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Viernes, 22 de Noviembre 2019
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Corrupción: ¿perseguir güilotas o cazar elefantes?

Por: Diego Petersen

Corrupción: ¿perseguir güilotas o cazar elefantes?

Corrupción: ¿perseguir güilotas o cazar elefantes?

Una señal inequívoca de que algo no está funcionando bien en la lucha contra la corrupción es que los indiciados de los casos más sonados son dos personajes, Antonio Gloria y Miguel Castro, que salieron de las administraciones de González Márquez y Aristóteles Sandoval respectivamente con buena fama pública. Ambos son lo más alejado a la imagen de un político corrupto. Uno podría llevarse sorpresas, es cierto, pero la acusación que hizo la Fiscalía General contra Gloria fue tan absurda (haber emitido una opinión en un Consejo) que más bien la pregunta es si la corrupción no estuvo en el juez que le dictó formal prisión. En el caso de Miguel Castro y los otros dos exsecretarios vinculados a proceso la Fiscalía Anticorrupción reclama mala aplicación de recursos por cerca de cinco millones de pesos de una bolsa que pasaba previamente por comités de evaluación pero que no implica ni dolo ni enriquecimiento ilícito de los funcionarios.

La casa Chicago es sin duda discutible y el asunto de los ex secretarios de Sedis se trata de una irregularidad, pero que en realidad se inscribe en una acusación de campaña. ¿De verdad estos son los grandes casos de corrupción del estado? Basta revisar los periódicos de últimos años para concluir que por supuesto que no ¿dónde están las investigaciones sobre lo que pasó en obras públicas y en las compras del gobierno?, ¿quién está investigando la construcción de escuelas que en los dos sexenios anteriores fueron señaladas como una caja negra?

¿De verdad estos son los grandes casos de corrupción del estado? 

Es cierto, a los gobiernos no les gustan las fiscalías independientes y la forma de controlarlas es ahorcándolas presupuestalmente y metiéndolas al laberinto burocrático. A la fiscalía anticorrupción de Jalisco el gobierno pasado no solo no le dio presupuesto, sino que la atiborraron de casos de abuso de autoridad. En este sexenio el jaloneo por los recursos ha continuado y los resultados nomás no llegan. Lo cierto es que el sistema anticorrupción aún no está funcionando bien y que no hemos sido capaces ni de reducir la corrupción ni de procesar a los corruptos. El objetivo último del sistema es si no erradicar la corrupción -sería muy iluso pensarlo así- sí reducirla sustancialmente. Procesar penalmente a los corruptos más que un mensaje ejemplar debe buscar la recuperación de recursos desviados del erario.

Algo estamos haciendo mal cuando las noticias sobre el sistema anticorrupción son las luchas internas por el nombramiento de directores y tenemos una fiscalía persiguiendo güilotas en lugar de un sistema articulado e inteligente cazando elefantes.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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