Lunes, 23 de Mayo 2022

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El pasado que vos matasteis…

Por: Augusto Chacón

El pasado que vos matasteis…

El pasado que vos matasteis…

…Goza de cabal presente. Obra pública del gobierno federal otorgada directamente, sin procedimientos públicos. Expropiación de terrenos para satisfacer el peculiar sentido de trascendencia del presidente, digamos la construcción de un tren que será negocio del Ejército. Arrasamiento de manglares, selvas y bosques para encontrar asiento a los proyectos pretendidamente sociales del presidente (en el siglo XXI ¿acciones que atentan contra el medio ambiente pueden ser consideradas sociales?). Atribuciones concedidas a las Fuerzas Armadas, en los más diversos ámbitos, sin que haya evidencias de que esta transferencia de poder acarree beneficios para la gente. Nombramientos en el servicio diplomático para personas sin experiencia, sin méritos más allá que el aprecio del presidente, y en ciertos casos: para personas sin calidad ética. Agradecimientos explícitos, por ejemplo, luego del día de las elecciones de 2021, al que ya podemos considerar un sector económico y político del régimen vigente: el crimen organizado. Nula sensibilidad hacia las víctimas de la ineficacia de las instituciones del Estado: desaparecidos, niñas, niños aquejados de cáncer, enfermos que sufren la falta atención y de medicinas, los muertos por la violencia homicida y sus deudos, migrantes, mujeres y un etcétera ominoso. Desmontaje de instituciones y otra entrando al cadalso (de salud, educativas, guarderías, científicas, de seguridad, electoral, de derechos humanos, de transparencia) a las que suple un vacío al que denomina austeridad. Combate a la corrupción sin denuncias, sin investigación, sin juicios formales, sin corruptos. Muestras de conflicto de interés y de corrupción de miembros del partido que postuló al presidente y de integrantes del grupo gobernante que son desestimadas de inmediato con el expediente de la confianza que declare tener el titular del Ejecutivo en las y los señalados, ajeno al impulso de probar las razones de su confianza. Conocimiento preciso sobre como se usa el presupuesto federal para crear clientelas electorales y para satisfacer las ocurrencias del mandatario, pero ignorancia del esquema económico mediante el cual se generan los impuestos y los ingresos que llenan el baúl del presupuesto. Agresiones directas y soterradas a muchos medios de comunicación, de las que entrelíneas cabe entender el estorbo que para el régimen representa la libertad de expresión. Abuso personal, faccioso, sólo mercadológico, de instrumentos de la democracia concebidos para que la gente recurra a ellos, como la revocación de mandato. Menosprecio de la pluralidad consustancial a México, al dividir al país en dos únicas categorías: “nosotros”, vocablo con el que el presidente trata de velar su yo irrefutable, plural de cortesía al que corresponde el espacio de las buenas pretensiones, de la honestidad y la corrección histórica, y los “adversarios”, estanco en el que él mismo coloca a quienes disienten de él, con lo que invisibiliza lo que hay entre ambos extremos, las fruslerías de la realidad social que no le reportan dividendos políticos. 

Para rehuir del reflejo de confundir la mera coyuntura con lo nunca antes visto, podríamos hacer un acto de contrición: el listado que llena el extenso párrafo inaugural describe lo que hemos atestiguado en la primera mitad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, aunque también, con cambios menores, podría ser recuento de otros sexenios, de otros presidentes imperiales (el concepto es de Enrique Krauze) que han sido versión republicana de autócratas que en su turno fueron el Estado mismo, pero con fecha de caducidad, y no determinada por su muerte, sino por la Constitución. (En los estados hay réplicas, podríamos llamarlas gubernaturas virreinales). Sin embargo, con todo y que es un acto de justicia aceptar que, ya bien entrada la transición democrática, lo que ahora padecemos ni siquiera alcanza para reclamar originalidad, entraña peligros. Uno, que por haber experimentado cíclicamente el autoritarismo desestimemos lo que por estas fechas experimenta el país, atenidos a la idea de que el mandón correspondiente terminará por irse. Otro, que por acumular un siglo en la montaña rusa en la que nos han montado los sucesivos gobiernos, minusvaloremos el daño duradero, ya perceptible, en no pocas materias, y desdeñemos el aprendizaje esencial que el paso de los gobernantes ha dejado: el peor siempre está por venir.

Si miramos despaciosamente el trance en el que estamos quizá lleguemos a columbrar que al enfrascarnos en evaluar al personaje que ocupa el cargo de presidente, su personalidad, su gestión a dieta de coloquialismos que distraen, que ocultan, sin atender los hechos que cada cual podemos medir, no haremos sino perpetuar el mecanismo que prohíja malos gobiernos; a tres años del actual, la devastación en tantos asuntos públicos no es sólo imputable a sus adversarios, tampoco a los conspiradores que según él odian al pueblo (no dice quiénes son y, si existen, no los ha tocado) y en cambio sí es, en buena medida, su responsabilidad, no entera, hay factores internacionales que inciden, así como inercias de diversas índoles que es complejo frenar de golpe. Hacernos cargo de lo que es su obligación jurada y poner al margen sus excusas, dejarlas en calidad de curiosidades, lo llamaría a cuentas y tal vez prevendría que, dentro de dos años, unas, unos similares con los mismos argumentos acaben por tener la oportunidad de instalar su efímero imperio personal, y así, incesantemente, el poder para solaz de unos cuantos, en perjuicio del resto. 

Desembarazarnos (la metáfora no es casual) de los molinos de viento contra los que lucha en vano el presidente quizá nos lleve a la pregunta elemental: eso que discursea en las mañanas ¿corresponde con lo que constatamos en nuestras vidas cotidianas? Mantenernos en la medición de cuántos, cuántas lo quieren mucho, poquito o nada, y enfrentados por elegir alguno de los dos lados en los que perversamente redujo a la nación, es apretar los grilletes, ésos que resienten más las decenas de millones en pobreza, los desamparados, las desamparadas por el Estado, los sumidos en la violencia.

agustino20@gmail.com

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