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Domingo, 15 de Diciembre 2019
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Chapala: primera de las cuatro casas que Luis Barragán hizo para sí mismo

Por: Juan Palomar

Chapala: primera de las cuatro casas que Luis Barragán hizo para sí mismo

Chapala: primera de las cuatro casas que Luis Barragán hizo para sí mismo

Fue en 1932, y la historia platicada, tanto por Luis Barragán como por Juan Palomar y Arias, es la siguiente: el primero, entonces de 38 años, estaba por casarse por segunda vez y hacia una pausa antes de continuar su vida. El segundo, de 30 años, había heredado la casa de sus padres en Chapala, pueblo en el que su familia hacía escala antes o después de tomar la trajinera que los cruzaba a Tuxcueca para de ahí subir a caballo a su hacienda de Corrales. La casa era una fantasía porfirista muy afrancesada. Debe de datar de 1890.

El joven ingeniero vivía en Guadalajara y recién había regresado de un viaje por Europa. El otro ingeniero había llegado tres años antes de trabajar largos años en Marruecos y París. Barragán, viendo que su íntimo amigo, en cuya casa había dejado en custodia su preciadísima biblioteca (Hospicio 63), estaba disponible, lo convidó a pasar una temporada en Chapala con el fin de intervenir la casa. Así, pasaron muchas semanas, acompañados de una esplendorosa novia del más joven de los dos ingenieros, jugando a la arquitectura, divirtiéndose, tomando el sol, leyendo, haciendo caminatas y más navegaciones, nadando…y contemplando a la musa. Queda, entre varias, una foto de Carol Outcult comíendose, alegremente despatarrada, una sandía. En otra Palomar le sirve a la mujer de mozo de estribo mientras ésta se sube a un burro.

No fue una “remodelación” ni una “restauración”. Fue la transformación total de la casa en una obra maestra, en una fraterna colaboración entre los tres personajes. Fue la reconversión de una finca bastante cursi en una arquitectura maravillosamente pueblerina, chapalteca, mexicana. Y también marroquí y española: mediterránea. Fue como desvestir a Carol de ropas neoyorkinas y vestirla de manta y guaraches. Fue volver al pretensioso engendro porfirista otra vez hermano del jacal del otro lado. Fue una lección absoluta de sensatez y brillantísimo talento. Una coautoría ejemplar. Es un inapreciable patrimonio para Chapala, México, el mundo (por estos días se celebran los quince años de la declaratoria como patrimonio mundial por la Unesco de la cuarta y definitiva casa de Barragán en Tacubaya).

Afortunadamente la casa está en buenas manos. Sus dueños están muy conscientes de la importancia de su propiedad y se han declarado anuentes a que ese patrimonio tenga un buen fin. La Secretaría de Cultura también ha mostrado buena disposición para el siguiente objetivo: instituir en la Casa Barragán-Chapala un verdadero y muy sencillo centro cultural destinado al municipio (cuyas autoridades están animosas) y a Jalisco y a México. Sería una estupenda plataforma en donde se podría instalar un pequeño museo de las navegaciones chapaltecas, de fotografías históricas, de tradiciones ribereñas. Pero también, muy en el espíritu de Barragán, un centro de reunión de poetas y artistas, de viajeros (y si se hace bien, el breve trayecto de Guadalajara o de Jocotepec o de Tizapán es todo un viaje).

Queda esperar que los cuatro involucrados y responsables de este tesoro artístico estén a la altura: los propietarios, la Secretaría de Cultura, el Ayuntamiento de Chapala y la comunidad de todos los jaliscienses conscientes de quiénes son y a qué se deben.

jpalomar@informador.com.mx

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