Sábado, 11 de Octubre 2025

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“Corcholatas”: el poder preocupado por el poder

Por: Jonathan Lomelí

“Corcholatas”: el poder preocupado por el poder

“Corcholatas”: el poder preocupado por el poder

La ciencia de la “corcholatología” preocupa principalmente a dos sectores de la población: los políticos que buscan el poder y los políticos que quieren retener el poder. En medio hay un grupo reducido de “grillos” que ni tienen el poder ni lo van a retener pero generan ruido con opiniones grandilocuentes e impracticables: consultores, encuestadores, asesores, etc. 

Fuera de este ámbito, al ciudadano promedio adivinar quién será la “corcholata” destapada del Presidente o el gobernador en turno le aburre e importa un cucumis sativus (conocido popularmente como pepino). 

El concepto de “corcholata” es un vocablo exhumado por López Obrador del viejo régimen priista -así se le llamó por primera vez a López Portillo-. Ahora todos (es decir, los políticos y los grillos) hablan sólo de “corcholatas”: que si es Claudia, Marcelo o Augusto. Que si en Jalisco es Pablo Lemus, Clemente Castañeda o Alberto Esquer. 

La “corcholatología” también podría definirse como la ciencia de mantener el status quo: llega al poder el que garantiza mayor fidelidad al Gran Elector, en este caso AMLO o Alfaro. En eso ambos mandatarios se parecen mucho: abrir la baraja de suspirantes a tres o cuatro sólo refuerza la posición del “destapador”. 

Sin embargo, hay algo que me resulta irritante en esta carrera preelectoral en tiempos ni siquiera electorales. En medio de tantos problemas sin resolver en el país y el Estado, la preocupación de estos políticos es el poder, no los ciudadanos. 

La política es mucho más que este despliegue de frivolidad y gasto sin auditar en redes sociales, espectaculares y mítines. Ahí veo el problema. Nos han hecho creer que la vida política de este país se reduce a dos momentos: el barullo de la sucesión y el día en que votas. 

El debate por la sucesión es como un abanico: todo mundo intenta encontrarle pliegues nuevos, pero se trata de un artefacto perfectamente diseñado para producir sólo aire y “refrescar” la idea de que vivimos una competencia democrática. 

¿Esto qué provoca? Apatía, hartazgo, aburrimiento inmenso entre los ciudadanos y ciudadanas porque pase lo que pase va a pasar lo mismo. Ibargüengoitia resumió este juego de las corcholatas maravillosamente: “Pero si es difícil saber quién será el futuro Presidente, es en cambio fácil saber qué es lo que va a hacer, y más fácil saber qué es lo que no va a hacer”.  

Todo cambia para que nada cambie. 

 jonathan.lomelí@informador.com.mx

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