha de reconciliación?

Yo sí, y marcharía si es auténtica la convocatoria.

Pero todo indica que eso no lo veremos, y seremos testigos del fin de López Obrador tras haber desperdiciado la oportunidad de unir y buscar coincidencias para ser el gran estadista que durante décadas ha necesitado México.

Uno más que nomás no.

platapi@hotmail.com

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