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Viernes, 21 de Septiembre 2018

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Guerra de mesianismos

Por: Diego Petersen

Guerra de mesianismos

Guerra de mesianismos

No voy a discutir los 100 mil asistentes al cierre de MC, simplemente porque no lo creo. Cien mil apenas caben en el Zócalo de la Ciudad de México; en la explanada del Cabañas no caben ni en dos pisos, pero bueno, es parte de la política, de la forma en que estos políticos, que dicen combatir las formas de los políticos a los que quieren sustituir, terminan haciendo lo mismo hasta mimetizarse con lo que odian, recurriendo a las mismas prácticas de acarreo. Pero lo peor es el discurso mesiánico.

López Obrador fue, sin ser mencionado, el centro del discurso de Enrique Alfaro. El candidato de MC, que tiene una enorme ventaja en las encuestas sobre unos lejanos perseguidores que se pelean codo a codo en la parte baja de la tabla, mandó un mensaje de independencia frente al más probable ganador de la Presidencia de la República: en Jalisco mandaré yo.

Ambos tienden a despreciar las cosas que hicieron otros, porque antes que ellos lo que existió fue el caos

El discurso chauvinista me saca urticaria; soy realmente alérgico a estas visiones localistas vengan de donde vengan. Pero más alérgico aún soy al discurso mesiánico que hoy está tanto en el más probable ganador de la Presidencia de la República como en el más probable ganador de la gubernatura del Estado. Las similitudes entre ambos no son cosa menor. Los dos nos dicen que con ellos comienza una nueva etapa en el país y en el Estado. Andrés Manuel no tiene empacho (ni vergüenza) en asegurar que con él comienza la cuarta etapa del país, después de la Independencia, la Reforma y la Revolución; Enrique Alfaro cree que va a refundar Jalisco, que él será el punto de quiebre en la historia del Estado. Ambos tienden a despreciar las cosas que hicieron otros, porque antes que ellos lo que existió fue el caos. Sus spots, paradójicamente, se parecen cada vez más, los dos terminan con la frase “yo no te voy a fallar”, centrando la acción de Gobierno en sus propias personas.

¿Cómo será la combinación de estos dos políticos a la hora de gobernar? La visión optimista diría que para que la cuña apriete ha de ser del mismo palo; frente a la visión mesiánica de Andrés, tenemos la de Enrique. Eso neutralizaría y obligaría al Ejecutivo federal a negociar con un gobernador fuerte al que no podrán ningunear. El riesgo, que también existe, es que el conflicto entre dos visiones tan parecidas escale al grado de convertirse en una guerra de egos donde el que pierda sea el más débil, es decir el Estado. El enfrentamiento puede también sacar lo mejor de los dos y generar nuevas oportunidades no solo políticas sino de desarrollo para Jalisco, pero eso dependerá en gran medida de la capacidad que tengan ambos para mover a sus equipos.

Lo que no hay duda es que la que viviremos será una guerra de mesianismos.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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