Miércoles, 12 de Agosto 2020
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- Insultos

Por: Jaime García Elías

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Grosera (y, peor aún, trágica) paradoja: casi a la misma hora en que en el grandilocuente y teatral baño de pureza conmemorativo de la “histórica” jornada que le dio la victoria electoral que dos veces antes le había sido esquiva, se aludía, en una interpretación optimista -por no decir triunfalista- de la realidad, a la “mejoría” de los datos relacionados con la seguridad en el país, en Irapuato se registraba la matanza de 24 jóvenes (más siete heridos, dos de ellos graves) en una casa habilitada como centro de rehabilitación para drogadictos. Una masacre que se suma a las precedentes, también recientes, en Oaxaca, Sinaloa, Tamaulipas, Jalisco, Michoacán, Nayarit, etc.

¡Ah, la maldita realidad, que se empecina en desmentir las cuentas alegres del discurso oficial…!

-II-

En la arenga (homilía, sermón o lo que haya sido) conmemorativa de la efeméride, un elemento relativamente novedoso -en medio de las reiterativas alabanzas en boca propia, de culpar de las ineficiencias propias a la corrupción y demás vicios ajenos; de la nula disposición para la autocrítica, etc.- fue la queja de que “nunca, en más de un siglo, se había insultado tanto (en México) a un Presidente de la República”…

Valga, al respecto, una acotación: es frecuente que en los medios de comunicación, se tilde al actual de necio, ignorante, rijoso, resentido, demagogo, mentiroso, lenguaraz, etc. Esos, en todo caso, son adjetivos, utilizados a tenor de y en consonancia con los elementos de crítica que suelen acompañarlos. Son opiniones, pues…

Los insultos, ofensas o injurias, con que quien los emite pretende lastimar al destinatario, de ordinario carecen de argumentos que les den sustento racional. Para ellos aplica, por una parte, el criterio de que retratan con más fidelidad, como un majadero, a quien los lanza que a quien se destinan; por la otra, son, bien visto, la respuesta natural a quien descalifica y ofende sistemáticamente a sus críticos, tildándolos de “fifís”, “conservadores”, “neoliberales”, etc., e incluso de “adversarios” sin que necesariamente, en sentido estricto, lo sean; son, también, la reacción lógica de quienes reprueban la benevolencia con que el gobernante evalúa su desempeño, al asignarle exclusivamente cualidades y virtudes (“trabajo, perseverancia, honestidad, justicia…”), y, por contraste, su cerrazón ante la crítica y su incapacidad para la autocrítica.

-III-

Colofón: Bossuet (orador sagrado y escritor francés), hace tres siglos, escribió -por si a alguien le queda el saco…- que “Las virtudes que se ostentan, son vanas y falsas”.

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