Sábado, 01 de Octubre 2022

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- Fechoría

Por: Jaime García Elías

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Porque es inevitable que lo haga, ya que parece tema obligado para alguna de las homilías cotidianas que ha institucionalizado, la duda, en todo caso, es el sentido o el tono del comentario que le merezca al Presidente, en cuanto alguno de los espontáneos o acarreados a esos “ejercicios democráticos” la pongan a su consideración, la noticia de que la estatua en su honor, que tres días antes había develado el alcalde de Atlacomulco, en el Estado de México, amaneció derribada y decapitada junto a su pedestal el día primero del año.

-II-

La coyuntura parece propicia para llevar agua al molino de la próxima consulta sobre la Revocación de Mandato, reiterando su declaración de que “el pueblo pone y el pueblo quita”. Sin embargo, en el caso, ni lo primero ni lo segundo sería exacto...

La instalación de la estatua fue una decisión personal del ahora ex presidente municipal, Roberto Téllez, quien pagó de su peculio 50 mil pesos a artesanos de Tlalpujahua, Michoacán, por elaborarla, y la donó “al pueblo” como “un reconocimiento al Presidente de la República”, “para romper estigmas y paradigmas (?), y que la gente reconozca lo que se hizo”. En la develación de la estatua -un hecho público y notorio-, que igual puede interpretarse positivamente como un gesto de simpatía o negativamente como un acto de servilismo, hubo, seguramente, además de los consabidos discursos laudatorios a la figura del prócer “inmortalizado” en cantera rosa, varios amigos y valedores del patrocinador, y algunos representantes de los millones de simpatizantes que el homenajeado se precia de tener en todo el país.

La decisión de derribarla y arrancarle la cabeza como expresión de repudio de uno o varios ciudadanos, acaso inspirada por frustración, resentimiento, desencanto o simple fobia gratuita, es, hasta ahora, un misterio. Se ignoran tanto la identidad del autor (o autores) de la tropelía, como sus motivaciones.

-III-

Considerando que la gran mayoría de los delitos que se cometen en el país -y el daño en las cosas y la vandalización del mobiliario urbano son delitos- quedan impunes, aunque es posible que también para este suceso las “h.” autoridades hayan abierto la correspondiente “carpeta de investigación”, lo más probable es que tanto la autoría del atentado a la estatua y la evidente falta de respeto a quien pretendía representar, como los móviles de la fechoría, serán esclarecidos El Día del Juicio... pero ya en la tarde (...y si no llueve).

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