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Martes, 23 de Octubre 2018

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* El sorteo

Por: Jaime García Elías

* El sorteo

* El sorteo

Un sorteo, por definición, es ingobernable. Depende del azar. No hay manera de torcerle el brazo al destino para que acomode las cosas a la medida de la voluntad o de la conveniencia del solicitante. No hay influencia que valga para que los resultados se sirvan “a la carta”.

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Puesto que el sorteo de los grupos para el Mundial del año próximo, a celebrarse mañana en Moscú, es el tema obligado, quizá vengan al caso dos capítulos de episodios similares…

Uno se remonta al Mundial de 1970 en México. Al sumarse al consenso de que el azar los había colocado en el Grupo de la Muerte —como se denomina al que obliga a varias potencias a destrozarse mutuamente desde la primera ronda—, que tendría por sede a Guadalajara, al lado de Inglaterra, Checoslovaquia y Rumania, un dirigente del futbol brasileño aventuró el pronóstico: “Si salimos vivos de Guadalajara, seremos campeones mundiales”. (Pocos terrícolas ignorarán que ese vaticinio se cumplió al pie de la letra).

El otro corresponde al sorteo para el Mundial de 1978 en Argentina. Ya con los nombres de los rivales (Alemania, Polonia y Túnez) en la mano, José Antonio Roca, a la sazón técnico nacional, hizo declaraciones en el sentido de que los jugadores del Tri seguramente se estarían relamiendo los bigotes, convencidos de que el azar les había sido especialmente propicio, y que la clasificación a la siguiente ronda era más que factible. (La historia consigna que los tres partidos se perdieron claramente… y que México fue la gran decepción de ese Mundial).

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Se comprende, desde esa perspectiva, la posición de Juan Carlos Osorio con respecto a lo que pueda suceder mañana en Moscú…

En el entendido de que necesariamente México tendrá que enfrentarse tanto a uno de los “grandes” —recuérdese que se trata de un sorteo dirigido y que en la siembra previa se intenta evitar que varias potencias coincidan en el mismo grupo— como a alguno de los inevitables “finalistas geográficos” (club del que México fue miembro de número hasta que en los dos mundiales de que fue sede, en 1970 y 1986, comenzó a coleccionar resultados decorosos), obliga dar por sentado que la empresa será difícil —un Mundial no es un paseo—, y descartar las actitudes triunfalistas, la suficiencia y el exceso de confianza, que tantos desencantos han ocasionado en el pasado.

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