Sábado, 24 de Septiembre 2022

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Entregar a tiempo

Por: José Ignacio Rasso Ibarra

Entregar a tiempo

Entregar a tiempo

En la política del entretenimiento el circo nos hace creer que la magia es real, que los elefantes saben bailar y que los leones no muerden. En la arena de la gestión pública nos hacen creer que ganar una discusión, dominar la conversación, tener altos índices de popularidad o entregar en tiempo las obras faraónicas del gobierno es sinónimo de éxito.

Hay que tener mucho cuidado dónde ponemos los parámetros para medir lo que se ha logrado. 

Dicen que la práctica hace al maestro y que repetir mil veces el mismo movimiento te llevará a la perfección. Pero ¿qué pasa cuando los ejercicios que realizas no son los correctos o haces los movimientos de forma equivocada? Ahí, lo que logras es perfeccionar el error. Te alejas de tu objetivo y te será más difícil corregir.

Lo mismo pasa si eres funcionario público y crees que el mejor movimiento para evitar la corrupción es asignar por adjudicación directa los contratos de obras públicas, reservar la información por 5 años para evitar cuestionamientos o decretar que no necesitas esperar los permisos de impacto ambiental ni trámites burocráticos. Ahí perfeccionas el error y abres la puerta de par en par a la corrupción y a la impunidad.

Fijarse metas cercanas como promesa de campaña no es necesariamente bueno. Entregar en tiempo un proyecto que estaba mal planeado desde el principio tampoco es un éxito, es nuevamente profundizar el error. 

Querer juzgar como objetivo logrado la entrega del aeropuerto de Santa Lucía para el 21 de marzo del 2022 es repetir el mismo movimiento que estaba mal desde el inicio. 

No confundamos entregar en tiempo con hacer lo correcto. Cancelar el aeropuerto de Texcoco que proyectaba 164 posiciones, entre remotas y de contacto, contra las 14 posiciones de contacto y un número indeterminado de posiciones remotas del aeropuerto Felipe Ángeles es un error de dimensiones más profundas que el resentimiento que pudo existir detrás de estas decisiones. 

¿Entonces cómo calificamos las políticas públicas?

¿Qué valor le damos a la popularidad de los actores políticos versus los resultados de sus gestiones de gobierno?

Porque pueden cumplirse las fechas de entrega de los proyectos prometidos, pero el fracaso fue haberlos empezado. 

Es el caso del aeropuerto Felipe Ángeles a costa de cancelar el aeropuerto de Texcoco. Es la refinería de Dos Bocas a costa de saquear el medio ambiente y el erario. Es la posible aprobación de la reforma energética ahuyentando la confianza de los inversionistas. Son las remesas que envían nuestros paisanos adueñándose de ellas como si se tratara un éxito propio. Es el cambio en el sistema de abasto de medicamentos con el costo criminal de las muertes de aquellos pacientes que no recibieron tratamiento en tiempo. Es construir cientos de cuarteles de la Guardia Nacional de acuerdo a lo programado mientras los uniformados contemplan los más de 105mil homicidios dolosos y los miles de desaparecidos en este sexenio. Es estar a tiempo para colocar un muro de hierro frente a las causas feministas.

Es la repetición de malas decisiones. Es el fracaso de lograr lo prometido. Es cumplir perdiendo. Es un camino que no te lleva a ninguna parte. Es ganar debilitando al país. Es entregar a tiempo un daño irreversible.

@JoseiRasso

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