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Jueves, 20 de Septiembre 2018

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Esperando a Berizzo

Por: Raúl Romero

Esperando a Berizzo

Esperando a Berizzo

El afecto no entiende de dinero, ni de distancias. Lo demuestra la reacción de los aficionados de Atlas, que sueñan con la llegada del técnico Eduardo Berizzo para ocupar el banquillo rojinegro a pesar de que el entrenador, convaleciente de una delicada operación y todavía con prestigio en Europa, difícilmente vendría en este momento al club al que un día prometió regresar.

Berizzo llegó al Atlas en 1993, como parte del contingente de jugadores del Newell’s Old Boys campeón de Argentina en la temporada 1990-1991 que el técnico Marcelo Bielsa trajo consigo a Guadalajara.

El carácter taciturno del “Toto” era un complemento para la impulsividad de Bielsa, su maestro, quien decía que el defensa podía ser entrenador gracias a su entendimiento del futbol.

En Atlas, Berizzo se convierte en un líder. Se gana la capitanía y se distingue como un defensa goleador. Es uno de esos jugadores que después se vuelven buenos técnicos porque primero fueron estrategas de sí mismos, conscientes de que sus límites los obligan a comprender todos los aspectos del juego para compensar sus carencias.

“Osmar es muy rápido y yo no tengo la velocidad que tiene él, si yo fuera igual de rápido no tendría preocupación, entonces tengo que buscar otras cosas para tratar de que no haga daño”, explicaba acerca de Donizete, jugador de Tecos, que entonces causaba sensación en la Liga mexicana.

La última fase de Berizzo con los rojinegros es irregular. Acumula tres expulsiones en los primeros meses de la temporada 1995-1996 y el técnico Solari lo separa una semana del plantel con una curiosa sugerencia para las vacaciones: “puede hacer lo que quiera, incluso irse a Siberia”.

En el verano de 1996 el seleccionador argentino, Daniel Passarella, aconseja a River que repatrie a Berizzo. Cuando la transferencia está ya confirmada, Atlas derrota a Tecos y el “Toto” se presenta en el vestidor a celebrar con sus ahora ex compañeros, a quienes confiesa tener sentimientos encontrados por dejar a los rojinegros. Siente tristeza, pero, dice, “este tipo de oportunidad se presenta una sola vez en la vida”.

Berizzo no exagera. En octubre Passarella lo convoca a la Selección de Argentina. En noviembre disputa con River la Copa Intercontintental, en Japón, que pierde ante la Juventus. En un par de meses ha pasado de preocuparse por los túneles de Donizete a enfrentar a Deschamps, Zidane y Del Piero.

Durante la despedida de Berizzo del Atlas, el presidente del equipo sorprende anunciando que los rojinegros retiran temporalmente el número dos como homenaje. Al “Toto” casi lo traicionan las lágrimas y dice que no descarta volver a Guadalajara algún día.

En 2001 surge el rumor de que los rojinegros desean volver a contratar a Berizzo, pero la transferencia no se concreta. El “Toto”, mientras tanto, se hace notar en el futbol español con el Celta de Vigo y el Cádiz. Después se convierte en entrenador, como vaticinó Bielsa. Tras dirigir en Argentina y Chile, ocupa el banquillo del Celta y después el del Sevilla, que lo despidió el pasado mes de diciembre, cuando apenas se había sometido a una operación para tratar el cáncer de próstata que padece.

No parece probable que Berizzo deje el futbol europeo por ahora, aunque Guadalajara ocupa un lugar en su corazón. O al menos así era en el año 2000, cuando el “Toto” volvió a la Perla Tapatía con River para enfrentar al Atlas en la Copa Libertadores.

“Aún hoy sigo pensando retirarme en Atlas”, afirmó entonces. “Alguna vez lo dije, y prometí regresar y estoy seguro que lo voy a cumplir”.

Algún día, “Toto”. Algún día.

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