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Sábado, 21 de Julio 2018

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* Hermanos carnales

Por: Jaime García Elías

* Hermanos carnales

* Hermanos carnales

Guadalajara y Atlas, como si se hubieran puesto de acuerdo, fueron esta vez hermanos en la desgracia…

Ambos resolvieron sus compromisos de la segunda fecha del Torneo de Clausura con sendas derrotas, y con idéntico marcador. En uno y otro caso, además, los descalabros tuvieron un dejo de humillación: el de las “Chivas”, porque se registró en su propio feudo, en un partido en que habían sido claros dominadores y tradujeron ese dominio al marcador; el de los rojinegros porque, salvo los primeros minutos del segundo tiempo, quedó la sensación de que no fueron capaces de meter siquiera las manos ante un rival que, literalmente, les pasó por encima.

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Más allá de los vuelos desmedidos del incensario que algunos le dedicaron en los medios, es un poquitín exagerado que el primer tiempo del sábado ante el Cruz Azul hiciera recordar lo mejores partidos del Guadalajara campeón del Torneo de Clausura del año pasado.

Es cierto que tuvo a posesión de la pelota la mayor parte del tiempo. Sin embargo, es igualmente cierto que el suyo fue un dominio aparente, oropelesco… y estéril. Salvo el gol de Cisneros y un disparo de López, bien defendido por Corona, la falta de ideas o de recursos técnicos para penetrar la defensiva cementera obligó a pensar que no andaba tan perdido quien, filosofando a la escuálida sombra de un guamúchil, decidió que “No come más pinole el que tiene más pinole, sino el que tiene más saliva”.

En cuanto a los errores, individuales y colectivos, que virtualmente regalaron los goles al Cruz Azul -independientemente de los que Fierro, Mora y el “Gullit” malograron, para que pareciera ajustado un marcador que pudo haber sido escandaloso-, fueron del género de los escandalosos y de la especie de los imperdonables.

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Los “Pumas”, ayer, no dejaron títere con bonete. Del Atlas, esta vez, nadie se salvó de la quema. O, si acaso, por el gol de tiro libre que por un segundo encendió entre los más furibundos seguidores de la causa rojinegra, la esperanza de una reacción de último minuto, “a lo Atlas”, Morrison. Del resto, desde Toselli, en el marco, hasta Caraglio, en el frente de ataque, todos parecían estar atrapados en una pesadilla interminable. Todos parecían fantasmas asustados de sí mismos al verse en el espejo. Todos fueron protagonistas de un naufragio…

En una palabra: fue patético.

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