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Martes, 17 de Julio 2018

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* Antípodas

Por: Jaime García Elías

* Antípodas

* Antípodas

Quién lo hubiera dicho: que cuando Guadalajara y América se vean las caras, el próximo sábado, en el Clásico que seguramente será la nota dominante en el curso de la semana, lo harían en las antípodas del tabulador: uno en la cúspide; otro casi en el fondo del abismo.

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Uno de los tantos tópicos de que el futbol está plagado sostiene que “en un Clásico no hay favorito”…

En esos partidos, supuestamente, se equilibran las fuerzas entre los contendientes, merced a un ingrediente misterioso e indefinible. Para sustentar la hipótesis, se apela a la historia. Y en todos los casos, en episodios en que han participado equipos cuya rivalidad se ha vuelto paradigmática (Boca y River en Buenos Aires, Flamengo y Fluminense en Río de Janeiro, Sao Paulo y Corinthians en Sao Paulo, Peñarol y Nacional en Montevideo, Barcelona y Real Madrid en España, los mismos América y Guadalajara en México…), se encuentran, indefectiblemente, capítulos en que se reeditan, en versión futbolística, la vieja fabulilla de La Tortuga y la Liebre… o el duelo bíblico de David y Goliath.

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En el Guadalajara-América del próximo sábado (que será precedido, a media semana, por los partidos Guadalajara-Cibao y América-Saprissa, de la Copa de Campeones de la Concacaf, y en los que se da por descontado que los dos equipos mexicanos saldrán con banderas al aire), independientemente de su ubicación en el tabulador, el duelo enfrentará a dos escuelas: los capitalinos, como ejemplo del afán de casi todos los equipos por rivalizar en la lucha por el título merced a la presencia abrumadoramente mayoritaria de jugadores extranjeros de primer nivel en su alineación; los tapatíos, por su fidelidad a la que ha sido, casi seguramente, la clave de su popularidad avasalladora: su filosofía de incluir exclusivamente a jugadores mexicanos.

En los tiempos heroicos del “Campeonísimo”, la regla era que sus jugadores surgieran de la propia cantera rojiblanca; en sus mejores campañas, después de aquella era —incluida su coronación más reciente, en el anterior Torneo de Clausura—, sus triunfos y sus títulos dependieron del talento y el esfuerzo de cada vez más jugadores adquiridos de otros clubes.

En el presente, aunque el Guadalajara es casi una selección nacional (Cota, Pereira, Salcido, Alanís, Pineda, Pizarro, Pulido, Brizuela…), los resultados lo tienen rezagado en un peldaño del escalafón a todas luces indigno de su historial y sus diplomas.

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