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Viernes, 22 de Junio 2018

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La desesperación de los chapulines

Por: Pablo Latapí

La desesperación de los chapulines

La desesperación de los chapulines

Lo que vemos es una escena fascinante, pero a veces con tintes de terror. Es la lucha por la sobrevivencia.

Es un gran muelle, lleno de personas con valijas, cajas de cartón, modestos equipajes… Todos buscando un lugar en uno de los barcos que ya calientan máquinas porque están a punto de partir.

Todos deben zarpar al mismo, y quien no encuentre lugar en un barco se quedará en tierra, en el muelle, durante un buen tiempo solo y desamparado. A veces para toda la vida.

Suenan las sirenas.

Hay nerviosismo, casi desesperación, porque está claro que los barcos no serán suficientes.

Hay dos grandes trasatlánticos, los de toda la vida (abollados y agujerados, es cierto), que están prácticamente llenos (con los pasajeros de siempre), pero que han reducido su capacidad y en este viaje habrá significativamente menos lugares que en viajes anteriores. Es más, ni siquiera hay la certeza de que todos los que estén a bordo lleguen a buen puerto.

Muchos se quedarán en el camino.

Hay un tercer barco, parece nuevo, pero es un reciclado de varios viejos barcos, de buen tamaño, piloteado por un viejo capitán que en intentos anteriores no ha llegado a puerto, pero que en esta ocasión parece que tendrá éxito. Y precisamente en ese barco aparentemente hay lugar para quienes en la desesperación se cansen de esperar en otras filas, también a los que de plano sacaron y a quienes estén urgidos por un lugar. Necesita “nombres” entre sus pasajeros, aunque vengan de barcos archi rivales. Hoy todo se vale. También recibe todo tipo de personas, de reconocida y de dudosa reputación, con tal de llenar lugares.

Nosotros como espectadores hemos entendido la jugada: por supuesto que se trata de encontrar a fuerza un lugar, sea como sea, para tratar de llegar al puerto del presupuesto público y de la vida fácil como legislador ya sea local o federal.

Y están dispuestos a todo.

La película se llamaría algo así como: “La Desesperación de los Chapulines”.

Así vivimos el año electoral.

¿Cuál ideología? ¿Cuáles convicciones? ¿Cuáles principios? ¿Cuál historia?

Por supuesto que para el cambio de barco se inventan sus propias mentiras, y se las creen. Hablan, según ellos, en aras de la democracia.

El problema es que esto ya aburre. No creemos que pase mucho tiempo antes de que quede totalmente exhibida la simulación de la clase política.

Nos sale muy cara, y además no ha resuelto los grandes problemas nacionales de pobreza, educación y salud, y sobrevive feliz en la misma cama con la corrupción y la impunidad.

Y pensar que apenas estamos en la etapa de las precampañas, esas que supuestamente están dirigidas únicamente a los integrantes de los partidos; ya están plagadas entre ellos mismos de ataques y descalificaciones.

¿Qué nos espera para las campañas?

¿Qué nivel vamos a tener?

Y lo peor, todos esos chapulines y pasajeros, en su afán, no se han dado cuenta que el combustible de los barcos se llama “confianza”, y de eso a este país ya le queda muy poco.
 

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