Lunes, 06 de Abril 2020
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Ciudad a la deriva

Por: Pablo Latapí

Ciudad a la deriva

Ciudad a la deriva

Lo que ha pasado en la Zona Metropolitana de Guadalajara desde la semana anterior no puede ser visto como un asunto menor.

La ciudad ha sufrido una serie de afectaciones viales que han trastornado la vida urbana.

Se han estado realizando una serie de obras mayores, y cierres por eventos, que han tenido un efecto multiplicador en amplias zonas de la ciudad sin que exista un plan de intervención por parte de las autoridades estatales y municipales para aminorar los efectos.

Por las obras se ha complicado muchísimo la circulación en dos de los principales accesos a la zona central de la ciudad para quienes viven en la periferia:  uno es hacia el sur por López Mateos (que conecta todos los desarrollos urbanos en Tlajomulco), y otro por el poniente que taponea Zapopan, también zona de múltiples desarrollos.

Los tiempos de traslado se han multiplicado de manera escandalosa.
Y es notoria la falta de un plan o proyecto para tratar de aminorar las situaciones; se siente una ausencia de policías, ya sea viales, municipales o estatales en un afán de agilizar la circulación.

Y al no haber un plan maestro contemplando la zona de manera integral, lo que puedan hacer  algunos uniformados son esfuerzos aislados y prácticamente inútiles.

Desde el gobierno pasado ya teníamos conocimiento que para el tamaño y dimensión de una zona metropolitana como la de Guadalajara el número de agentes era insuficiente. Mientras la ciudad ha crecido día a día, la plantilla de agentes viales seguía siendo casi la misma que hace 25 años. Imagine todo lo que ha crecido la zona urbana en 25 años, y la atención vial no ha corrido en paralelo.

Además, en esta administración, la policía vial pasó a depender de la Fiscalía (ya no de la Secretaría de Transporte o Tránsito), y al no quedar del todo claro cuál es su función, es notoria la ausencia de agentes, empezando por la mismísima directora de la corporación, una mujer que sigue el síndrome del “autismo burocrático”, no aparece, e incluso dejó plantados a los diputados.

Buena parte de la marcha de la vialidad de la ciudad también depende de la cultura y capacidad de cortesía de sus habitantes, pero si de por sí no es del todo abundante en la Zona Metropolitana, los conflictos creados por las obras, aunados a la ausencia de agentes, fomentan que crezcan el gandallismo y la descortesía

Vemos cómo poco a poco cada vez son más quienes se suman al “no dejar pasar”, las vueltas prohibidas o de plano meterse en sentido contrario.

Qué combinación.

Hay un menosprecio de los gobiernos por la economía de la ciudad (que se mueve precisamente rodando por las calles) y se les olvida que la primera y legítima reacción como ciudadanos es de enojo y rechazo, y eso pega en el apoyo tan necesario para gobernar.

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