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Domingo, 21 de Julio 2019
Ideas |

* “¡Árbitro ratero…!”

Por: Jaime García Elías

* “¡Árbitro ratero…!”

* “¡Árbitro ratero…!”

Resultan comprensibles las reacciones de los accionistas del antiguo Club Guadalajara a raíz del “palo” -como se dice en la jerigonza jurídica- de la Suprema Corte de Justicia, que convalidó los acuerdos de asamblea de octubre de 2002, la venta de las acciones de la mayoría de los socios a Jorge Vergara, la transformación de la original A. C. (Asociación Civil) en S. A. (Sociedad Anónima), y, en principio al menos, las negociaciones que derivaron en la venta de los terrenos del Club Deportivo y su transformación en el complejo comercial y habitacional en plena construcción, así como los manejos, contratos y convenios que la nueva empresa (la S. A.) ha realizado en el curso de los siguientes años…

Resultan comprensibles… pero, mientras no se demuestre lo contrario, carecen de razón.

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Es -permítase la analogía- como cuando los entrenadores, jugadores, dirigentes y simpatizantes de un equipo, frustrados, dolidos ante el resultado adverso de un partido, despotrican contra el árbitro, lo increpan desde la tribuna con el epíteto de “ratero” y prodigan declaraciones sarcásticas o decididamente ofensivas y hasta injuriosas en su contra.

Es parte de la condición humana. A nadie le gusta perder. Pocos saben tener, a la hora de la derrota, ecuanimidad para aceptar la superioridad del adversario... y grandeza para reconocérselo con un gesto de gallardía.

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En el caso, los desahogos de los socios disidentes, sugiriendo que la resolución de la Corte fue errática o estuvo viciada “al no defender la Constitución” -a su conveniencia y desde su particular perspectiva- y al pronunciarse en contra de sus intereses, a despecho de la convicción de los demandantes de tener “la razón jurídica”, reflejan su posición: una posición diferente y aun antagónica con respecto a la de los accionistas que vendieron sus certificados de aportación y a la de quienes las adquirieron.

Precisamente porque dos planteamientos antagónicos son incompatibles, la civilización se ha dado mecanismos que permiten escuchar los planteamientos, ponderar los argumentos y dar la razón a quien objetivamente la tenga. En eso consiste el proceso que parece haber llegado a su punto culminante… sin perjuicio de que aún hubiera alguna instancia adicional a la cual recurrir.

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En lo que eso sucede -si es que sucede-, viene al caso una frase que los clásicos utilizaban en casos similares: “Dios le dé paciencia al que gana… para aguantar al que pierde”.
 

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