Sábado, 13 de Agosto 2022

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Educación, última llamada

Por: Diego Petersen

Educación, última llamada

Educación, última llamada

La elección en el Estado de México es una oportunidad. Quizá no tanto para los mexiquenses. No tengo claro cuál de las opciones significa algo distinto al rancio priismo de Atlacomulco o Texcoco, pero si la maestra Delfina Gómez es la candidata de Morena el Presidente tendrá que nombrar una o un nuevo secretario y se abre una enorme posibilidad de generar un cambio en la Secretaría de Educación.

Si hacemos un balance de lo que va del sexenio son pocas las cosas que podemos nombrar en educación. La enumeración de logros no podría ser más breve: el gran éxito, desde la perspectiva gubernamental y de un buen número de maestros, fue echar para atrás la reforma educativa de Peña Nieto. Desde su punto de vista era perniciosa y violatoria de los derechos laborales de los educadores. Derogarla era su batalla, y lo lograron. Es discutible por supuesto considerarlo un logro y hay muchos matices a revisar, pero ese fue el proyecto que plantearon desde la elección de 2018.

Aceptemos que, desde el punto de vista del gobierno de López Obrador, derogar la reforma es objetivo alcanzado. El problema es que pareciera que cumplida esa meta nadie tiene claro qué sigue. Tomaros el castillo, luego destruyeron el castillo, derrocaron a los duques que se habían apoderado de él (esos señores de la iniciativa privada que les da por meterse en lo que sí les importa) pero al final nadie sabe cuál es el siguiente paso. Junto con el castillo se derrocó al secretario colaboracionista, Esteban Moctezuma, un aliado de los duques dentro de los muros. ¿Y luego? Luego Delfina Gómez, maestra de carrera, tomó la secretaría, en un acto simbólico invaluable: por primera vez en la historia una maestra de aula llegó a secretaria. El signo es hermoso, el significante potentísimo, pero nació sin contenido.

Más allá de grillas internas, patadas por el control ideológico de la educación y por supuesto del control político del magisterio, en la Secretaría de Educación no hay proyecto. Las pocas pinceladas de proyecto que aparecen de repente son batallas por territorios específicos: unos dan la vida por los exámenes de admisión; otros se inmolan por cómo contamos un pedazo específico de la historia de México en los libros de texto; no falta quién se lance contra la evaluación porque arroja resultados ofensivos; más allá, otra guerra se libra por las prestaciones laborales. Hay muchas batallas, unas más legítimas que otras, en el campo educativo, lo que no existe es un proyecto de educación para el país.

Como desde hace cuatro sexenios, la marca de la casa en educación es la inercia. Un cambio de secretario es siempre una oportunidad de sacudir el árbol, la duda es si todavía hay en el Gobierno de López Obrador energía y voluntad para ello.

Diego Petersen Farah

diego.petersen@informador.com.mx

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