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Lunes, 19 de Noviembre 2018

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- Grafiti

Por: Jaime García Elías

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La noticia: aún no lo inauguran, y uno de los trenes de la Línea 3 del Tren Eléctrico Urbano de Guadalajara ya fue vandalizado por los grafiteros.
Entre las reacciones, las hay de cuatro tipos: el comentario, subrayado por una sonrisa socarrona, de que es, sin más, “una ocurrencia”; la reprobación de quienes la interpretan como una manifestación de barbarie y una falta de respeto a un bien en el que se ha invertido dinero del pueblo y que pertenece a toda la sociedad; la de quienes aplauden, porque ven en el grafiti una expresión cultural; finalmente, la de quienes reprochan el evidente descuido de los responsables de vigilar para impedir que un episodio de esa naturaleza se produjera; (“como lo ‘rayaron’ -señalan-, bien pudieron haberlo incendiado o dinamitado”).

-II-

Objetivamente, el grafiti es una expresión pretendidamente artística, creada por muralistas callejeros chicanos, realizada con pintura en aerosol

-¡ah, si Miguel Ángel la hubiera conocido antes de decorar la Capilla Sixtina con El Juicio Final…!-, utilizada por los migrantes para “marcar” y decorar su territorio; saltó la frontera, hizo escala en Tijuana, y, según los estudiosos del fenómeno “cultural”, echó hondas raíces en Guadalajara.

Como expresión pictórica, hay grafiti que, en lo estético, compiten ventajosamente con algunos murales a los que se ve con respeto y aun con veneración, por llevar la firma de “vacas sagradas”… aunque su calidad intrínseca sea notoriamente inferior al de algunas “pintas” callejeras.
Hay países en que el grafiti es motivo de estudios, congresos, festivales y exposiciones. El tag, una de sus variantes -la que, según las gráficas de la prensa, quedó plasmada en el tren vandalizado en Guadalajara-, de la que ha habido muestras en el metro de Nueva York, los puentes del Río Sena, en París, y ocasionalmente las columnas del Teatro Degollado y los pedestales de las estatuas de los jaliscienses (más o menos) esclarecidos, en Guadalajara, está catalogado como una expresión marginal, contestataria, clandestina, típica de los barrios proletarios -extendida, ya, por toda la ciudad-, propia de las pandillas.

-III-

Aunque los defensores del street art reclaman -y ocasionalmente consiguen- espacios públicos de cierta relevancia para los grafiteros (túneles o puentes vehiculares, por ejemplo), y aunque en nombre del “arte urbano” en Guadalajara se han perpetrado -y no de ahora- no pocas atrocidades mayúsculas, queda claro, volviendo al caso del tren “rayado”, que “una cosa es Juan Domínguez, y otra cosa es… otra cosa”.

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