Sábado, 23 de Enero 2021
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De política y elecciones

Por: José Tomás Figueroa Padilla

De política y elecciones

De política y elecciones

A la memoria de mi amigo Jorge Aristóteles Sandoval Díaz

Ahora que el Proceso Electoral está en pleno ascenso a etapas en donde la confrontación, los contrastes y los señalamientos serán divisa de uso común es necesario replantear el significado más positivo de la política. La política es la herramienta que ideamos los seres humanos para procesar conflictos de una manera civilizada, más o menos ordenada, acotada por normas e instituciones y que nos es útil para reducir los márgenes de incertidumbre en las relaciones sociales.

En tiempos complejos como los que estamos padeciendo hoy en día: pandemia, inseguridad pública, violencia y descomposición social, estancamiento económico, crisis educativa, por mencionar sólo algunos aspectos; se requiere, más que nunca, el concurso de los esfuerzos de todos: empresariado, sociedad civil organizada, clase política y universidades, para aportar ideas, proyectos, diagnósticos y soluciones que n os permitan hacer frente con ciertas posibilidades de éxito a los complicados escenarios que tenemos.

Las soluciones más urgentes y precisas no vendrán de los gobiernos en sus diferentes niveles, no serán tampoco ideas de iluminados o de actores que han demostrado desgaste e ineficiencia; no vendrán de quienes aspiran a un cargo de elección popular en el 2021. Hoy, las políticas que se requieren deben surgir de una verdadera gobernanza democrática, deben surgir de la deliberación serena, pero al mismo tiempo profunda; de la discusión pública sin prisas, pero también sin pausas.

Hoy más que nunca debemos dejar de ver a la política como sinónimo de guerra. El lenguaje beligerante ha trascendido lo meramente discursivo y tenemos años padeciendo como sociedad un verdadero baño de sangre. Hoy más que nunca debemos situar a la política en su lugar más virtuoso, en su significado más puro, y regresarle su sentido primigenio de herramienta para construir y no para destruir. El poder público debe servir para satisfacer las necesidades de la gente, no la de la clase política.

En ese sentido, debemos ver a la política como ese espacio para la comunicación pública por antonomasia, como ese espacio para la convivencia social que surge del diálogo y no de la vituperación del otro; que emana de la búsqueda de objetivos y propósitos comunes y no de la imposición arbitraria de visiones, que respete las diferencias y el legítimo derecho a disentir.

Debemos construir una nueva etapa en donde la política deje de ser un instrumento de subordinación y de imposición de unos sobre otros. Necesitamos que mujeres y hombres que se interesen en la política, eleven la calidad de esta haciéndola más exigente desde la reflexión, pero también desde la acción.

Es necesario que esta nueva etapa de la política esté compuesta con grandes dosis de empatía, elevada capacidad de juicio y raciocinio, pero sobre todo actitud y aptitud para el diálogo y para la construcción de acuerdos. Que la política sea más de acuerdos transparentes y de cara a la sociedad que de imposiciones y negociaciones turbias.

Son tiempos de reducir la intensidad a la retórica política y de ingresar a una nueva sintonía social. La sociedad está cansada de la política de confrontación y de notas mediáticas que rayan en la frivolidad pero que a fin de cuentas no resuelven las necesidades más apremiantes de las personas. Situaciones nuevas, más complejas y demandantes requieren diagnósticos, soluciones y proyectos más complejos y mejor elaborados. Ante estos retos estamos y lo más seguro es que no veamos soluciones en las propuestas electorales de este año. Sin embargo, es buen tiempo para empezar a diseñar respuestas de largo aliento a todos los problemas que nos aquejan como sociedad.

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