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Sábado, 22 de Septiembre 2018

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Armas, drogas y diplomacia

Por: Luis Ernesto Salomón

Armas, drogas y diplomacia

Armas, drogas y diplomacia

Estados Unidos y México están en medio de dos plagas que azotan sus sociedades: el abuso en el uso de las armas y las adicciones a drogas enervantes. Ambas producen decenas de miles de muertes al año en ambos lados de la frontera. Ambas crecen por intereses económicos y por la erosión en el respeto a valores fundamentales de la sociedad.

Durante décadas en ambos lados de la frontera la respuesta fácil fue echar la responsabilidad a otros. El tema de las armas siempre ha corrido en una línea política conservadora en Estados Unidos en donde se ha pretendido aplicar el principio de la ley y el orden con la fuerza policial.

Las drogas han sido un tema comunitario asociado a la aplicación de la ley local. Ahora hay una crisis por el abuso de opioides como el fentanilo y el debate sobre el control de la venta de armas se ha recrudecido a partir de los asesinatos en masa en las escuelas. México ha sido un territorio fértil para el tráfico ilegal de armas.

El control ha sido un objetivo más que una realidad. Ante la libertad de compra en Estados Unidos y la porosidad de la frontera el resultado ha sido un torrente de armas y municiones dirigidas a los grupos criminales.

Las drogas se han convertido en las últimas décadas en un problema grave por el creciente consumo entre la juventud mexicana. Las adicciones son cada vez más frecuentes y más graves. En ambos lados de la frontera hay un comercio de armas intenso, allá legal, aquí ilegal; en ambos lados hay un comercio intenso de drogas ilegales. Ambos negocios están cada vez más entrelazados.

Los grupos responsables del tráfico se han convertido en un factor de poder creciente en México y corroen a las instituciones mediante el uso indiscriminado de recursos y violencia para infiltrarlas.

Mientras que del otro lado las bandas responsables son combatidas con criterios policiales locales que dejan enormes fisuras y permiten su funcionamiento en la distribución de drogas que producen muertes continuamente en prácticamente toda la geografía estadounidense.

En Estados Unidos al privilegiar el individualismo sobre el interés público se venden armas y drogas, aquí se venden por la debilidad institucional. La realidad es que el comercio ilegal de armas y drogas existe de los dos lados pero en condiciones distintas.

Eso crea una interdependencia porque los grupos ilegales aprovechan las fisuras que tales diferencias producen. Por eso la respuesta para una realidad compartida es compleja y sólo puede abordarse desde el principio de la cooperación. La idea de construir un muro es términos reales una estupidez, aunque en términos simbólicos tiene una utilidad en la demagogia política.

La crisis del uso indiscriminado de narcóticos opioides y la crisis de violencia en México tienen que ver con el suministro de armas a los grupos que trafican en ambos lados de la frontera. El control en el tráfico de armas es un tema crucial para resolver el comercio ilegal de drogas.

Los servicios de inteligencia lo saben desde hace mucho tiempo, por eso implementaron aquel fallido operativo Rápido y Furioso. Ha faltado voluntad política y recursos operativos para implementar medidas eficientes. El hecho es que hoy en ambos lados de la frontera hay más armas que nunca y que no hay control de su uso. Estados Unidos es la nación más armada del mundo y en México crece cada día el tráfico de armas.

Para la diplomacia mexicana este tema es fundamental. La colaboración resulta esencial para ambas partes, pero la dificultad está en el doble discurso: ellos proponen eficacia y control férreo aquí en el tráfico de armas, mientras allá la constitución permite un comercio inmenso tanto legal como ilegal. Se plantea luchar contra los traficantes, pero en los hechos se permite el aprovisionamiento de armas cada vez más sofisticadas, lo que produce una presión enorme para las autoridades mexicanas.

Sobre la mesa debe estar una estrategia eficiente para el control en el tráfico de armas que debilite la capacidad operativa de los grupos de traficantes. Esto es tan importante como el seguimiento de los recursos económicos, porque una parte de ellos están dirigidos a comparar armamento.

La abundancia de armas y de opioides está provocando miles de decesos allá, como la abundancia de armas y drogas aquí produce la misma estela de muerte. Controlar esta abundancia mediante la colaboración inteligente es el camino responsable de la diplomacia. Allá hay un viento letal, acá un huracán de violencia que hay que detener.

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